Alya no se ha creído ni una palabra sobre la supuesta enfermedad de Fikriye. Convencida de que estaba intentando darle lástima una vez más, le ha exigido que dejara de mentir. Al verla quedarse callada, no ha dudado en seguir presionándola. Después de todo lo que ha vivido por su culpa, ya no estaba dispuesta a callarse.
Lejos de negar lo ocurrido, Fikriye ha reconocido muchas de las decisiones que marcaron la infancia de su hija. Ha recordado los años en los que trabajó rodeada de hombres que Alya no soportaba ver entrar en casa y también ha admitido que acabó entregándola a Caroline para que tuviera una vida mejor. Sin embargo, ha insistido en que nunca le mintió.
Esas palabras solo han provocado más dolor en la doctora. Alya le ha dejado claro que la única persona a la que considera su madre es Caroline, la mujer que la cuidó, la protegió y le dio una oportunidad cuando más la necesitaba. Para ella, Fikriye perdió hace mucho tiempo el derecho a ocupar ese lugar.
Fikriye ha defendido que tomó aquella decisión porque no veía otra salida. Según ella, quedarse a su lado habría condenado a Alya a crecer en un entorno lleno de pobreza, miedo y personas peligrosas. También ha insistido en que gracias a Caroline pudo estudiar, construir una carrera y convertirse en la mujer que es hoy.
Pero Alya no ha querido escuchar más justificaciones. Durante años ha tenido que convivir con el sentimiento de haber sido abandonada y nada de lo que le dijera ahora iba a cambiar eso. Sin embargo, cuando parecía que ya no quedaba nada más por decir, Fikriye ha dicho: «Lo hice para que tu hijo hoy no te odie a ti también».
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