El nombre de Las Palmas de Gran Canaria figura en el mapa internacional de las reparaciones navales gracias a la actividad que se desarrolla en el Puerto de Las Palmas, donde una de las empresas, Astilleros Canarios (Astican), se ha convertido en el principal operador privado de este sector en España y entrará a formar parte de grupo de entidades que reciben la Medalla de Oro de la ciudad.
Con esta distinción, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria reconoce la trayectora de Astican, su contribución al desarrollo industrial, su apuesta por la sostenibilidad y la innovación, y su compromiso con la formación y el empleo. Su presidente, Germán Suárez, asegura que la Medalla de Oro que recogerá el 23 de junio en el Auditorio Alfredo Kraus «es el mejor reconocimiento» que ha recibido la empresa hasta ahora.
Además de la importancia del galardón en sí, se suma la emoción del recuerdo y la añoraza de su padre. «Cuando me llamó la alcaldesa, Carolina Darias, fue muy emocionante porque ella tenía una relación muy buena con mi padre y sé que le apreciaba un montón».
Un momento dulce para Astican
Germán Suárez destaca que este reconocimiento de la ciudad llega, por otro lado, en un momento dulce para la empresa, «con mucha carga de trabajo y las instalaciones prácticamente llenas», al igual que el resto de astilleros de Europa y del mundo. «Los astilleros con buena reputación y calidad en términos generales, estamos con muy buena carga de trabajo, ya sea reparaciones o transformaciones navales como construcción naval, y estamos estamos haciendo muchas intervenciones para mejorar la sostenibilidad y la reducción de la huella de carbono de los barcos, ya sea para ayudar a la introducción de combustibles alternativos como los cambios de bulbo», agrega.
Imagen de los primeros años de historia de Astican en el Puerto de Las Palmas. / La Provincia
Desde su fundación en 1972 para cubrir las necesidades de reparación naval en un puerto en plena expansión hasta ahora, Astican ha pasado a convertirse en un grupo consolidado con presencia en Gran Canaria, Santander y Panamá, que en 2025 facturó más de 220 millones de euros, más de la mitad en el Puerto de Las Palmas, y prepara una ampliación y modernización de sus instalaciones con una inversión de más de 30 millones de euros.
Gran Canaria, motor del grupo
Gran parte de este éxito se debe a la decisión empresarial de especializarse en la reparación frente a la construcción naval, una actividad más sostenible y rentable, una especialización que ha puesto el foco del sector naval en el recinto de Las Palmas de Gran Canaria. Durante 2025, Astican desarrolló 120 proyectos en el Puerto de Las Palmas, de los que 80 fueron en seco —es decir, con el barco varado— y 40 a flote. Mientras, en Santander se realizaron 47 actuaciones, 27 en seco y 20 a flote, y en Panamá, 51, una de ellas en el agua. Estas cifras, junto al porcentaje de facturación, demuestran que la sede de Gran Canaria es el principal motor del grupo que realiza más operaciones que las otras dos juntas.
Más línea de atraque y capacidad operativa
El astillero se levanta sobre terrenos que fueron ganados al mar gracias a una costosa obra cuya mayor complicación fue compactar el suelo para garantizar que pudiera soportar el peso de grandes embarcaciones y la maquinaria. Ahora, el objetivo de esta ataranaza es incorporar 31.257,78 metros cuadrados más para ganar más línea de atraque y multiplicar su capacidad para atender la demanda de sus clientes. Para ello, construirá un nuevo muelle de 250 metros lineales en la parte noreste del astillero, donde hay ahora mismo una escollera, y sumará otros 61 metros al muelle actual, que alcanzará 496 metros.
Así ganará 6.226,25 metros cuadrados de superficie en tierra y 25.031,33 metros cuadrados de lámina de agua, y se quedará finalmente con 169.797,25 metros cuadrados en tierra firme y 41.324,24 sobre el mar, frente a los 163.571 y los 16.310,91 metros cuadrados actuales que ocupa desde 1973.
Energía fotovoltaica y reducción de emisiones
Por otro lado, Astilleros Canarios planea reconstruir los tejados y las cubiertas de sus instalaciones para la mejora energética, acústica y la iluminación interior, colocando 1.938 paneles fotovoltaicos en los techos con los que espera dejar de emitir 1.920 toneladas anuales de dióxido de carbono a la atmósfera, entre otras mejoras.
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