Ha llegado el día. Donald Trump y Xi Jinping se ven este jueves las caras y la expectación es máxima, aunque las expectativas sobre lo que puedan acordar EEUU y China en este encuentro son mínimas. «El statu quo podría ser lo máximo que logren», dicen los expertos, que no esperan «demasiado» de una cita que tiene al mundo en vilo.
«No esperamos que la reunión entre Trump y Xi conduzca a avances importantes en las relaciones entre EEUU y China», dicen los estrategas de Danske Bank, que auguran que el impacto a corto plazo en los mercados financieros seguirá siendo «limitado».
Estos analistas ponen el foco en el hecho de que Trump «no tiene ni los incentivos ni las herramientas para aumentar la presión sobre China, ya que el foco sigue estando en la guerra en Irán y porque una reciente decisión judicial sigue limitando su capacidad de usar los aranceles como arma», en referencia a la decisión de Tribunal Supremo de anular los aranceles.
Además, comentan que para China «la principal prioridad es mantener las relaciones en una senda estable, especialmente en lo referente a Taiwán». En cualquier caso, dicen los expertos del banco danés, un cambio en la redacción de la política estadounidense sobre Taiwán «supondría una gran victoria para China».
«Ambos países podrían acordar que China aumente las compras de productos agrícolas estadounidenses, una extensión de la tregua arancelaria y el establecimiento de ‘consejos’ bilaterales de comercio e inversión, aunque esto debería verse como algo mayormente simbólico», apuntan, y de ahí que no esperen grandes movimientos en el mercado.
Y tampoco los estrategas de Lombard Odier esperan demasiado de este encuentro. «Las cumbres entre Estados Unidos y China son, por naturaleza, geopolíticamente significativas». Sin embargo, añaden, en la reunión entre Xi Jinping y Donald Trump en Pekín «preservar el statu quo podría ser lo máximo que puedan lograr», aunque no lo ven como algo malo. De hecho, señalan que «en medio de las incertidumbres en torno al alto el fuego en Oriente Medio, eso podría ser suficiente por ahora».
Michael Strobaek, director global de inversiones en Lombard Odier, señala que «las expectativas son moderadas» respecto a este encuentro, dado que «ha habido poca preparación de la que normalmente sustenta los grandes acuerdos diplomáticos». Y «sin ese trabajo previo, los líderes recurren más al simbolismo que al contenido sustancial«.
Pero aún así, dice, «incluso el simbolismo importa cuando las relaciones entre las dos mayores economías del mundo son frágiles», como ocurre en la actualidad. Este analista pone el acento en el hecho de que la guerra arancelaria puso de manifiesto que ambas economías «siguen siendo interdependientes», por lo que «ninguna de las dos partes puede permitirse una confrontación económica total».
En su opinión, el marco adecuado para los inversores es el de una «competencia gestionada». «La rivalidad entre Estados Unidos y China persistirá, pero la continuidad de la tregua comercial sería bienvenida», dice Strobaek.
¿CAMBIOS EFÍMEROS?
Por su parte, Jack Janasiewicz, portfolio manager en Natixis IM Solutions, es tajante respecto a la reunión: «No esperamos demasiado de este encuentro». Como dice, «es probable que ambas partes presenten el resultado como un éxito, aunque cualquier cambio sustancial de política probablemente será efímero».
Lo que sí parece claro es que China y Estados Unidos «querrán extender su tregua comercial, que expira en noviembre de 2026″, aunque «la promesa de no introducir nuevas medidas contra China probablemente impedirá avances significativos en cualquier acuerdo».
Este analista recuerda que EEUU quiere que China «se comprometa a comprar aviones, productos agrícolas y suministros energéticos, aunque estos compromisos podrían depender del enfoque estadounidense hacia Taiwán o de una posible relajación de aranceles y restricciones tecnológicas».
China, por su parte, comenta, «busca estabilidad comercial para apoyar su economía doméstica, mientras que Estados Unidos quiere mantener el acceso a los materiales críticos de tierras raras de China».
«Ambos consideran estos elementos herramientas clave de presión y podrían convertirse en el principal límite para alcanzar un acuerdo relevante«, opina Janasiewicz, que afirma que «en el mejor de los casos, podríamos ver una retirada limitada de la política arancelaria por parte de Trump, compensada con un compromiso de Xi de aumentar la inversión extranjera directa».
¿Y qué pasará con Irán? Pues según el estratega de Natixis, todo apunta a que «China podría presionar a Irán para reabrir el estrecho de Ormuz a cambio de una desescalada por parte de Estados Unidos. Sin embargo, China ha evitado implicarse directamente en este asunto y probablemente mantendrá esta postura«.
Bajo su punto de vista, el gigante asiático «no necesita involucrarse en este escenario tan complejo». Pero en última instancia, no cree que esta reunión vaya a tener un gran impacto en los mercados. «Si hubiese avances en la relajación de las restricciones tecnológicas, esto podría actuar como catalizador para nuevas subidas en el sector de semiconductores. Más allá de eso, esperamos muchos apretones de manos y oportunidades para la foto», pero poco más, concluye.











