El curso político termina para el Partido Popular (PP) con los deberes de los pactos autonómicos casi cerrados por completo, a la espera de concretar lo que ocurrirá en Andalucía, donde el de momento presidente en funciones de la Junta, Juan Manuel Moreno, negocia con Vox como antes lo hicieron María Guardiola en Extremadura, Jorge Azcón en Aragón y Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León para garantizar su investidura. Los tres barones populares vuelven a presidir gabinetes regionales en coalición con la extrema derecha y con vicepresidentes de la misma, como ya ocurrió en 2023 después de las elecciones municipales y autonómicas celebradas en mayo de aquel año, antes de que Santiago Abascal rompiese un año después y de manera unilateral todos esos ejecutivos autonómicos por su discrepancia sobre el reparto de los menores inmigrantes llegados a Canarias, donde el PP forma parte del gobierno insular que preside el nacionalista Fernando Clavijo.
A ello se suma el paso, retórico pero importante, dado esta semana por el mismo Alberto Núñez Feijóo, que en su entrevista en El Hormiguero, el popular programa de Antena 3 Televisión, habló más a las claras que nunca de la posibilidad de extrapolar esa coalición autonómica con los de Abascal al Gobierno central después de las próximas elecciones, si el bloque de la derecha logra esta vez desalojar a Pedro Sánchez de la Moncloa. Toda una normalización de los pactos con la extrema derecha que en Génova asientan en varias patas argumentativas, más o menos explicitadas en público, y que allanan la coalición PP-Vox a nivel nacional.
La primera de esas justificaciones, que el único ‘cordón sanitario’ que a juicio de los conservadores se debería establecer en España es a Bildu, la coalición encabezada por Arnaldo Otegi, miembro de ETA en su día y líder histórico del que fue su brazo político antes del final de la banda terrorista, Batasuna. La segunda, expresada algo más sotto voce, que el discurso del miedo a Vox ya no sirve como arma electoral, porque según los populares quien da «miedo» es Sánchez, más aún, abundan, con el rosario de escándalos que le salpica actualmente. Y la tercera, en la que puso todo el énfasis Feijóo tanto en la citada entrevista en el canal de Atresmedia como en su rueda de prensa del pasado jueves en Bruselas, que el PP intentará un gobierno en solitario, como planteó Feijóo hace ahora un año en el congreso del partido celebrado en Madrid, pero que si los españoles deciden otra cosa en las urnas habrá que seguir sus designios.
«Perfiles más técnicos»
Pero además de todo ello, a Génova empiezan a llegar inputs más que satisfactorios de los primeros pasos de esos tres nuevos gobiernos, los de Guardiola, Azcón y Mañueco, en especial por lo que se refiere al papel de Vox. En Extremadura, Aragón y Castilla y León ejercen como vicepresidentes autonómicos tres de los de Abascal, Óscar Fernández, Alejandro Nolasco y Carlos Pollán, respectivamente, y además de que la sintonía sea buena, fuentes de los populares observan una clara mejoría con respecto a la experiencia anterior. Un periodo que apenas duró un año en la mayoría de comunidades, dos en el caso de Castilla y León, que fue la primera con un vicepresidente de Vox, en este caso Juan García-Gallardo, ahora fuera de la política y agrupado como militante en el colectivo de críticos con Abascal, donde destacan el ex ‘número dos’, Javier Ortega Smith, y el ex portavoz parlamentario, Iván Espinosa de los Monteros. «Ahora están eligiendo más perfiles técnicos que políticos, percibimos una mayor madurez, se les ve mucho más conscientes de lo que implica gobernar», comenta uno de los líderes autonómicos concernidos.
Entre los cargos designador por Vox hay, incluso, personas que han ejercido puestos idénticos o análogos en las mismas administraciones cuando estuvieron bajo mandato del PSOE, algo que también destacan positivamente en el PP. La relación entre los populares y el partido a su derecha, caracterizada siempre por múltiples dientes de sierra, parece cerrar el curso político mucho mejor de lo que transcurrió el otoño y el invierno, donde incluso se temió por los acuerdos en algunas de las comunidades citadas. Aunque las tensiones siguen ahí, sobre todo entre las dos direcciones nacionales, donde todo fluye peor, a la vista está, que a nivel autonómico.
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