La tensión se puede cortar con un cuchillo dentro de las embarcaciones con destino a Gaza tras comenzar Israel a interceptar barcos de la flotilla internacional. El mallorquín Toni Riera, natural de Sant Llorenç des Cardassar, integra una de las expediciones que navegan actualmente por el Mediterráneo y relata la preocupación que viven los activistas ante el temor de ser interceptados por el ejército israelí.
Riera viaja a bordo del barco Cabo Blanco, una de las embarcaciones que forman parte de la expedición y en la que participan varios barcos. Según explica, varios de ellos ya habrían sido interceptados.
«Salimos de Turquía 53 barcos. Ayer por la noche nos empezaron a interceptar los del Estado israelí y de 53 ya nos faltan 25«, asegura el mallorquín en declaraciones enviadas desde alta mar.
El activista reconoce que la situación está generando nerviosismo entre los participantes de la flotilla. «Nos tocará, estamos nerviosos. No sabemos lo que pasará«, afirma. Según relata, algunos compañeros interceptados previamente les han explicado las condiciones en las que fueron retenidos. «Nos han contado que los tuvieron de mala manera en un contenedor. Nos espera un momento muy jodido«, señala.
Cabe recordar que hace unas semanas el mallorquín Xisco Benítez denunció la situación vivida por su hijo, el inquero Àngel Benítez, integrante de una flotilla de apoyo a Gaza, tras perder el contacto con él durante varios días y conocer posteriormente que se encontraba ingresado en Creta con diversas lesiones. Según relató entonces la familia, el joven aseguró que «lo llevaron a un barco de contenedores preparado como prisión. Le quitaron todo, le dejaron en calzoncillos y le empezaron a pegar patadas y a golpear con la culata del arma«.
Pese a los nervios, el grupo continúa navegando hacia Gaza. «No nos ha tocado todavía, seguimos nuestro rumbo hacia Gaza», asegura Riera.
Riera asegura que, aunque no sienten miedo, sí existe preocupación por el posible trato que puedan recibir en caso de ser interceptados: «No tenemos miedo, pero sí estamos preocupados porque nos han contado cómo nos tratan los soldados. Nos han entrenado para guardar calma. Lo pasaremos mal hasta que nos deporten».
En estos momentos, la embarcación se encuentra al sur de Chipre y, según detalla el activista mallorquín, todavía les quedan unas 250 millas para llegar a Palestina.
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