Hace siglo y medio, en 1876, una pequeña caja de ahorros abría sus puertas en Zaragoza con la vocación de canalizar ahorro popular y prestar apoyo financiero a las familias aragonesas. Ciento cincuenta años después, convertida en uno de los diez mayores bancos españoles, Ibercaja aprovecha la celebración de su aniversario para lanzar un mensaje nítido y estratégico sobre su futuro. La entidad quiere seguir siendo un banco independiente, controlado por fundaciones y con arraigo en Aragón a pesar de que la presión hacia la concentración sigue marcando el devenir del sector financiero europeo.
Ese fue el principal hilo conductor de la intervención del consejero delegado del banco, Víctor Iglesias, durante el encuentro mantenido este martes con medios de comunicación en la sede central de la entidad en Zaragoza. Y la principal novedad llegó precisamente en ese terreno. Iglesias reveló que la Fundación Ibercaja, propietaria del 88% del capital del banco, lleva ya “un par de años” constituyendo voluntariamente un segundo fondo de «estabilización» –adicional al fondo de reserva regulatorio ya completado- con el objetivo de reforzar la autonomía estratégica futura del grupo.
La entidad ya había constituido el fondo de reserva exigido por la normativa bancaria para evitar una salida a bolsa obligatoria, unas provisiones que ascendieron finalmente a 330 millones. Sin embargo, Iglesias explicó ahora que la fundación está acumulando un nuevo colchón financiero voluntario destinado a reforzar su capacidad de maniobra ante posibles escenarios adversos. “El objetivo es tener esa estabilidad financiera y esa autonomía estratégica garantizada para la fundación, quiera hacer lo que quiera hacer”, afirmó.
Maniobrar en escenarios adversos
El máximo directivo vinculó incluso este nuevo fondo a eventuales crisis geopolíticas o económicas futuras. “Puede cumplir una función en escenarios muy adversos”, señaló, en referencia a contextos prolongados de inestabilidad o deterioro económico. El mensaje supone, de facto, una nueva toma de distancia respecto a una hipotética salida a bolsa, una posibilidad que durante años planeó sobre Ibercaja como una de las últimas grandes entidades herederas del sistema de cajas de ahorros.
Iglesias defendió que hoy el banco cuenta con solvencia, rentabilidad y acceso suficiente a los mercados de capitales como para mantener su actual estructura de propiedad sin necesidad de abrir el capital a inversores externos. “Las circunstancias actuales hacen que la salida a bolsa no esté encima de la mesa”, vino a resumir el consejero delegado, que reivindicó la capacidad del banco para financiarse en mercados mayoristas internacionales y generar resultados sostenibles.
Actualmente, Ibercaja supera los 110.000 millones de euros de volumen de negocio, cuenta con 1,7 millones de clientes, cerca de 900 oficinas y más de 5.200 empleados. La entidad cerró 2025 con una ratio de solvencia CET1 Fully Loaded —el principal indicador de fortaleza financiera de un banco— del 14,2%, una mora del 1,2% —muy inferior a la media sectorial— y una rentabilidad recurrente por encima del 11%.
Iglesias presentó esas cifras como la prueba de que Ibercaja puede seguir compitiendo de forma autónoma en el sistema financiero español pese al avance de los grandes grupos bancarios. “Queremos seguir haciendo crecer este proyecto de banca minorista independiente”, afirmó.
Prudencia, cercanía y vocación social
La comparecencia de Iglesias giró alrededor de la idea. Ibercaja cree haber encontrado una fórmula para sobrevivir como banco mediano en una Europa dominada por gigantes financieros. Para ello, la entidad reivindica un modelo propio basado en tres pilares: prudencia financiera, cercanía comercial y vocación social.
El consejero delegado insistió en que Ibercaja seguirá apostando por una “banca de relación”, apoyada en gestores especializados y asesoramiento personalizado incluso en un entorno cada vez más digitalizado. “Habrá más gestión no presencial, pero seguirá siendo personal y personalizada”, defendió.
También reivindicó la singular estructura accionarial de la entidad. El 100% del capital continúa en manos de fundaciones procedentes de antiguas cajas de ahorros, encabezadas por la Fundación Ibercaja, que controla alrededor del 88% del banco, y las fundaciones Caja Inmaculada (4,7%), Círculo de Burgos (3,3%) y CB de Badajoz (3,1%). Según destacó la entidad, eso permite que todos los beneficios generados reviertan posteriormente en actividades sociales, culturales y educativas.
Solo en 2025, las fundaciones accionistas recibieron más de 138 millones de euros en dividendos destinados a programas sociales y culturales. Iglesias recordó además algunas de las líneas que el banco utiliza para reforzar ese perfil diferencial, como la atención específica a mayores, la financiación de vivienda para jóvenes, el apoyo al sector primario o el mantenimiento de oficinas rurales en municipios donde otras entidades han desaparecido.
Claves del nuevo plan estratégico
Pero el aniversario no sirvió únicamente para reivindicar el pasado. Iglesias avanzó también algunas claves del futuro estratégico de la entidad. Ibercaja quiere reducir progresivamente su dependencia del negocio hipotecario y aumentar el peso de las empresas y pymes dentro de su cartera crediticia. El objetivo es que la financiación empresarial alcance alrededor del 35% del balance en un horizonte de cinco a siete años.
El banco también se abre a posibles adquisiciones selectivas en el ámbito tecnológico o digital, aunque descarta grandes operaciones corporativas dentro del sector bancario español. Iglesias citó como ejemplo la integración de la plataforma tecnológica de Orange Bank en España, adquirida hace dos años para acelerar las capacidades digitales del grupo. “Tenemos que analizar todas las posibilidades sin descartar ninguna”, afirmó en referencia a potenciales alianzas con fintech, plataformas digitales o negocios especializados.
La transformación tecnológica fue otro de los grandes asuntos abordados durante el encuentro. El consejero delegado defendió que la inteligencia artificial no provocará un ajuste traumático de empleo comparable al vivido tras la crisis financiera, aunque sí obligará a una profunda transformación de perfiles y capacidades dentro de la banca. Los estudios de Funcas con los que trabaja Ibercaja apuntan a un impacto directo sobre el empleo cercano al 10% en una década, muy lejos del recorte del 40% de la plantilla que afrontó el sector tras la Gran Recesión.
La ciberseguridad apareció igualmente como uno de los grandes retos estratégicos de futuro. Iglesias sostuvo que el sector financiero parte de un elevado nivel de protección tecnológica, aunque admitió que las nuevas capacidades de la inteligencia artificial obligarán a acelerar aún más la detección de amenazas y la protección de sistemas críticos. En paralelo, el directivo mostró una posición prudente respecto al auge de las criptomonedas, aunque confirmó que Ibercaja participa en pruebas vinculadas al futuro euro digital impulsado por el Banco Central Europeo para analizar sus posibles aplicaciones futuras.
La celebración del 150 aniversario arrancará oficialmente este jueves con la inauguración en Zaragoza de una gran exposición conmemorativa sobre la historia del banco. Pero el mensaje que quiere dejar Ibercaja con motivo de esta emblemática efeméride mira más hacia el futuro que hacia el pasado, a apuesta por seguir siendo un banco independiente, con centro de decisión en Zaragoza y una vocación social asegurada por estar en manos de fundaciones. En un sector financiero cada vez más concentrado y dominado por grandes grupos, cumplir ese objetivo requerirá probablemente de una buena dosis de la perseverancia -o quizá de esa tozudez tan aragonesa- que ha acompañado a la entidad desde aquella pequeña oficina abierta en 1876.
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