Miles de estudiantes viven estos días una montaña rusa de emociones frente a la pantalla. La publicación de las notas de selectividad ha desatado la alegría en muchos hogares, pero también la decepción en aquellos que no han alcanzado la calificación que esperaban. Redes sociales como TikTok se han convertido en el escenario donde los jóvenes expresan con nervios, ilusión y, en ocasiones, con un profundo malestar, el resultado de meses de esfuerzo.
Cuando la realidad no cumple con las expectativas, emerge la frustración. Esta emoción, tan humana como incómoda, no aparece solo ante un examen, sino también en situaciones cotidianas como no recibir la respuesta a un mensaje, perder un trabajo o ver cómo una relación se rompe. Para analizar esta cuestión, el psiquiatra Javier Quintero ha intervenido en el espacio de salud mental del programa ‘La Tarde‘ de COPE.
Cuando la realidad no alcanza a mi expectativa»
Psiquiatra
El experto define la frustración como lo que ocurre «cuando la realidad no alcanza a mi expectativa». Según Quintero, no se trata de un hecho aislado, sino del «gradiente entre las dos». Explica que una misma nota, por ejemplo un 8, «para una persona puede ser una nota espléndida y para otro puede ser una nota decepcionante». Por tanto, la clave reside en el equilibrio y en cómo se gestiona la diferencia entre lo esperado y lo obtenido.
Javier Quintero
El cerebro y la amenaza de la frustración
Desde un punto de vista psicológico, la frustración es la interpretación que hace el cerebro cuando lo que sucede no encaja con lo que anticipaba. «Cuando mi cerebro espera una situación concreta y no llega a aparecer, mi cerebro solo puede ver, a veces, como una amenaza, como una pérdida, y de alguna forma va a generar una emoción», detalla el psiquiatra. Esta emoción, ya sea rabia, inquietud o parálisis, es un «lenguaje inmediato» para informarnos de que algo no va como debería.
Aceptar que la vida no siempre obedece a nuestros planes es un pilar fundamental del desarrollo personal. En palabras de Quintero, eso es precisamente madurar. «Madurar no es que la vida me salga bien, sino aceptar que la vida no siempre va a salir bien y que a veces tengo que ser capaz de manejar esa frustración de otra manera», ha afirmado durante su entrevista en COPE.
Cuando mi cerebro espera una situación concreta y no llega a aparecer, de alguna forma va a generar una emoción»
Psiquiatra

La cultura de la inmediatez y la sobreprotección
Vivimos en una época donde todo parece instantáneo: la comida a domicilio, las respuestas por mensajería o las series completas bajo demanda. Según el doctor, nos estamos acostumbrando a conseguir las cosas «demasiado rápido, y a veces incluso también demasiado fácil«. Esta cultura de la inmediatez reduce la capacidad de gestionar la paciencia y el tiempo, lo que nos vuelve emocionalmente más impacientes.
Quintero señala que el cerebro no siempre distingue la gravedad de la situación. «Mi cerebro no sabe qué es importante y qué no lo es, porque mi cerebro tiene el mismo prototipo de respuestas para las amenazas serias o para que no me respondan un WhatsApp», aclara. La reacción de base es la misma, aunque la intensidad varíe.
Mi cerebro no sabe qué es importante y qué no lo es»
Psiquiatra

Joven trabajando frente al ordenador
El psiquiatra también ha advertido sobre los mensajes de la «psicología naíf» del tipo «querer es poder», que califica de «mentira». Estos lemas pueden generar una expectativa irreal. «Si yo quiero jugar en un equipo de la NBA, y pues lo deseo mucho, lo puedo desear muchísimo, pero es una expectativa que está muy fuera de la realidad», ejemplifica, subrayando que el problema a veces no es la realidad, sino la propia expectativa.
En esta línea, la sobreprotección paternal también juega un papel crucial. Aunque proteger a los hijos es un instinto natural, evitarles cualquier disgusto les «sustrae la capacidad de gestionar y de tolerar esa frustración». Quintero argumenta que aprender a manejar la frustración es un proceso que empieza en la infancia, con pequeñas pérdidas, y que si un adulto siempre «rescata» al niño, este no desarrollará las herramientas para afrontar decepciones mayores en el futuro, como una ruptura sentimental.
Aprender a gestionar la frustración
La buena noticia es que la tolerancia a la frustración se puede entrenar. El primer paso es entenderla como una señal del cerebro. A partir de ahí, Quintero recomienda varias estrategias: ajustar las expectativas, diferenciar entre deseo y derecho, y aprender a gestionar el tiempo. «Aceptar que hay muchas cosas que van a estar fuera de nuestro control es algo que tenemos que ir aprendiendo a lo largo de nuestra vida, y eso se llama madurar«, insiste.
Para quienes afrontan una decepción, como una nota de la EBAU inferior a la esperada, el psiquiatra ofrece un consejo claro: no tomar decisiones en caliente. Citando a Ramón y Cajal, recuerda que «en tiempos de tormenta, lo mejor es no hacer mudanza». Recomienda buscar un «plan B» o un camino alternativo y, sobre todo, hablarlo y analizar la experiencia para salir fortalecido. Como hace el GPS, a veces solo hay que recalcular la ruta para seguir adelante.












