Los desorbitados precios de la vivienda se han convertido en un factor estructural de malestar juvenil. No solo dificulta la independencia residencial –la tasa de emancipación es del 14,5%, el peor dato desde que existen registros–, sino que también condiciona su estado anímico y emocional. El 42% de las personas de entre 25 y 34 años afectadas por la crisis habitacional perciben su salud mental como regular o mala.
Así lo asegura el informe ‘Habitar la incertidumbre: vivienda, juventud y malestar estructural’, publicado este martes por el Consejo de la Juventud de España (CJE), Fad Juventud y Oxfam Intermón. El análisis pone de relieve cómo la crisis habitacional y la precariedad laboral se asocian a una peor percepción de la salud mental entre la población joven y limitan sus proyectos de vida y expectativas de futuro.
El estudio confirma una idea que muchos profesionales de la psicología vienen señalando desde hace tiempo: el cortisol [la hormona del estrés] no sube solo, sube con el alquiler. Ese es, precisamente, el título del libro de la psicoterapeuta Sarah Belén Olarte, que asegura que muchos de los problemas que revelan los pacientes en las consultas se podrían resolver, o al menos mitigar, si su economía les permitiera llegar a fin de mes o disfrutaran de mejores condiciones laborales. “Es imposible negar que el poder adquisitivo influye directamente en la salud mental. Quienes dicen que el dinero no importa es porque nunca han tenido problemas económicos. La realidad es otra, el dinero importa porque te da acceso a las cosas que importan. Si no sé si podré pagar el alquiler de mi casa, ¿cómo no voy a tener ansiedad?”, comentaba en una reciente entrevista con este diario.
La incidencia de mala salud mental se duplica entre quienes destinan más del 50% de sus ingresos a la vivienda frente a quienes dedican menos del 30%
Sobreesfuerzo económico
El informe de Fad, Intermon y el CJE corrobora que el sobreesfuerzo económico que afrontan los jóvenes de 16 a 34 años para poder pagar la vivienda tiene un impacto directo en su bienestar. La incidencia de mala salud mental se duplica entre quienes destinan más del 50% de sus ingresos a la vivienda frente a quienes dedican menos del 30%, el umbral recomendado. La población joven dedica de forma sostenida entre el 40% y el 50% de sus ingresos a la vivienda. En hogares unipersonales jóvenes, el esfuerzo supera el 80% del salario.
El último Observatorio de Emancipación (2025) del CJE constata que alquilar una vivienda implica, de media, un gasto de 1.176 euros mensuales. Es decir, una persona joven asalariada tiene que dedicar el 98,7% de su sueldo al alquiler. “Compartir piso, una opción que ya no es una elección sino una necesidad, requiere el 33,6% de nuestro salario”, añade el Observatorio.
«No podemos responder con más psicólogas a un problema que tiene su raíz en alquileres que se comen nuestra capacidad de ahorro y en salarios que no alcanzan»
La juventud, asegura el CJE, no se juega solo una cuestión material en el hecho de poder acceder a una vivida digna, sino que les va la vida y la salud. “Las soluciones no pueden ser solo sanitarias, no podemos responder con más psicólogas a un problema que tiene su raíz en alquileres que se comen nuestra capacidad de ahorro, en salarios que no alcanzan y en una generación que ha normalizado la incertidumbre como forma de vida”, afirma Andrea González Henry, presidenta del CJE. “Necesitamos políticas de vivienda que hagan efectivo el derecho constitucional a la vivienda, mejoras en la protección social juvenil y, también, más y mejores recursos de salud mental. Pero todo a la vez», añade.
Entre las personas de 25 a 34 años, la mala salud mental aumentó del 7% al 19% para quienes tuvieron que renunciar a apoyo psicológico por falta de recursos en el último año
Círculo vicioso
La falta de recursos genera, efectivamente, un círculo vicioso: disponer de pocos medios se asocia a una peor salud mental, lo que dificulta pagar atención psicológica. Al no recibir asistencia, empeora la percepción del propio malestar emocional. Entre las personas de 25 a 34 años, la mala salud mental aumentó del 7% al 19% para quienes tuvieron que renunciar a apoyo psicológico por falta de recursos en el último año.
La sanidad pública, de media, tiene seis psicólogos clínicos por 100.000 habitantes, tres veces menos que la media europea. Esta falta de recursos empuja a muchas personas a recurrir a clínicas privadas o, directamente, a renunciar a la atención psicológica. Según el dosier de Fad, Intermon y el CJE, entre las personas de 25 a 34 años, la mala salud mental aumentó del 7% al 19% para quienes tuvieron que renunciar a apoyo psicológico por falta de recursos en el último año.
Una casa digna no son solo cuatro paredes. También marca decisiones vitales: con quién vives, qué intimidad puedes tener, o hasta qué punto puedes imaginar un proyecto de vida propio, en palabras de Julia García, coautora del informe y experta en desigualdades y juventud de Oxfam Intermón. “La crisis habitacional se ha convertido en un factor estructural de desigualdad que afecta a su salud mental, a sus relaciones y a sus expectativas de futuro”, añade.
Inestabilidad laboral
Los elevados precios de la vivienda no explican por sí solos el malestar juvenil, en el que también tiene mucho que ver la precariedad laboral. Según la EPA, el paro juvenil ha caído con fuerza en la última década: la tasa de desempleo de los jóvenes de 16 a 24 años ha pasado del 46% en el cuarto trimestre de 2015 al 23% en el mismo periodo de 2025. A pesar de esta mejora, la inestabilidad laboral también pesa sobre la salud psicológica de la población joven y reduce sus opciones de futuro. En el último año, el 63% de quienes se encuentran en situación de carencia material severa sufrió algún problema psicológico, frente al 52% de quienes no tienen privaciones. En el mismo sentido, quienes tienen dificultades para ahorrar declaran más síntomas de malestar psicológico.
La falta de recursos no solo limita las posibilidades materiales. También condiciona los vínculos, la vida social y la percepción de apoyo, algo fundamental para gozar de salud emocional y psicológica. Entre las personas jóvenes con carencia material severa, casi el cuatro de cada diez afirman sentir soledad no deseada con frecuencia. El porcentaje baja hasta casi dos de cada diez entre quienes no afrontan dificultades económicas ni materiales.
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