El director de la CIA, John Ratcliffe, aterrizó en La Habana este jueves. Nada menos que pocas horas después de que el Gobierno cubano reconociera que no queda una gota del combustible ruso que se descargó en el puerto de Matanzas en abril. Antes de que Ratcliffe tocara suelo de la capital de la mayor de las Antillas, en algunos barrios habían sonado las cacerolas, el ruido del malestar por lo prolongados apagones que las autoridades atribuyen al «cerco energético» dispuesto por Washington en enero pasado para profundizar la asfixia de una economía en ruinas. La visita es a la vez precedida por un momento de fuerte tensión bilateral, y con la amenaza latente de una intervención militar. Con este trasfondo sonoro y un país en penumbras, el responsable de la inteligencia de EEUU, que tuvo un papel gravitante en el secuestro de Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero, se vio cara a cara con representantes el ministro del Interior (Minint) y responsable de la inteligencia, Lázaro Álvarez Casas. La televisión norteamericana ha asegurado que Ratcliffe se encontró también Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, conocido como «El Cangrejo», apodo que adquirió relevancia mediática al conocerse su calidad de interlocutor de enviados del secretario de Estado, Marco Rubio. Durante la reunión, el jefe de la CIA dejó un mensaje de Donald Trump: Cuba debe realizar cambios políticos profundos para que Estados Unidos facilite la apertura económica. El presidente Miguel-Díaz Canel y otros funcionarios han sido reacios a aceptar esa exigencia que viene de la mano de una ayuda humanitaria de 100 millones de dólares. Cuba se inclinaría esta vez a aceptar la ayuda humanitaria.
La reunión dererivó a su vez en la posibilidad de una cooperación en cuestiones de inteligencia, siempre y cuando, según la Casa Blanca, La Habana deje de ser un refugio de adversarios de EEUU. El propio Rubio había dicho a comienzos de la semana que esa situación es intolerable porque la distancia entre Estados Unidos y la isla es apenas de 90 millas. Mientras que Washington habla de una amenaza a la seguridad nacional, las autoridades cubanas insisten en que no hay una sola prueba de financiamiento o apoyo de grupos extremistas. “Una vez más se evidenció que la Isla no alberga, no apoya, no financia ni permite organizaciones terroristas o extremistas; ni existen bases militares o de inteligencia extranjera en su territorio”, señaló el comunicado”, dijo oficialmente el Ejecutivo cubano. EEUU sospecha que existen instalaciones chinas. “La parte cubana permitió demostrar categóricamente que Cuba no constituye una amenaza para la seguridad nacional de EEUU”, consigna no obstante el texto oficial.
Un díalogo difícil
La presencia de Ratcliffe supone un giro en las conversaciones que La Habana había admitido a regañadientes tras la filtración noticiosa en Estados Unidos. En esa oportunidad, los interlocutores de El Cangrejo pusieron como condición para avanzar en las negociaciones la liberación de los presos políticos, algo que se hizo a medias, aunque quedaron en la cárcel algunos detenidos emblemáticos como el artista plástico Luis Manuel Otero Alcántara, y, además, la autorización para que opere en territorio cubano el servicio satelital de Starlink.
Estados Unidos parece manejar varias alternativas en su disputa con Cuba que no se agotan en el sorpresivo viaje del director de la CIA. De hecho, casi en sintonía, Reuters informó que Washington no descarta acusar judicialmente al nonagenario Raúl Castro por considerarlo responsable, en su condición entonces de jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, del derribo de un avión de Hermanos al Rescate, en febrero de 1996. En esa oportunidad murieron cuatro personas. Hermanos al Rescate era una organización con sede en Miami que asistía a los cubanos que intentaban abandonar la isla ilegalmente en momentos de una severa crisis conocida como el Período Especial.
La mera insinuación de esa posibilidad acusatoria en medio de las discusiones al más alto nivel revela, a juicio de los analistas, de que los escenarios de la confrontación pueden ser múltiples hasta tanto no asome la certeza de un diálogo con final aceptable para ambas partes. Las fuentes de la CIA que comentaron el encuentro entre Ratcliffe y sus anfitriones señalaron al respecto: “el diálogo le presenta a Cuba una oportunidad excepcional para estabilizar su economía en quiebra y responder a las necesidades de su pueblo, pero la ventana de oportunidad no permanecerá abierta indefinidamente».
Suscríbete para seguir leyendo










