La pista deportiva de la plaza de Oriente de Torrevieja lleva cerrada tres semanas tras los daños que ha sufrido provocados por actos vandálicos. Ahora es necesario impulsar un contrato menor para reparar los desperfectos. Desde que abrió sus puertas ha tenido un uso intensivo por parte de los más jóvenes. La idea es concentrar los partidillos de fútbol en un recinto cerrado sin ocasionar molestias a los clientes de las terrazas y los fieles de la iglesia del Sagrado Corazón.
Desde la Concejalía de Servicios, que dirige Sandra Sánchez, se explicó que se han producido daños que no se pueden reparar solo con una intervención ordinaria y hay que preparar un contrato, con su correspondiente procedimiento administrativo.
Ahora en las instalaciones aparecen varios precintos, una puerta cerrada con candado y vallado municipal. En el interior varias placas de protección de los laterales de la peculiar pista desprendidas en el suelo. No ha pasado ni un año desde que se puso en marcha, con muchos meses de retraso sobre la planificación inicial.
Pequeña
Técnicamente, la pista cuenta con todos los detalles de seguridad, en especial los refuerzos junto al vallado -que son los que han sido arrancados- y la propia solera que es de un material especial blando. La cancha presenta una más que singular planta rectangular -7 metros de ancho por 21 de largo-, 162 metros cuadrados más un acceso de otros 33 de césped artificial, entre la calle Ulpiano y una de las salidas del parking subterráneo ubicado bajo el templo.
Esta infraestructura del barrio de La Punta llegó con polémica porque, pese a ser una inversión limitada en presupuesto y envergadura, no había forma de terminarla. Y también porque la estética de la cancha deportiva, a juicio de los vecinos de la zona, deja bastante que desear junto al edificio en hormigón blanco de la iglesia de Sagrado Corazón.
Aunque ha habido un año para adaptarse y también para comprobar que ha sido un espacio útil durante ese tiempo. La obra se adjudicó por 169.000 euros y comenzó oficialmente en mayo de 2024 con un plazo de ejecución de cinco meses, pero se atrasó casi un año.
El objetivo de la instalación era que los balonazos de sus juegos terminaban en las terrazas de varios establecimientos que ocupan buena parte del espacio público de la plaza y contra las paredes de la iglesia.
La apertura llegó con una batería de normas bastante específica. La edad máxima de los usuarios debe ser de 14 años. No se puede acceder con patinetes, tampoco fumar ni vapear, comer pipas o chicles y no se puede acceder con envases de vidrio. Una señal bastante elocuente invita a los menores a no escalar el vallado perimetral si la pista está cerrada.
Algo, por otra parte, que los podría convertir en campeones locales de escalada porque son tres metros de vallado metálico enmallado y otros tres de red. Otra indicación mucho más genérica asegura que los «niños deberán estar supervisados por un adulto». Toda esa retahíla de prohibiciones no ha evitado los destrozos.
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