El ébola es un mal conocido en la República Democrática del Congo (RDC). Desde el descubrimiento de la enfermedad en 1976, el país ha vivido 17 brotes, contando este último, cuyo impacto escala a 1.077 posibles casos y 246 muertes. Sin embargo, este virus no es la única amenaza para la población congoleña. La presencia de grupos armados, los recortes de ayuda internacional, el estigma social y la alta mortalidad provocada por otras enfermedades tropicales complica la prevención y el tratamiento del ébola.
El foco inicial del brote se detectó en la localidad minera de Mongbwalu, al noreste del país. Allí, la alta densidad de población, la concentración de trabajadores en las minas y el constante movimiento ligado al comercio crearon el escenario perfecto para que la variante Bundibugyo del ébola se propagara rápidamente. «Es una región altamente insegura con importantes movimientos de población a través de las fronteras con Sudán del Sur y Uganda, impulsados por el conflicto armado en curso, así como por actividades mineras y comerciales», explica a EL PERIÓDICO Esperanza Santos, coordinadora de emergencias de Médicos Sin Fronteras (MSF).
MSF ofrece formación a sanitarios del hospital de Goma. / MSF
El primer paciente, residente de Mongbwalu, acudió a un centro médico de Bunia, capital de la provincia de Ituri, con fiebre alta, diarrea y hemorragias, síntomas similares a otras enfermedades frecuentes en la región, por lo que el caso pasó desapercibido. Tras su muerte, el cuerpo fue trasladado de vuelta a Mongbwalu para celebrar un funeral tradicional, una ceremonia en la que familiares y allegados mantienen contacto directo con el cuerpo. «Una de las vías de transmisión es la manipulación de cadáveres de personas que han fallecido por la enfermedad, por eso es muy importante que se celebren entierros de manera controlada y segura», apunta Santos.
Incidentes en centros de salud
Sin embargo, parte de la población enfrenta este nuevo brote con desconfianza y se resiste a abandonar las tradiciones para seguir las medidas de prevención y aislamiento. El pasado jueves, allegados de un fallecido en el Hospital de Rwampara, en Ituri, prendieron fuego a dos tiendas de campaña utilizadas para el tratamiento de pacientes con ébola, según fuentes locales. La ONG Alianza para la Acción Médica Internacional, que opera en el centro, confirmó el incidente en un comunicado, aunque sin aportar más detalles.

Una tienda de aislamiento en el Hospital de Kyeshero en Goma. / MSF
En ese mismo hospital, construido por Médicos Sin Fronteras, 18 pacientes en tratamiento o bajo sospecha de ébola huyeron el pasado sábado tras un nuevo incidente en el que un grupo irrumpió en las zonas de aislamiento y volvió a incendiar las instalaciones. «La falta de información sobre la enfermedad, aislamiento, tratamiento y medidas de control de infección pueden ocasionar frustración que en algunos casos se torna en violencia contra los agentes encargados de la respuesta», explica Santos.
En medio de un conflicto armado
Desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) también insisten en la necesidad de la colaboración de la población, pero advierten de que resulta difícil generar confianza comunitaria en un contexto marcado por la violencia y los combates constantes. «El este de la República Democrática del Congo se enfrenta ahora a una catastrófica colisión de enfermedades y conflictos«, escribió en el miércoles el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, en sus redes sociales. «No podemos generar confianza en la comunidad ni aislar a los enfermos mientras caen bombas. Instamos a todas las partes en conflicto a que acuerden un alto el fuego inmediato para contener este brote«, añadió.
En el noreste del Congo, una zona rica en oro y coltán, decenas de grupos armados se disputan el control de los recursos. Aunque la mayoría son pequeños y desorganizados, otros, como el M23, han logrado hacerse con el control de parte del territorio y han establecido una administración paralela en las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur, donde se enfrentan al Ejército congoleño y a grupos que apoyan al Gobierno de Kinsasa. Los combates provocan desplazamientos internos y agravan una situación de pobreza crónica, inseguridad y déficit de infraestructuras.
«Responder a un gran brote de ébola es extremadamente difícil en un contexto marcado por una gran crisis humanitaria y conflictos armados. Todo ello dificulta la vigilancia, el rastreo de contactos y el tratamiento oportuno», comenta la coordinadora de MSF.
Recortes en ayuda internacional
Una de las principales diferencias de este brote respecto a los anteriores son los recortes en la ayuda internacional, no solo de los programas financiados por la agencia estadounidense USAID, desmantelada casi por completo por la administración de Trump, sino también de otros donantes, tanto estatales como fundaciones privadas.

Cooperantes de MSF reciben suministros de emergencia en el aeropuerto de Bunia. / MSF
«Casi todos los países occidentales han recortado fondos. Algunos de esos recursos se destinaban al análisis y tratamiento de muestras. La reducción de recursos ha tenido un impacto muy negativo en los países africanos para detectar, analizar y notificar brotes de enfermedades», subrayó el director general de los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades (Africa CDC), Jean Kaseya, en una rueda de prensa virtual este jueves. «Ya no esperamos a que nuestros socios actúen. En África hemos entendido que debemos sostenernos por nosotros mismos», sentenció.
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