Un frigorífico antiguo, a los precios actuales, nos puede estar costando 100 euros al año en electricidad; gastas más en eso que lo que cuesta comprar uno nuevo

A partir del próximo 1 de junio, la factura de la luz y el gas volverá a encarecerse. Finaliza la rebaja al 10% del IVA que entró en vigor en marzo y, además, desaparece la rebaja del impuesto especial sobre la electricidad, que pasa del 0,5% al 5,1%. Este cambio provocará que una factura media de 70 euros supere los 80. En este contexto, el ingeniero industrial y experto en energía, Jorge Morales de Labra, explicó hace unos días en ‘Fin de Semana‘ con Cristina López Schlichting cuáles son los electrodomésticos que más consumen y cómo podemos reducir su impacto en el recibo.

El experto distinguió dos tipos de aparatos: los que consumen mucha potencia de forma puntual y los de bajo consumo que están enchufados todo el día. Entre los primeros se encuentran los secadores, las batidoras o el microondas. Para estos casos, la recomendación es clara: «no ponerlos todos a la vez».

Utilizar simultáneamente la lavadora, el lavavajillas y otros aparatos de alta potencia puede hacer que «salten los plomos«, es decir, que se dispare el interruptor controlador de potencia (ICP). Esto puede llevar a la necesidad de aumentar la potencia contratada, una decisión con un coste anual significativo. Según Morales de Labra, cada kilovatio que se aumenta supone «de orden de 50 euros al año«, aunque en algunas tarifas puede llegar a los 100 euros.

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Una mujer poniendo la lavadora

El rey del consumo: el frigorífico

En la categoría de aparatos de bajo consumo pero uso continuo, «el rey indiscutible es el frigorífico, sobre todo si es antiguo». El experto advirtió que una de estas neveras puede llegar a costar unos 100 euros al año solo en electricidad, un gasto que a menudo pasa desapercibido en los hogares.

Morales de Labra desaconsejó mantener el típico «frigorífico de la abuela» como segundo o tercer electrodoméstico, una práctica común en casas de pueblo. Según afirmó, no tiene «ningún sentido porque gasta más el frigorífico en electricidad que lo que cuesta comprar uno nuevo«, en caso de que realmente sea necesario. La eficiencia energética de los modelos actuales es muy superior a la de los de hace 15 años.

La principal recomendación del experto es clara: «Si tienen un frigorífico antiguo, cámbienlo«. Si no es posible, un ajuste en la temperatura puede suponer un ahorro. Morales de Labra señaló que no es necesario tenerlo a 3 grados, ya que «con 5 grados es suficiente» para conservar los alimentos de forma segura.

Imagen de recurso de una nevera antigua

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Imagen de recurso de una nevera antigua

El aire acondicionado y el termostato

Con la llegada del calor, el aire acondicionado se convierte en otro punto crítico de consumo, ya que combina una alta potencia con un uso prolongado. La clave para minimizar su impacto en la factura es el termostato. El ingeniero recomendó fijarlo en una temperatura estable de 23 grados cuando se está en la estancia.

Poner el aire a temperaturas muy bajas, como 18 grados, fue calificado por el experto como «una barbaridad». No solo es difícil que el aparato alcance esa temperatura, sino que puede ser perjudicial para la salud. Además, recordó que «por cada grado que bajemos de más, es un 7% más en la factura«. También insistió en la importancia de no «enfriar los muebles«, es decir, de apagar el aire al salir de una habitación, ya que es «tirar el dinero por la ventana».

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