La historia de Sebas Saiz no es la más común hoy en día. Hace siete años hizo las maletas rumbo a Japón con la intención de probar una experiencia diferente. Lo que no sabía entonces es que aquel viaje acabaría transformándose en una de las etapas más importantes de su vida, tanto dentro como fuera de la pista.
SPORT habla en exclusiva con Sebas Saiz / Sport.es
¿Cómo estás pasando estos días en España y cómo es vivir en Japón después de siete años?
Bien, recién llegado de Japón. Se agradece salir de la humedad y el calor; recomiendo ir, pero no en julio ni agosto. Te adaptas porque no hay otra. Lo más difícil es el idioma: aprender algo que no puedes leer ni escribir cuesta muchísimo. Tienen tres alfabetos y lo mezclan todo.
¿Japón ya te atraía?
Sí. Muchos dibujos de nuestra infancia eran japoneses; al llegar pensaba: “Todo esto es mi infancia”. Me gusta el sushi, aunque cuando pruebas sushi bueno de verdad cuesta bajar a uno normal. Echo muchísimo de menos la gastronomía española. En Japón hay restaurantes españoles, pero me he llevado decepciones y ya ni voy. Prefiero volver y comer bien aquí.
A nivel deportivo, ¿cómo llegas a Japón?
Terminé mi contrato con el Real Madrid. Había firmado cuatro años, dos cedido en Burgos y Tenerife. En teoría Felipe Reyes se retiraba y yo ocupaba esa plaza, pero no se retiró y me quedé sin espacio. Tras ver cómo funcionaban los contratos en la ACB y el trato al jugador, quería aspirar a más. Asia me atraía porque se cobraba bien y por vivir una cultura distinta. Con mi agente vimos China, Corea y Japón, y elegí Japón.
«Asia me atraía porque se cobraba bien y por vivir una cultura distinta»
Japón es una liga competitiva en Asia. ¿Qué nivel tiene?
Hay que compararlo con cosas realistas. No puedes comparar un equipo japonés con un equipo de la ACB, donde los 12 jugadores pueden ser extranjeros o jugadores de muchísimo nivel. Allí los equipos están formados por nueve jugadores nacionales y tres extranjeros. Entonces, si en España hiciésemos una liga con equipos de nueve jugadores nacionales y tres extranjeros, quizá se podría comparar mejor.
Además, en Europa puedes medir el nivel porque los equipos juegan Euroliga, EuroCup, Basketball Champions League… Allí, en Japón, prácticamente solo juegas dentro del país, así que todos los equipos son bastante parecidos.
Ahora ha empezado la East Asia Super League y hemos jugado contra equipos de Taiwán, Mongolia o Corea. Ahí puedes ver otros niveles, pero la estructura del equipo también suele ser parecida y por eso el nivel se iguala bastante.
Se habla mucho de jóvenes que se van a Estados Unidos. Tú también fuiste para allí. ¿Cómo lo ves?
Yo me fui gratis. Ahora hay chicos cobrando millones y me alegro por ellos. En la NCAA generábamos repercusión, vendíamos entradas y éramos buenos, pero no cobrábamos nada. Cuando se me acababa el ‘meal plan’ me iba a la cama con hambre. Ahora pueden ganar diez millones… es una bendición.
Yo fui para jugar cuatro años a un baloncesto más rápido y físico, mejorar, aprender inglés y volver con una carrera. Era fundamental para mi vida y mi futuro. Ahora pueden hacer lo mismo y acabar con millones. No hay manera de competir.
También dicen que allí es más fácil compaginar estudios y deporte.
Sí. Yo estaba en Estudiantes, con la residencia y el colegio al lado; era ideal, pero no es lo normal. Normalmente colegio y club están separados, y compaginarlo todo es muy difícil. Recomendaría ir a Estados Unidos a quien pueda, también en femenino y otros deportes. Allí está el mejor baloncesto, te dan universidad gratis en centros top, aprendes un idioma, creces y espabilas. No hay nada en España ni Europa que compita con eso.
«Yo me fui gratis. Ahora hay chicos cobrando millones y me alegro por ellos»
Has hablado mucho de adaptación. ¿Cómo te marcó salir de casa tan joven?
Salí con 15 años. Soy de Madrid, pero mis padres vivían en un pueblo de Ávila. Me fui a la residencia del Estudiantes, viví con chicos mayores y tuve que buscarme la vida. A los 18 me fui a Estados Unidos sin saber inglés; el primer día no sabía ni decir mi nombre. Vivía con cinco chicos de Bahamas, con un inglés cerradísimo; entendía tres palabras de cada diez. Te curte obligado. Eso me hizo como soy y me ayudó a irme a Japón sin problema. Llevo siete años allí, no hablo el idioma y me da igual: buscas soluciones y decides sabiendo qué te conviene.
Cuando llegaste a Japón ya estabas curtido. ¿Qué fue lo más difícil?
Vivir lejos de mi gente. Además me pilló el Covid. Yo llegué en 2019 y el país estuvo cerrado casi dos años y medio o tres. No podía entrar ni salir nadie. Esa fue la mayor dificultad…estar solo, resolver mis problemas y aguantar, fuese el día bueno o malo. Tenía 25 años.
Japón es duro. Muchos jugadores no aguantan. Somos nueve nacionales y tres extranjeros, y los tres extranjeros competimos por dos posiciones importantes. Vamos con el cuchillo entre los dientes. Si no te quito el puesto, me lo quita otro. Son 60 partidos y no hay margen para tomarse ninguno tranquilo.

SPORT entrevista a Sebas Saiz / Alvark Tokyo
Muchas veces a los deportistas se os ve solo como lo que aparece en la cámara, pero detrás hay esfuerzo y momentos difíciles. ¿Cómo te sobrepones? ¿Cuáles son tus motivaciones?
Es una buena pregunta. Desde que salí de casa con 15 años, uno de mis grandes objetivos ha sido ayudar a mi familia y conseguir que estén cómodos en España. Por situaciones familiares, había que salir adelante, y eso ha sido mi mayor motivación.
Me da igual estar bien o mal, o estar lejos. Sé que mi trabajo es dar el máximo para que mi gente esté bien. Que mi familia tenga un techo, comida, tranquilidad y que no tenga que preocuparse por alquileres o problemas económicos es lo que de verdad me empuja.
Si mi abuela quiere ir a República Dominicana, poder comprarle un vuelo. Si mi madre o mi padre necesitan algo, poder ayudarles. Eso es lo que me hace aguantar donde sea. Hasta que llegue el día en que diga “se acabó mi carrera”, esa mentalidad no va a cambiar.
¿Tu familia ha ido a verte a Japón?
Sí. Una vez se abrió el país después del Covid y levantaron las restricciones, sí que vinieron.
Por otro lado, tú eres dominicano por parte de tu madre, si no me equivoco. ¿Vas también a República Dominicana? ¿Tienes familia allí?
Sí, por parte de mi madre. De hecho, acabo de venir de allí. Llevaba diez años sin ir porque entre selecciones, veranos y entrenamientos nunca había tenido tiempo.
Este año terminamos a principios de mayo y pude aprovechar unos días libres. Mi madre y mi abuela estaban allí, así que fui a verlas. Fue un viaje muy bonito: estuve tranquilo con ellas, disfrutando en familia, y también vi a primos y familiares que llevaba años sin ver. Fuimos a Las Terrenas y la verdad es que fue muy especial.
«Desde que salí de casa con 15 años, uno de mis grandes objetivos ha sido ayudar a mi familia»
¿Hay cancheo, baloncesto de pueblo o de barrio?
Sí, y me sorprendió. Han mejorado mucho las estructuras. Antes no había ni aros y ahora están pintadas, cuidadas y con niños haciendo actividades. Es una ayuda social a través del deporte.
Has conocido muchas culturas. ¿Cuál te ha marcado más?
Creo que de todas se aprende algo. De Japón me ha impresionado mucho el respeto entre las personas: no te tratan mal, no te faltan al respeto ni te gritan por cualquier cosa.
De España aprendes a ser vivo, a adaptarte y a buscar siempre la manera de salir adelante con positividad, aunque las cosas no sean fáciles. Y en República Dominicana ves un nivel todavía mayor de superación: aunque la gente tenga muy poco, sigue adelante y se busca la vida.
Al final, de cada cultura vas cogiendo lo que necesitas para construir una personalidad capaz de enfrentarse a todo.
A nivel deportivo también te has enfrentado a muchos jugadores. ¿Cuál dirías que ha sido el que más te ha costado defender o el que más te impresionó?
En la universidad coincidí con jugadores como Karl-Anthony Towns, Devin Booker, Ben Simmons, De’Aaron Fox o Bam Adebayo. Lo de Adebayo fue increíble.
Recuerdo jugar contra él en marzo, cuando estaba en Kentucky. Era muy físico, reboteaba, hacía alley-oops y ya se veía que era una bestia, pero tampoco hacía mucho más. Unos meses después, en junio, coincidimos en Miami en un training camp con los Heat, y parecía otro jugador.
De repente subía la bola, tiraba de media distancia, jugaba uno contra uno y hasta tiraba de tres. Pensé: “¿Dónde han metido a este tío? ¿Con quién ha entrenado?”. La evolución en tan poco tiempo fue impresionante.
Hay muchos jugadores buenísimos, pero creo que los que más te cuestan son los que te pillan cuando tú todavía no estás preparado para ese nivel. Luego mejoras, creces y quizá te das cuenta de que no eran tan superiores, sino que te enfrentaste a ellos en un momento en el que tú estabas por debajo. Eso también es muy bonito del deporte.
También motivan mucho los rivales, ¿no?
Claro. Entreno cada verano no solo para mejorar, sino para ser mejor que el rival al que me voy a enfrentar. Si competimos por una plaza, me la voy a llevar yo porque estoy mejor preparado. Creo que los españoles competimos hasta el final. Cuando toca competir, sacamos el máximo. Eso lo he aprendido de la selección y de grandes jugadores con los que he compartido vestuario.
Claro, tu viviste la transición de la mejor España de la historia en la selección.
Sí. La primera vez que fui fue en el último Europeo de Navarro. Estaban Pau, Marc, Navarro, Ricky, Rudy, Llull, los Hernangómez… la élite con la que crecimos. En el Europeo que ganamos en 2022 solo quedaba Rudy. Tras perder contra Lituania, dijo: “Chavales, no os preocupéis, a estos se les puede ganar”. Si eso te lo dice Rudy, compites contra cualquiera. Esa es una gran cualidad española.

Sebas Saiz, en un entrenamiento con la selección española / SPORT.es
¿Sigues el baloncesto en España?
Sí, sobre todo a mis compañeros.
¿Cómo ves la final que viene?
El Barça es mejor físicamente y jugador por jugador. Valencia ha jugado un baloncesto espectacular y el Barça, si no la lía, debería ganar sus partidos. Sería una final potente. Me decanto por el Barça porque tengo compañeros allí y me gustaría ver a Brizuela levantar la copa, pero Valencia juega muy bien. Gane quien gane, será bueno para el baloncesto español.
Has jugado en muchas ligas. ¿La ACB es la segunda mejor del mundo?
Dentro de las ligas nacionales, sí. Por jugadores, extranjeros y entrenadores. Los entrenadores españoles son increíbles. Los pongas donde los pongas, acaban siendo grandes.
De cara a este próximo año cambias de equipo y de ciudad, de Tokio a Osaka. ¿Por qué?
Más que decisión mía, la liga implementa un ‘salary cap’. En Alvark Tokyo estuve cinco años; ahora los presupuestos bajan de 12 o 13 millones a unos seis y medio. Al reducirse a la mitad, los que cobrábamos más no podíamos quedarnos igual. Miramos equipos, ciudades e incluso países. Una idea era salir de Japón y volver a Europa, a Euroliga o un equipo top. Al final la mejor opción fue Osaka por dos temporadas: un equipo que crece y puede fichar buenos jugadores.

Sebas Saiz, en un partido con Alvark Tokyo / Alvark Tokyo
¿Hay fanatismo por el baloncesto en Japón? ¿Cómo son los fans y el formato?
Sí, mucho. Este año estrenamos pabellón en Tokio, casi 10.000 espectadores, y estuvo prácticamente lleno siempre. En 30 partidos en casa metimos unas 250.000 personas. Jugamos sábado, domingo y miércoles casi todas las semanas, con back-to-back contra el mismo equipo y a la misma hora. La gente va a los dos partidos. Te adaptas obligado: juegas, te olvidas y vuelves a jugar. Físicamente es duro, y además jugábamos competición internacional por Asia. Entiendo que ganan dinero y venden entradas, pero el calendario podría organizarse mejor.
En Japón el deporte rey es el béisbol ¿No?
Sí, sin duda. He ido a partidos en Japón y sigo la MLB. Ohtani allí es Jesucristo bajado a la Tierra, puesto en japonés y con un bate. Está en todo: potitos, ruedas de coche, aeropuertos… Es la persona más famosa de Japón. Le han dado 700 millones por diez años y pienso que tendría que haber nacido en República Dominicana y coger un bate; quizá habría sido como Big Papi.
Para terminar, ¿sigues teniendo el mismo sueño que cuando empezaste?
Dentro del baloncesto, mi sueño siempre fue ser el mejor jugador que pudiera ser y competir al nivel más alto posible. Ganar títulos siempre está en la cabeza, pero de pequeño el gran sueño es ser profesional en tu deporte. Luego llegas y entiendes que eso es solo el principio: has trabajado desde los 15 años, llegas con 22 o 23 y acabas de entrar por la puerta. Ahí toca mejorar, competir en equipos importantes, ganar títulos y entender que es un trabajo. Pero el sueño de niño era ser profesional y competir al máximo nivel. Gracias a la selección, a las ligas en las que he jugado y a todo lo que he mejorado, puedo decir que lo he conseguido.












