Imposible no tenerle querencia a Marta Sánchez, hemos pasado cuatro décadas bailando al son que canta, en la discoteca o en la cocina. Si hay días que nos levantamos tarareando Supernatural y nos acostamos con Desesperada. Se aceptan chistes de rubias, de pechugas y comentarios de texto sobre poesías para himnos nacionales, pero ahí está ella. Con un carrerón de una docena de discos, y muchas giras a los lomos, cumpliendo sesenta como un pimpollo y dedicándose a sí misma antes de soplar las velas I will survive de Gloria Gaynor.
Un respeto para la artista incombustible cuya apariencia fue adoptada por el extraterrestre Gurb para perderse por Barcelona y liar una buena en la desternillante novela de Eduardo Mendoza Sin noticias de Gurb. Esa medalla no se la puede quitar nadie, ni siquiera quienes la acusan de superficial o inculta. Diva del pop hispano múltiples veces reinventada, icono gay, protagonista de toneladas de páginas de papel couché, afirma que se siente tan orgullosa de la mujer que es hoy, en activo sobre el escenario y madre de una veinteañera, como de la chica que empezó en la música con Olé Olé.
Desde luego requirió valentía presentarse con 19 años al casting para vocalista de la banda de tecno pop que necesitaba relevo para la carismática Vicky Larraz. Marta Sánchez, madrileña, venía de familia de artistas. Su padre fue cantante, su padrino el tenor Alfredo Kraus, y desde muy niña supo que quería componer y actuar. Con un físico menudo pero poderoso, una voz potente y derrochando personalidad enseguida cuajó en Olé Olé, con quienes grabó cuatro discos imprescindibles en la música hispana de los noventa y temas como Lilí Marlén o Con solo una mirada. Su fama se disparó. En las navidades de 1990, tensas porque se avecinaba la primera guerra del Golfo, el gobierno de Felipe González invitó al grupo a cantar para las tropas españolas desplegadas en el mar Rojo. En la fragata Numancia y en compañía de entonces ministro de Defensa, Narcís Serra, Marta Sánchez, minipantalón negro acharolado y botas de taconazo, entonó ante la marinería Soldados del amor, un superéxito compuesto por Nile Rodgers, productor de Madonna o Bowie.
Entonó es un decir, pues una de las críticas que se le hicieron fue que actuase en playback. Muchos compararon a la ambición rubia hispana con la Marilyn Monroe que elevó la moral de los contendientes estadounidenses en la Guerra de Corea.
También emulando a Marilyn posó un año después, fuera ya de Olé Olé, para la revista Interviú, que agotó el número titulado Marta Sánchez totalmente desnuda. Con posterioridad aclararía que ese reportaje respondió a una especie de chantaje, pues el semanal disponía de unas fotografías suyas en topless. Para no verse expuesta de cualquier manera, mantener cierto control sobre su imagen pública y por la suculenta suma que cobró, prefirió ofrecer el posado. La publicación de uno de esos retratos en un diario, contraviniendo el contrato firmado, todavía le reportaría más dividendos, pues litigó contra Interviú cuya editora le pagó más de 300.000 euros como indemnización. Estas polémicas abonaron su popularidad en una fulgurante carrera en solitario, aunque, según dijo lamentar siempre, su padre dejó de hablarle durante un año. Muy apegada a la familia, en 2005 dedicó la canción Profundo valor a su hermana melliza Paz, fallecida de un cáncer de mama.
En el mismo reciente ejemplar de la revista ¡Hola! donde aparece la exclusiva de la fiesta del 60 cumpleaños de Marta Sánchez se publica un reportaje sobre la comunión de un hijo de Carlos Baute. El cantante que llamó ‘mona’ a la presidenta de Venezuela y la voz de Yo soy infiel, compartieron la exitosa Colgando en tus manos. Tiempo después, la madrileña criticó haber recibido unos honorarios inferiores a su partenaire porque nunca le han dolido prendas a la hora de defender su valía y su trayectoria, que incluye muchas colaboraciones con artistas en la cumbre, desde Moja mi corazón, con la guitarra de Slash de Gun’s N Roses, a Vivo por ella con Andrea Bocelli. Echando la vista atrás afirma que no se arrepiente de nada, ni siquiera de poner letra al himno de España en 2018 porque vivía en Miami y añoraba su patria. Unos versos (« …Rojo, amarillo, colores que brillan en mi corazón y no pido perdón. Grande España, a Dios le doy las gracias por nacer aquí») que arrancaron vítores y abucheos, presagiando futuras polarizaciones. A ver si la poeta no fue ella, sino Gurb, que quiso echarse unas risas.














