El actor malagueño Antonio Banderas ha ofrecido una emotiva e íntima reflexión sobre sus orígenes y su relación con la fe durante el encuentro de la sociedad civil ‘Tejer Redes‘, celebrado en el Movistar Arena de Madrid y presidido por el Papa León XIV. En un discurso centrado en el vínculo histórico entre el arte y la religión, Banderas ha dejado a un lado los datos y las figuras históricas para compartir su propia experiencia, un viaje personal que comenzó en su más tierna infancia, en el corazón de la Semana Santa de su querida Málaga.
Banderas ha comenzado su intervención agradeciendo la presencia del Santo Padre en Madrid, un gesto que ha calificado de «escucha, de cercanía, de diálogo con la sociedad civil». Ha señalado que el lenguaje común para reforzar ese diálogo ha sido, a lo largo de la historia, el arte. En este sentido, ha afirmado que «la relación entre la Iglesia Católica y el arte no ha sido solo fructífera, ha sido determinante». Tanto es así, que no ha dudado en aseverar que «la iglesia ha sido el mayor productor de arte de la historia de la humanidad», con Jesucristo como la figura más representada y «el gran protagonista de la película de la vida».
El intérprete ha explicado que, aunque podría haber enumerado a los grandes artistas que engrandecieron el mensaje de Jesús o los datos que ilustran el camino recorrido entre la Iglesia y los creadores, sentía la «obligación a ofrecer una pequeña reflexión en voz alta sobre mi propia experiencia». Un testimonio que, para ser contado, le ha obligado a retroceder en el tiempo hasta su niñez.
El origen de una pregunta: ‘Dios’
El actor ha transportado a los asistentes a las celebraciones de la Semana Santa de Málaga durante los años 60 del siglo pasado. Ha descrito aquellas «manifestaciones populares que toman las calles desarrollando un ritual majestuoso de arte y fe, de cultura y devoción». Fue precisamente en ese contexto, en medio de un arte popular y anónimo, cuando en su interior nació una pregunta fundamental. «Fue ahí, Santo Padre, en ese marco de arte popular anónimo, cuando con tan solo 4 o 5 años de edad nació en mí una pregunta que solo contenía una palabra: dios», ha confesado.
A partir de ese momento, ha relatado Banderas, comenzó a encontrar respuestas. Algunas de ellas eran tan sencillas como la que descubrió «en los ojos de mi madre, mientras esta le clavaba su mirada y su corazón devoto a la virgen de la esperanza que pasaba en su trono frente a nosotros». Otras respuestas llegaron a través de la emoción pura, como «la voz que rompía el aire claro de primavera de los cantaores y cantaoras de saetas».
También ha encontrado el eco de esa pregunta entre «la gente humilde y buena de mi ciudad, que cada año salían y salen a la calle con su barrio a cuestas, portando sus imágenes que les ayudan a buscarse a sí mismos mientras buscan a dios». Ha descrito un proceso de trascendencia colectiva, un camino que va del individuo a la comunidad y de ahí a lo universal: «Lo hacen dejando tras ellos el yo para agarrarse a nosotros, y del nosotros pasan al ellos, y del ellos al todos, y del todos al mundo, y del mundo al universo, y del universo a dios». Un viaje de ida y vuelta que concluye al comprender que «dios puede estar en cada partícula, en cada molécula de cada gota de agua, de cada mar, de cada pétalo de rosa, de cada pálpito, de cada suspiro».
Papa León XIV
El arte como motor de cambio
En la segunda parte de su discurso, Antonio Banderas ha profundizado en su concepción del arte más allá de lo estético. «Pero el arte no es solo belleza, el arte es pregunta, es reflexión, es contraste, es revolución, es tensión entre lo que sabemos y lo que intuimos», ha argumentado. Para el actor, el arte tiene una función social y crítica ineludible. Debe ser «el espejo que refleja vidas que pasan de largo ante el prójimo herido» y «la denuncia de credos vacíos que olvidaron el amor».
El arte debe ser una alternativa a la violencia, todas las violencias»
Actor
En este sentido, ha defendido que el arte debe actuar como «voz de alerta para sociedades que se acostumbraron a la injusticia» y ha proclamado que «el arte debe ser una alternativa a la violencia, todas las violencias». Ha instado a los artistas a seguir el ejemplo de Cristo, actuando con valentía y sin abandonar su papel como «instancia crítica a la sociedad, al propio arte y a la propia religión». Banderas ha subrayado una obligación compartida: «Estamos obligados a mirar y a ver, y a tratar de entender las complejidades del alma humana».
El actor ha recordado que todos los seres humanos se enfrentan a las mismas preguntas existenciales: «quiénes somos, qué sentido tiene la vida y el dolor, qué significa amar de verdad al prójimo como a 1 mismo, qué hay más allá». En un mundo «que corre, que se fragmenta, que a veces se simplifica en exceso», el arte emerge como una herramienta para «recuperar la profundidad».
Una defensa del alma frente a la IA
Banderas también ha lanzado una advertencia sobre los peligros de la tecnología deshumanizada, defendiendo «el alma que está tratando de ser robada por inteligencias artificiales que deben estar al servicio del ser humano y no al revés». Es esa alma, ha continuado, la que «nos susurra que hay algo más, el constante susurro de la esperanza de ese algo más». Por ello, ha hecho un llamamiento a la acción: «Necesitamos seguir creando y compartiendo, seguir preguntando, seguir buscando belleza, sí, pero también verdad».
Para el malagueño, el acto de indagar en profundidad es el inicio de «un camino que nos puede conducir hacia lo espiritual». Y ese camino, ha concluido, no es más que «la fraternidad que late en el corazón de todo ser humano, así como en el misterioso corazón de dios». Antes de finalizar, ha querido recordar una célebre cita de San Agustín: «Decís vosotros que los tiempos son malos, sed vosotros mejores y los tiempos serán mejores. Vosotros sois el tiempo».
Decís vosotros que los tiempos son malos, sed vosotros mejores y los tiempos serán mejores»
Finalmente, Antonio Banderas ha revelado el motivo de su presencia, ligada a su trabajo en el musical ‘Godspell’, que significa «el hechizo de dios». Con total sinceridad, ha cerrado su intervención con una confesión personal ante el Papa León XIV: «Yo hoy estoy aquí, santo padre, confesando haber sido víctima del hechizo de dios».













