Clásicos modernos

Publio Elio Adriano fue emperador de Roma desde el año 117 al 138. De una familia romana afincada en Hispania, nace en Itálica (Sevilla), el 24 de enero del año 76. Fue adoptado por el emperador Trajano para sucederlo a su muerte.

Frente al expansionismo bélico de su antecesor, Adriano establece relaciones con pueblos fronterizos para obtener la paz, viaja mucho por las provincias, se ocupa de legislar y de mejorar el papel de los funcionarios y, enamorado de Grecia y de su cultura, fue un gran constructor y restaurador de obras artísticas, además de fundar diversas ciudades. También se preocupó de mejorar y humanizar la situación de los esclavos, de los prisioneros, de los soldados… Fue más tolerante que otros con el cristianismo, que no comprendía, pero muy duro con los judíos, pues arrasó Jerusalén. Antes de fallecer, propuso como sucesor a Antonino Pío, al que convenció para que nombrara a su vez a Marco Aurelio para sucederlo. Adriano fallece cerca de Nápoles el 10 de julio de 138. Ha sido uno de los emperadores romanos más cultos.

Marguerite Yourcenar se documentó a fondo para escribir la novela, cuya redacción interrumpió en numerosas ocasiones a partir de 1924. Sin embargo, no se dedicó a fondo a reelaborarla hasta que, en 1948, dio con el tono adecuado en forma de memorias de Adriano para el joven Marco Aurelio, cuando aquel ve cercana la muerte.

La escritora nos ofrece un alarde de precisión psicológica, de retrato del emperador y su entorno, que tiene ciertas concomitancias con el actual. Aunque se toma algunas licencias, que señala en las notas finales, lo que cuenta es fiel a la historia.

En la vida de Adriano, con una conducta entre estoica y epicúrea, hay luces y sombras, como la trágica y oscura relación con Antínoo, joven de Bitina. Por esto, la lectura de la novela también permite darse cuenta de algo que faltaba aún o que era solo incipiente: la gran aportación del cristianismo y su huella en las ideas, las costumbres, la cultura de nuestra civilización, en contraste con el paganismo reinante entonces, con contradicciones, abusos, supersticiones… La versión que conozco está traducida por Julio Cortázar.

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