A estas alturas nadie dudará del talento superdotado de Steven Spielberg como narrador de historias, máxime si se suma a los créditos del guion, como es el caso de El día de la revelación, David Koepp, con quien ya trabajó en varias ocasiones, entre ellas en La guerra de los mundos (2005). Lo que se suele obviar es el modo en que Spielberg no solo filma historias, sino también preguntas relevantes sobre la contemporaneidad.
Desde hace tiempo, el rey Midas del cine de entretenimiento parece más obsesionado con que esas preguntas lleguen al público sin demasiados filtros (y sí demasiadas explicaciones) que con apuntalar la verosimilitud y la emoción de la historia que está contando, es decir, en seguir siendo el mejor en aquello que siempre ha sido el mejor, a pesar de los excesos sentimentales.
Con El día de la revelación, su regreso a los mundos extraterrestres que siempre le han obsesionado –Encuentros en la Tercera Fase (1977); E. T. el extraterrestre (1982), IA (Inteligencia Artificial) (2001), La guerra de los mundos, Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (2008)–, el gran arquitecto del asombro popular se muestra especialmente interesado en revelar los pliegues de sus historias, esas grietas por donde se cuelan la memoria, la fe, la magia o el misterio.
Hay algo intensamente programático en el hecho, no explorado del todo, de que una de las protagonistas de esta nueva aventura alienígena, la joven Jane (Eve Hewson), tenga un pasado de novicia. Es como si el espectador, de entrada, también tuviera que armarse de fe y fantasía para que su asombro no se vea devorado por la arbitrariedad de determinadas soluciones narrativas.
Desde sus primeras imágenes –el punto de vista subjetivo de un luchador de wrestling sometido a una paliza… y aún nos preguntamos por qué–, la película parece dialogar con varios géneros y ambiciones, si bien el diálogo principal lo establece con la memorable (por muchos motivos) Encuentros en la Tercera Fase. No tanto como una secuela, pues no se trata de eso, sino como una continuación temática y espiritual, una suerte de relectura madura de las preguntas que formuló hace cincuenta años desde la fascinación infantil.
En su nuevo trabajo son todos adultos en un mundo de mentiras, conspiraciones y extrañas manifestaciones ultraterrenas, si bien, lejos de desbaratar la ficción, también el universo infantil tendrá su papel determinante en la resolución del drama. Si en 1977 el contacto con lo desconocido era una promesa luminosa, ahora se transforma en un asunto de fe y profetas, en incómodo cuestionamiento sobre la verdad, la confianza y la fragilidad de nuestras certezas.
Spielberg convierta la ansiedad contemporánea de no saber nada –rodeados de información, nos resulta sin embargo cada vez más difícil distinguir lo verdadero de lo falso– en el motor dramático de un relato que funciona como thriller conspirativo, reflexión metafísica y melodrama íntimo. Sigue siendo extraordinario el modo en que esa amplitud de registros se integra con naturalidad en una misma espiral dramática, bajo el molde de una película de huidas sucesivas (Atrápame si puedes en la memoria) en la que los malos (el FBI, liderados por un intenso Colin Firth) persiguen sin cesar a los buenos (una facción disidente del FBI, liderada por Colman Domingo).
Sin embargo, aquella “fantasía” en sus películas, que nos hizo creer no solo en los alienígenas sino en la “magia” del cine, brilla por su ausencia en este nuevo capítulo de su amplia filmografía dedicada a convencernos, una vez más, de que no estamos solos en el universo.
Es como si Spielberg tuviera más información que el resto de los humanos sobre la existencia de extraterrestres (el despliegue de archivos audiovisuales secretos se cuenta entre lo mejor y más hipnótico de la función) y ahora tuviera la convicción de que es el momento propicio para la humanidad, al borde de una tercera guerra mundial, de tomar conciencia de nuestra irrelevancia en el cosmos.
En este sentido, como queda claro en el tramo final del filme (no en vano, el más apreciable), la presencia extraterrestre es presentada con un aura de divinidad, como ya ocurría en Encuentros en la Tercera Fase, que tiene por misión traer la concordia entre humanos, naciones y enemigos declarados.
En el núcleo de todo ello, impulsados por entes superiores que no comprenden del todo, las presencias de la periodista Margaret (Emily Blunt) y del ciberexperto Daniel Kellner (Josh O’Connor), un sosias de Edward Snowden dispuesto a revelar los secretos gubernamentales enterrados durante casi un siglo, se ven sometidas a una persecución sin descanso para impedir que la verdad sea revelada por sus profetas.

Colin Firth, en ‘El día de la revelación’
¿Estamos preparados para conocer toda la verdad? «La humanidad no podría digerirla», dice el antagonista, que se mimetiza con la tecnología alienígena (investigada y puesta a prueba por el gobierno) en su cruzada por impedirlo. ¿Existe siquiera algo parecido a una verdad? La película avanza sobre estas cuestiones con una mezcla de convicción y prudencia que evita tanto el cinismo como la ingenuidad, y es que al contrario de lo que pueda parecer, el cine de Spielberg puede ser tierno y almibarado, pero nunca ha sido precisamente ingenuo o inocente.
Si el sempiterno reproche a Spielberg en lo que respecta a su pulsión por el sentimentalismo no es la peor de las bazas que enturbian esta nueva superproducción, sí lo es en este caso su exceso de fantasía para resolver cualquier situación imposible. La telepatía (siempre presente en sus visitas alienígenas), la telequinesis, la zoocomunicación y la teletransportación son recursos demasiado cercanos al efecto deus ex machina, y sus aplicaciones en la trama terminan por desacreditar la imaginación de los guionistas. Acaso desde un tono más irónico, como el que adoptaba Proyecto Salvación en su vuelta de tuerca spielbergiana, hubiera encajado mejor en la propuesta.
Puede que El día de la revelación nos dé más motivos para cuestionar nuestra fe en el asombro cinemático de Spielberg, pero es una película, en todo caso, que nos habla de nuestro tiempo y sus incertezas, más cerca de una reflexión sobre la necesidad humana de encontrar significado que de la espectacularidad (visual y emocional) a la que nos tiene acostumbrados frente a la pantalla.
El día de la revelación
Dirección: Steven Spielberg. Guion: David Koepp, Steven Spielberg. Intérpretes: Emily Blunt, Josh O’Connor, Colin Firth, Eve Hewson, Colman Domingo, Wyatt Russell. Año: 2026. Estreno: 12 de junio













