Cuando, al anunciarse su presencia en la competición del festival de Cannes de este año, se definió la nueva película de Ira Sachs como una “fantasía musical” ambientada en Nueva York durante la epidemia de sida que azotó la ciudad en los 80, el desconcierto se extendió entre los familiarizados con la obra de quien sin duda es uno de los cineastas LGBTIQ+ actuales más relevantes. ¿Qué tiene que ver un director como el estadounidense, caracterizado por el manejo exquisito de la contención emocional, con un género casi siempre asociado con la exageración de los sentimientos? ¿Era posible que Sachs hubiera decidido frivolizar sobre el VIH igual que ‘Emilia Pérez’ (2024) lo había hecho sobre la experiencia trans?
‘The Man I Love’ acaba de ver la luz en el certamen galo, y las preguntas dudas han sido despejadas: no, no es una fantasía musical sino otro de los retratos íntimos y de realismo casi documental que componen la obra de su director, pero uno trufado de canciones que definen la atmósfera, impulsan la narrativa y le otorgan su significancia.
La película contempla a un artista venerado en el mundo del teatro alternativo que se muere a causa del virus y que, a pesar de ello, se mantiene determinado no solo a trabajar en el que promete ser el último montaje que protagonice, sino también a seguir deseando y amando; de dar vida al personaje se encarga Rami Malek, que ya encarnó a un artista enfermo de sida -Freddy Mercury, por supuesto- en el biopic sobre el grupo Queen ‘Bohemian Rhapsody’, que le proporcionó el Oscar, y que podría recibir otro buen puñado de reconocimientos gracias a este nuevo papel.
Mientras contempla a su protagonista, ‘The Man I Love’ evita todas las convenciones narrativas para proponer una aproximación más subjetiva y extraordinariamente sensual al deseo, la creación artística y la cercanía de la muerte, generando algo trascendente a partir de observar con precisión quirúrgica pequeños gestos y miradas cargadas de intención. Esa sutileza y esa modestia excepcionales son , a la vez, lo que la convierte en una de las mejores películas presentadas hasta el momento en la competición y lo que dificulta su acomodo en el palmarés que se hará público este próximo sábado.
El régimen de Vichy
La otra aspirante a la Palma de Oro presentada hoy, ‘Notre Salut’, es una obra muy personal para Emmanuel Marre en cuanto que su origen son las cartas que, durante la Segunda Guerra Mundial, el abuelo y la abuela del director francés intercambiaron desde que él dejó el hogar familiar para tratar de escalar puestos en el régimen de Vichy, el gobierno colaboracionista con los nazis instaurado en Francia por el mariscal Pétain.
Teniendo eso en cuenta, resulta llamativo que la película resulte mucho menos efectiva cuando observa la relación de la pareja, ya sea presencial o epistolar, que cuando se centra en observar a ese hombre mediocre que antepone su carrera a todo lo demás, incluidas otras vidas humanas, y que no duda en soportar cualquier humillación con ese fin; el director, en todo caso, retrata a su antepasado menos como un villano que como alguien patético, débil y banal. Pasar la totalidad de una película de dos horas y media con un tipo así sin duda resulta cansino y deprimente pero, dadas las conexiones que la película se encarga de efectuar entre aquel pasado y nuestro presente, probablemente esa sea la intención.
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