Pedro Sánchez acaba de superar a José María Aznar y se ha convertido en el segundo presidente más longevo de la democracia en España. Solamente le supera el también socialista Felipe González. Sánchez lleva casi ocho años en el poder, desde la exitosa moción de censura contra Mariano Rajoy, en 2018; González estuvo en el cargo casi 13 años y medio. En el actual contexto español y europeo, condicionados por el auge de la extrema derecha populista y la fragmentación política, los años de permanencia del actual presidente no son una anécdota. El español se ha convertido también en el segundo primer ministro más veterano de entre los socios de la UE, por detrás del croata Andrej Plenković.
Los años de Sánchez lo han sido todo menos plácidos. Una de las características definitorias de su etapa ha sido la necesidad constante de avanzar siempre mediante pactos con otras formaciones políticas. En este aspecto ha exhibido una capacidad encomiable para el diálogo y el acuerdo, a pesar de dificultades como las surgidas para aprobar presupuestos. La geometría de esos acuerdos es muy compleja, ya que Sánchez depende a la vez de socios que se encuentran a su izquierda y de otros ubicados a su derecha, como, por ejemplo, Junts per Catalunya y el PNV. El coste de esos equilibrios, a veces convertidos en una acrobacia, ha sido el desgaste de Sánchez y la desfiguración del proyecto socialista. Todo ello llevó al PSOE de Sánchez a la abultada derrota cosechada en las elecciones legislativas anticipadas de 2023. El PSOE se quedó en 121 diputados, mientras el PP de Alberto Núñez Feijóo lograba 137. Pese a la derrota, Sánchez logró permanecer en la Moncloa gracias a múltiples pactos. Por primera vez en la democracia, el partido ganador, en este caso el PP, era apartado del poder y relegado a la oposición en el Congreso de los Diputados.
Otro rasgo de los años de Sánchez en el Gobierno han sido los escándalos. Algunos han tenido como protagonistas a estrechos colaboradores suyos y miembros del partido. Entre ellos, destacan los que afectan a Santos Cerdán y José Luis Ábalos, ambos exsecretarios de organización del PSOE. Las investigaciones judiciales y las denuncias periodísticas se han cernido también sobre su familia. Precisamente, las acusaciones contra su esposa, Begoña Gómez, empujaron a Sánchez a tomarse unos días de reflexión en 2024 para decidir si debía renunciar al cargo.
El PP ha ejercido contra Sánchez una oposición de gran dureza, primero de la mano de Pablo Casado y, desde 2022, de Núñez Feijóo. El enfrentamiento entre el PP y el PSOE entró en una fase de enorme belicosidad después de las elecciones de julio de 2023, cuando el PP no consiguió alzarse con el poder, aun habiendo logrado vencer holgadamente en las urnas.
Pese a los desencuentros con sus socios, los escándalos y la presión del PP, todo indica que Sánchez, de la mano de su probada capacidad de adaptación –haciendo siempre de la necesidad virtud– va a conseguir alcanzar el final de la legislatura, el año que viene. El líder socialista, avezado a imponerse contra viento y marea, no se conforma y se muestra decidido a repetir como candidato a la Moncloa. Nadie en su partido está dispuesto a discutírselo, a pesar, por ejemplo, de la nueva derrota prevista este domingo en Andalucía. Sánchez se ha encargado, además, de impedir que exista una posible alternativa en el PSOE.
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