Más que un periodista deportivo, Alfredo Relaño (Madrid, 1951) es un auténtico historiador del deporte y la mente que dio forma, a partir de 1989, a la innovadora programación deportiva de Canal+. Durante 23 años fue director de ‘As’, diario que prescindió de sus servicios el pasado año. Actualmente escribe una columna en ‘Marca’, colabora en ‘El Mundo’ y participa en las retransmisiones deportivas de la COPE y en su programa nocturno ‘El Partidazo’. Después de ‘366 historias del fútbol mundial que deberías conocer’ y ‘366 (y más) historias de los Juegos Olímpicos que deberías conocer’, ahora publica ‘366 futbolistas de todos los tiempos que han hecho historia’. En este libro sitúa en el Olimpo a Di Stéfano, Pelé, Cruyff, Maradona, Cristiano y Messi; tras ellos, 20 «semidioses» entre los que incluye a Beckenbauer, Puskas, Kubala, el gallego Luis Suárez, Zidane, Ronaldo Nazario o Xavi. Y, después, otros 340 jugadores «simplemente extraordinarios». Aparte de datos y anécdotas biográficas, el libro muestra el contexto histórico de cada carrera futbolística y refleja la dimensión humana de este deporte, un auténtico lenguaje universal y un fenómeno social cuya influencia no deja de crecer. Además, esta semana ha sido uno de los protagonistas involuntarios, por alusiones, de la insólita rueda de prensa del presidente del Real Madrid.
–Usted fue uno de los aludidos en la rueda de prensa de Florentino Pérez, que dijo: «Yo llevo viendo lo que están haciendo en los medios los Segurolas, los Relaños… que se creen que han inventado el fútbol. Les llamamos ‘los intelectuales del régimen’». ¿Qué pensó?
—No me sorprendió. Florentino me retiró la gracia de su saludo hace años. Y no le gustamos ni Santi [Segurola] ni yo, que por otra parte somos bastante parecidos, entre otras cosas por la mirada que tenemos hacia él.
«Florentino Pérez me retiró la gracia de su saludo hace años. Y no le gustamos ni Santi [Segurola] ni yo»
–En una entrevista del año 2000, en Vigo, cuando presentó en el Club Faro sus memorias coescritas con usted, Di Stéfano dijo algo que hoy parece profético: «Al técnico debe respaldarle la directiva, porque si no, se lo comen los jugadores». Parece que describe lo que ha pasado en el Real Madrid esta misma temporada.
—Sí. Ese fue el defecto de Florentino en la primera época. Recuerde que Camacho se fue a las pocas semanas de llegar porque no aguantó. Y lo ha vuelto a hacer ahora. Florentino se marchó tres años fuera y al principio volvió más enérgico, pero luego ha flojeado. Lo vimos estrepitosamente en el caso Vinicius: bajó al equipo del avión porque no le daban el Balón de Oro. Después Vinicius desplantó a Xabi Alonso y Florentino escogió a Vinicius. Xabi quedó tocado. Y una vez que el entrenador pierde autoridad, pasa eso de «cuando el gato no está, los ratones bailan». El vestuario ha sido difícil de llevar. No hay ninguna autoridad ahí dentro, campan por sus respetos y aparecen las peleas y los follones.
–Si Mourinho regresase al Real Madrid, como se comenta, ¿cree que volvería más moderado en las formas?
–Me gustaría pensar que sí, porque ha cumplido años y seguramente podría haberse dado cuenta de que esa conducta le ha alejado de las altas cumbres del fútbol europeo. Ya no le contratan equipos del nivel del Madrid, el Inter o el Manchester United, sino otros como el Tottenham, Roma, Fenerbahçe, Benfica… Y hace un año volvió a hacer algo parecido a lo de Tito Vilanova, le estrujó la nariz al entrenador del Galatasaray. Yo pensaba que con la edad se moderaría, pero no estoy nada seguro, ni tampoco que sea del interés del Madrid que se modere.
«Pensaba que Mourinho se moderaría con la edad, pero no estoy nada seguro, ni tampoco que sea del interés del Madrid que se modere»
–Hay un debate eterno entre los aficionados sobre Maradona y Messi. Se dice que Maradona, con los campos perfectos de ahora, árbitros menos permisivos con el juego duro y, por supuesto, sin drogas, habría tenido una carrera tan regular y fructífera como la de Messi. ¿Cuál es su opinión?
–Es una discusión difícil. Yo soy de Di Stéfano, y después de Pelé. Cada uno tiene su favorito, que suele ser el primero que vio de joven. Con otros he tenido más dudas: Cruyff era exquisito, pero duró poco. Se tomó el fútbol un poco a pitorreo desde los 27. Y Cristiano es lo contrario, la constancia. Creo que Maradona es el jugador que más ha tenido a «Dios dentro», por decirlo así. Tenía una contraindicación enorme: no se entrenaba casi nunca. Solo se entrenó un mes antes del Mundial de México 86 y ya vimos lo que pasó. Era casi imposible que un equipo con Maradona en forma no ganara. Hubiera ganado el 90 por ciento de los partidos si hubiera trabajado con normalidad, como Messi, que era un poco perezosillo, lo contrario que Cristiano, que ha sido un fanático del entrenamiento. Y sí, Maradona hizo maravillas en campos pésimos y con peores patadas. En tiempos de Di Stéfano y Pelé era peor, ni siquiera había tarjetas amarillas. Al final cada uno se queda con el primer amor futbolístico que tuvo, el que vio con 15 años.
–Existe la percepción de que Messi representa el talento natural y Cristiano Ronaldo el esfuerzo por mejorar, aunque con matices.
–Sí. Los dos son admirables. Messi tiene talento natural y una gran afición por desarrollarlo. Cristiano tiene una obsesión un poco egocéntrica por ser el número uno y perfeccionarse. Durante un tiempo fue un empate. Pero cuando pasan los años y el físico empieza a abandonarles, el talento flota más, y ahí Messi le ha cogido distancia. También porque ganó el Mundial. Le costó mucho convencer a Argentina. Allí lo veían como un suplantador del trono de Maradona, como uno que llega con 18 años y dice que es tu hijo, pero no le puedes querer igual que si lo hubieras criado. Tenían el mismo perfil: zurdo, bajo, número 10, segundo punta… Los argentinos lo veían como un invento europeo: Messi lo pasó muy mal y llegó a anunciar que dejaba la selección. Pero al final se impuso su calidad. También ha sido constante, sin ser obsesivo como Cristiano. Ambos se estimularon mutuamente. Cristiano le quitó varios Balones de Oro, y para Messi fue un gran acicate.
«No me gusta Trump ni me entusiasma Estados Unidos, pero es posible que el Mundial funcione»
—Estamos a pocas semanas del Mundial de Estados Unidos y no parece que genere una excesiva ilusión. Influyen Trump, la pleitesía de Infantino hacia él y también un formato gigantesco, con más de cien partidos.
—Sí, esas cosas no me gustan nada. Habrá que verlo. España empieza contra Cabo Verde, que no nos interesa nada, aunque ellos estarán entusiasmados… No me gusta Trump y tampoco me entusiasma Estados Unidos en el momento actual. Nunca fui muy entusiasta con ellos, aunque reconozco cosas positivas. Es un Mundial en tres países y compartido con México, un país al que Trump ha maltratado hablando de muros y de inmigrantes que «se comen a las mascotas». Ataca a un país clasificado [Irán]. También es verdad que EEUU tiene una enorme capacidad para organizar espectáculos y seguramente funcione. Ya pasó en el Mundial del 94: no me apetecía que fuera allí y luego funcionó. Lo que no me gusta es el formato: 72 partidos para eliminar solo a 12 equipos. Hasta octavos va a parecer una larga presentación.
–¿Y qué expectativas tiene sobre Lamine Yamal? Exceptuando 2010, España no ha tenido un arma ofensiva tan destacada en los Mundiales.
–Ni siquiera en 2010. Aquel equipo basaba su fuerza en la construcción del juego en el medio campo. Lamine es extraordinario. Es el más joven del libro y tuve dudas sobre incluir jugadores en activo, porque no tienen la carrera completada. Kane y Lewandoski están fuera de toda duda. Entre los menores de 30 incluí a Rodri, Mbappé, que creo que pasará a la historia, y Lamine, quizá siendo injusto con Pedri. Pero Lamine tiene unos récords de precocidad únicos y es un jugador sensacional. Si llega en forma puede hacer muchísimo. Me temo que en la otra banda no tendremos a Nico Williams, pero Fermín puede aportar mucha energía y gol. Oyarzabal está mejor que nunca. El equipo tiene armonía el entrenador lo tiene muy de su mano. Considero a España aspirante si llegan bien Rodri, Merino y Zubimendi. Estoy bastante confiado en que quedemos bien.
«Aspas ha sido un jugador extraordinario y quizá no suficientemente apreciado»
—Ha visto pasar por el Bernabéu y por la selección a grandes futbolistas gallegos, desde Amancio Amaro y Luis Suárez hasta Iago Aspas, cerca de la retirada. ¿Ve algo en común en ese talento?
–Iago Aspas ha sido un jugador extraordinario y quizá no suficientemente apreciado. Ha sido un poco «flor de estufa», porque fuera de Vigo, en Inglaterra o en Sevilla, no ha pitado tanto, pero su influencia y la cantidad de goles que ha metido y provocado me parece enorme. Sin tanta exposición, ha estado cerca del nivel de los grandes jugadores gallegos que menciona.
–En el Celta está brillando Claudio Giráldez. ¿Lo ve entrenando a un gran club europeo?
–Sí, creo que tiene mano para eso. Pero en los clubes grandes hay una dificultad añadida: manejar futbolistas de enorme rango, con más dinero, fama y predicamento social que el entrenador, con sus caprichos… Eso exige otra habilidad. Algunos llegan con ventaja por el prestigio que tuvieron como jugadores, como Zidane o Guardiola, o por una larga trayectoria y una bonhomía como la de Ancelotti. Pero esa habilidad no se sabe hasta que se prueba.
–¿Qué opina de lo que está haciendo Rafael Louzán al frente de la Federación? ¿Ha marcado un cambio de rumbo total respecto a Rubiales?
–De momento ha reconvertido la Federación en una organización de paz y encuentro. Con Rubiales era una etapa conflictiva, casi histérica. Creo que el asunto arbitral no está resultando, la persona que ha puesto al frente no lo ha conseguido, y no hay sensación de justicia con los arbitrajes y el VAR; incluso hay más sospechas que antes. Pero en lo demás me parece que está administrando bien la Federación y llevando las cosas como hay que llevarlas.
–Ya que menciona los arbitrajes, ¿cómo cree que puede acabar el «caso Negreira»? ¿Se podrá demostrar que tuvo una influencia real en los partidos?
–No lo sé, porque es algo muy sutil. Puede consistir en designaciones o en crear un clima. Los árbitros saben perfectamente cómo equivocarse para no molestar a quien manda. En los Mundiales no se equivocan nunca contra Brasil, Alemania, Italia o el país anfitrión. La «pistola humeante» está ahí: el Barça pagó durante 17 años al vicepresidente de los árbitros y dejó de pagarle justo cuando dejó el cargo. Pero demostrar una influencia concreta es muy difícil. Además, aunque apareciera algo, penalmente está prescrito. Yo pensaba que la UEFA podría haber castigado al Barça apartándolo un año de Europa, pero no ocurrió y ya no creo que pase nada. El berrinche ha quedado enquistado y el Madrid lo ha estirado mucho en el tiempo. El club se ha vuelto muy victimista. Creo que va a quedar así.
–El periodismo deportivo tiene mala imagen: periodistas de bufanda, redes sociales sin profesionalidad, tertulianos convertidos en personajes casi cómicos… ¿Se siente fuera de lugar en estos tiempos?
–Yo ya estoy de salida. Desde que dejé el ‘As’soy colaborador en distintos medios. Al principio, en los de Prisa, ‘As’, ‘El País’ y la Ser, hasta que me desterraron, y ahora en los especulares: ‘Marca’, Cope y ‘El Mundo’. No estoy tan en contra del periodismo de bufanda si hay moderación; al final, todos somos de un equipo. En la información general, aunque no preocupe tanto, pasa lo mismo: sabes el sesgo de ‘El País’ y el de ‘El Mundo’ y ‘ABC’, que es el contrario. Eso ayuda al lector a filtrar el mensaje. Lo que sí me preocupa es la falta de rigor, la obsesión por el clic, la exageración y el bulo. También la falta de aseo en la ortografía en las redes. Descuidando una cosa se acaba descuidando todo. He tenido la suerte de vivir la época en la que mejor se ha podido hacer periodismo en España. El de ahora, simplemente, no es el mío.
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