Suna ha entrado en la habitación de Seyran para devolverle el móvil que se había dejado olvidado en su cuarto. Al abrir la puerta, ha visto a Seyran y a Ferit besándose y compartiendo un momento de complicidad en la cama.
Verlos así la ha dejado destrozada. Se ha disculpado como ha podido y ha salido corriendo para su habitación, donde ha roto a llorar y a gritar, incapaz de controlar todo lo que siente.
Esme ha ido corriendo a ver qué le pasaba y ha intentado tranquilizarla. Sin embargo, cansada de sentirse invisible y de que todos los ojos se pongan siempre en Seyran, Suna le ha reprochado a su madre que nunca se haya preocupado por ella hasta hoy.
Gritándole, le ha pedido que la deje en paz y que actúen como si ella no existiera: «Harás como si Suna no existiera. Harás como si no hubiera pasado nada. Como siempre». Esme se ha quedado descolocada, sin entender el motivo de ese ataque ni el tremendo ataque de celos de su hija, que se muere por estar en el lugar de Seyran y quedarse con Ferit.
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