Concordia, paz y humanidad

Más allá de su carácter apostólico y evangélico, el viaje del papa León XIV a España ha tenido una mayor dimensión social, e incluso política, que los de sus antecesores, Juan Pablo II y Benedicto XVI, cuando visitaron España. Ante las Cortes Generales, León XIV defendió tres mensajes de inequívoco contenido público. Advirtió de los riesgos de la polarización, en uno de los países más polarizados de Europa; recordó las posiciones de la Iglesia en contra del aborto y la eutanasia, a sabiendas de que la sociedad española es una de las más seculares, y se pronunció en contra de las guerras y a favor de una resolución pacífica y multilateral de los conflictos internacionales, mientras la guerra seguía en Oriente Próximo y en Ucrania. «No podemos creer en Jesús y promover la guerra», añadió, durante la misa celebrada en la Sagrada Familia. En Cataluña, durante su visita a la prisión de Brians y a la parroquia de Sant Agustí, pidió respeto y humanidad para los desheredados. Y en Canarias, donde acudió para hacer visible el drama de la inmigración, advirtió a la sociedad y a los gobiernos europeos que «no se puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas». En un viaje cuyo principal objetivo era la renovación de la fe en una sociedad fuertemente secularizada, León XIV dejó un sutil mensaje de unidad desde la primera homilía que pronunció al llegar a Barcelona, dirigido a una comunidad de creyentes que ha padecido una década de profunda división durante el procés y encara otra en que debe renovar su modelo de integración de los recién llegados.

Fuente