Los tipos de interés de los bonos estadounidenses tienden a subir. Y este martes, el rendimiento del bono de EEUU a 30 años superó niveles no alcanzados desde 2007. El 5,187%. La idea es que si un inversor compra ese bono recibirá el 5,187% anual (generalmente con pagos semestrales) durante 30 años. Al final de ese periodo, recuperará lo invertido y habrá recibido una remuneración por el dinero adelantado. El bono o la deuda pública en general es una opción atractiva para inversores que buscan seguridad y un flujo de caja constante durante un plazo de tiempo, aunque su precio de mercado (en el caso de que se quiera recuperar la inversión) puede fluctuar durante ese periodo.
Así, el precio de ese bono y su rentabilidad tienen una relación inversa. Cuando los tipos de interés del mercado suben, los precios de los bonos bajan. La rentabilidad depende de la inflación, el crecimiento económico y el riesgo teórico de impago (en el caso de un país es casi imposible, ya que siempre tiene la posibilidad de emitir nueva deuda). Ante una previsión de subida de tipos, los inversores tienden a vender los bonos actuales para comprar las nuevas emisiones con mayor rentabilidad.
Diversificación
Los asesores financieros aconsejan diversificar las inversiones en una situación como la actual. Se prevé que los tipos de interés puedan subir por lo que es posible que el rendimiento de los bonos pueda subir algo en las próximas emisiones.
El efecto en la economía puede ser diverso. Una subida de tipos es habitual como mecanismo para controlar la inflación. Pero la economía no atraviesa una situación suficientemente sólida por lo que esa subida de tipos de interés podría ser relativamente temporal, con bajadas de tipos a pocos meses vista. Las bajadas de tipos se producirían cuando los conflictos geopolíticos se solucionen. Por ello el contexto es de incertidumbre.
Posibles efectos
Pero nadie puede asegurar que la paz en Oriente Medio o en Ucrania vaya a producirse de manera rápida. Mientras tanto, el riesgo de la venta de bonos antiguos por la emisión de bonos con más rentabilidad va aparejada a otros efectos. Una caída brusca en sus precios genera pérdidas no realizadas, reduciendo el capital de los inversores (fundamentalmente bancos) y limitando su capacidad para prestar dinero, lo que frena la economía.
Si la venta de bonos se produce de manera drástica debido a la inflación, las acciones también se ven afectadas. Los tipos más altos reducen el valor de los beneficios futuros de las acciones y hacen que los nuevos bonos sean más atractivos, atrayendo capital fuera de la renta variable.
Petróleo e inflación
Sergio Cisternas, analista de mercados de EBC Financial Group, describe el contexto: «Los inversionistas observan con preocupación cómo el alza del petróleo vuelve a presionar los rendimientos de los bonos y las expectativas de tipos de interés en Estados Unidos. La ecuación es relativamente simple: petróleo alto implica inflación persistente, y una inflación persistente dificulta cualquier intento de la Reserva Federal por recortar tasas durante los próximos meses». En consecuencia, si el estrecho de Ormuz sigue cerrado durante muchas semanas, la situación económica se degradará por una presión sobre los precios persistente. Si los nuevos bonos consolidan su rentabilidad por encima del 5,5% o el 6%, las tensiones en el crédito se disparan y con ellas la volatilidad o inestabilidad bursátil.
Las pantallas de los operadores de Wall Street parpadean en rojo. La situación podría desembocar en el mayor problema para los estadounidenses de los próximos años, especialmente si el presidente Donald Trump, la Reserva Federal y la política exterior no logran acompasar sus estrategias.















