Un incendio puede iniciarse por la caída de un rayo, un accidente, una negligencia humana o incluso por la acción deliberada de un pirómano. Pero lo que convierte una chispa inicial en una catástrofe no es solo cómo empieza, sino las condiciones que encuentra a su alrededor. Sobre todo, las del suelo y la atmósfera. Según un análisis de atribución elaborado por World Weather Attribution, una de las principales plataformas internacionales dedicadas a estudiar cómo el cambio climático altera los fenómenos extremos, el calentamiento global provocado por la actividad humana ha multiplicado al menos por 20 la probabilidad de que el centro de España experimentara unas condiciones meteorológicas tan extremas como las que han alimentado los incendios registrados este verano. El estudio, publicado este viernes, afirma que, de no ser por el calentamiento global, el calor, la sequedad y la inflamabilidad de la vegetación de la zona de Ávila, Madrid y Toledo habrían sido menores. Y seguramente, también las condiciones que han permitido que estos incendios se convirtieran en algunos de los más extensos y devastadores de la historia de España.
El estudio advierte que las condiciones climáticas extremas que favorecen los grandes fuegos forestales en España podrían repetirse cada seis años si no se frena el cambio climático
El trabajo, liderado por un equipo internacional de científicos, se ha centrado en el análisis de las condiciones meteorológicas registradas durante los siete días con mayor riesgo de incendio en el centro peninsular. Según explican los especialistas detrás de este análisis, uno de los principales focos de la investigacion fue el conocido como Daily Severity Rating (DSR), un indicador que combina variables como la temperatura, la humedad del aire, la sequedad del combustible vegetal y el viento para estimar hasta qué punto un incendio puede resultar difícil de controlar una vez iniciado. Los resultados, afirman, apuntaron a una conclusión clara. Y es que la intensidad de los incendios de este verano en España es una consecuencia directa del cambio climático. De no ser por este fenómeno, aunque los fuegos hubieran brotado igual, es muy posible que las llamas no adquirieran ni la violencia ni la intensidad registrada en las últimas semanas.
Más riesgo a futuro
El estudio también afirma que estas condiciones climáticas que sirven de «combustible» para los grandes fuegos forestales en España ya no son un fenómeno excepcional sino que, de seguir así, es posible que vuelvan a repetirse. El análisis apunta a que estamos cada vez más expuestos a un patrón marcado por inviernos relativamente húmedos que favorecen el crecimiento de la vegetación, seguidos de primaveras secas y olas de calor tempranas que convierten esa biomasa en un enorme depósito de combustible. Cuando coinciden temperaturas extremas, baja humedad y rachas de viento, cualquier chispa tiene muchas más posibilidades de transformarse en un incendio de grandes dimensiones. Los modelos apuntan que, de seguir así, podríamos volver a tener condiciones de riesgo similares a las de este verano una vez cada seis años en zonas como el centro de España.
Debemos acelerar la aplicación de medidas de adaptación y prevención frente a los incendios, al tiempo que reforzamos la inversión en la capacidad de respuesta
El análisis también analiza el caso de Francia, donde en las últimas semanas se ha registado una devastadora oleada de incendios que ha calcinado más de 120.000 hectáreas en el suroeste del país. En ese caso, afirman los expertos, el estudio apunta a que el cambio climático provocado por la actividad humana ha duplicado la probabilidad de que se registren unas condiciones meteorológicas favorables para la propagación de grandes incendios forestales. En esta misma línea, un análisis realizado el año pasado tras los incendios de Portugal y España concluyó que el calentamiento global hizo 40 veces más probables y un 30% más intensas las condiciones que alimentaron las llamas. La ola de calor decretada durante los incendios del verano pasado fue 200 veces más probable debido al cambio climático y hasta 3 grados más cálida debido a las alteraciones de la atmósfera creadas tras siglos de emisiones de gases de efecto invernadero.
Lo que estamos viendo en Francia y España no es simplemente mala suerte. Es una señal clara del agravamiento de los efectos del calentamiento provocado por la actividad humana
«Lo que estamos viendo en Francia y España no es simplemente mala suerte. Es una señal clara del agravamiento de los efectos del calentamiento provocado por la actividad humana», afirma Clair Barnes, investigadora especializada en fenómenos meteorológicos extremos del Centre for Environmental Policy del Imperial College de Londres. En esta misma línea se pronuncia Simon Stiell, secretario ejecutivo de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, quien insiste en explicar que «el hecho de que la humanidad siga quemando cantidades colosales de carbón, petróleo y gas está calentando nuestro planeta, haciendo que estas condiciones sean cada vez más peligrosas y que estos megaincendios sean más mortíferos y destructivos». Para Friederike Otto, una de las investigadoras más prestigiosas en ciencias climáticas, ha llegado el momento de señalar los «culpables». «Estamos presenciando otro desastre impulsado por la misma causa: la quema de combustibles fósiles», sostiene.
La sucesión de riesgos climáticos que estamos viviendo este verano debe servir como llamada de atención ante los desafíos de adaptación que se avecinan y como impulso para adoptar una acción climática ambiciosa
La comunidad científica lanza así un nuevo llamamiento a la acción climática. «La sucesión de riesgos climáticos que estamos viviendo este verano debe servir como llamada de atención ante los desafíos de adaptación que se avecinan y como impulso para adoptar una acción climática ambiciosa«, afirma Augustin Colette, jefe de unidad del Instituto Nacional Francés para el Medio Ambiente Industrial y los Riesgos, tras la publicación de este análisis. «Debemos acelerar la aplicación de medidas de adaptación y prevención frente a los incendios, al tiempo que reforzamos la inversión en la capacidad de respuesta», insiste Julie Arrighi, directora de Programas del Centro Climático de la Cruz Roja.
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