Hace unos meses, la web Mi Playa de Las Canteras rescató un episodio poco conocido que pudo cambiar para siempre su playa de Las Canteras y partir en dos la geografía de Las Palmas de Gran Canaria.
En aquellos primeros debates sobre el futuro Puerto de La Luz, cuando empezaban a plantearse proyectos para transformar la zona portuaria y ampliar las posibilidades comerciales de la capital, surgió una idea extrema: abrir un canal navegable a través del istmo de Guanarteme.
El historiador Fernando Martín Galán recoge en su libro Las Palmas: ciudad y puerto. Cinco siglos de evolución que aquella propuesta no fue una simple ocurrencia, sino un proyecto que llegó a plantearse en distintas ocasiones durante el siglo XIX. La idea más ambiciosa consistía en cortar el istmo por la parte más estrecha para comunicar el Puerto de La Luz con la bahía del Arrecife, el actual entorno de Las Canteras. Es decir, dejar La Isleta separada del resto de la ciudad por un canal navegable.
El proyecto que quería separar la ciudad
La propuesta llegó también a la prensa de la época. Una de las referencias más tempranas está en El Canario, en noviembre de 1854. Aquel artículo no arrancaba directamente con el canal, sino con una intervención previa: «la construcción de un segundo puerto, aun más seguro que el de la Luz, en el sitio llamado de las canteras». Para conseguirlo, el periódico defendía aprovechar La Barra, levantar una muralla sobre ella, ensanchar la entrada y limpiar el fondo para proteger la zona del oleaje.
El corte del istmo aparecía después como el complemento más radical de esa primera operación. El artículo defendía «romper el pequeño istmo de Guanarteme y poner en comunicación los dos puertos de la Luz y el Confital».
El paseo de Las Canteras en una fotografía de 1953. / Fedac
Vista desde hoy, la idea parece extrema, y también lo fue para algunos contemporáneos, pero no para todos. En el artículo de El Canario, por ejemplo, aquellas obras se presentaban casi como una solución natural, sugerida por el propio lugar: eran «proyectos que la naturaleza parece haber indicado en el mismo punto»
La propuesta quedó durante años arrinconada, según explica Martín Galán, hasta que en los años 70 del siglo XIX volvió a ser tomada en consideración. Incluso la Dirección General de Obras Públicas llegó a contemplar el corte del istmo como una obra conveniente.
La Real Sociedad Económica fue una de las instituciones que más insistió en impulsar el proyecto, aunque la propuesta encontró recelos y resistencias. Tampoco ayudaba la complejidad de las obras previstas, especialmente las que debían ejecutarse en el fondo marino para ampliar y acondicionar el paso. Entre quejas, dudas y problemas de viabilidad, el proyecto terminó quedando aparcado.
El otro destino de Las Canteras
De haberse llevado a cabo, incluso solo en su primera fase, Las Canteras difícilmente tendría el aspecto actual. Aquel proyecto sobre La Barra habría acercado su paisaje al de Las Alcaravaneras: un frente más reducido, condicionado por instalaciones náuticas y con presencia habitual de embarcaciones.
El cambio habría sido notable. En ese tramo de costa habrían pesado más las infraestructuras, el movimiento de barcos y las necesidades comerciales que su uso como espacio de baño y paseo. Uno de los principales atractivos actuales de la ciudad habría quedado probablemente en un segundo plano, si es que hubiera llegado a consolidarse como tal.
Si además se hubiera abierto el canal, las consecuencias habrían ido mucho más allá: una capital partida físicamente en dos, con La Isleta separada del resto de Las Palmas de Gran Canaria y obligada a conectarse mediante puentes o pasos. Por si la ciudad no tuviera ya suficientes problemas de movilidad.













