los peces gordos se llevan el negocio

En el fútbol de hoy en día es raro ver a un chaval que destaca allá por cadetes o juveniles y no tenga un representante encima. Personas que, por lo general, conocen al jugador desde adolescentes y se involucran con ellos hasta el punto de ser prácticamente un hermano mayor o un tutor legal. Si es necesario, les recogen del colegio, se encargan de sus revisiones médicas, les llevan al fisio y hasta hacen de chofer para llevarles a los partidos. En la sombra, la figura del representante se ha consolidado como un actor determinante en la toma de decisiones, la gestión de patrimonios y la planificación deportiva de los clubes. Un oficio complejo en el que viven pendientes del teléfono y también soportan su parte de de presión. «Hay negociaciones que cambian la vida al futbolista», son las palabras de uno de los representantes que asesora a un jugador de la plantilla blanca.

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