«Si tienes cerebro pero lo usas eres una listilla; si tienes madera de líder eres una marimandona; si eres más culta que tus compañeros, una sabionda; si tienes deseos propios, una caprichosa; si practicas deportes o no te vistes con intención de poner cachondo a nadie, una marimacho; si lo haces, una golfa; si te masturbas o sientes deseo sexual sin tapujos, una guarra; tenemos genitales, pero si los usas, la joya de la corona: una puta…». Este es tan solo un extracto de una de las intervenciones de Henar Álvarez (Madrid, 1984), copresentando Buenismo bien en la Cadena SER.
Ni inventó ella el feminismo ni fue la primera mujer en salir a los escenarios para hacer reír con chistes contra el patriarcado, pero, sin duda, la guionista comenzó a hacerlo con más descaro que ninguna otra en espacios que antes estaban reservados solo para hombres. Ya sabía que la iban a poner a parir, así que decidió ir con todo desde el principio con un discurso que ataca el corazón de un sistema que durante siglos ha encorsetado a la mujer.
«Chochoctora, chochoctora, ¿dónde está el clítoris de mi señora? Y yo le contesto con emoción: ¡Hoy nos vamos de chochoexpedición!», dijo Álvarez en otro programa en el que pasó a explicar a los oyentes masculinos más torpes dónde estaba el «único órgano diseñado exclusivamente para generar placer». Si quiere, se convierte en la mítica Elena Ochoa, pero para la generación Z.
Sin salir del mundo de los pódcast, la cómica colaboró en Estirando el chicle con las humoristas Carolina Iglesias y Victoria Martín, un programa que elevó la conversación feminista a su máxima expresión, con espectáculos itinerantes por toda España y que llegó, incluso, a llenar el ahora Movistar Arena.
Lo que marcó un antes y un después en la vida de Henar Álvarez fue Al cielo con ella en 2024. Al fin, después de años dando tumbos de un sitio a otro, tenía su programa propio en La 2 de Televisión Española. Entró en el escenario en una cama llevada en volandas por un grupo de jugadoras de rugby y vestida con un traje de chaqueta de leopardo. Por supuesto, sonaba una versión de Toxic, de Britney Spears, una canción que le ha acompañado durante su ascenso meteórico hasta el reino de los cielos en el que se encuentra ahora —por cierto, a ella no le tiran bragas como a Jesulín, sino calzoncillos—. «¡Me han dado un programa!», exclamó, pero rápidamente se corrigió: «No me lo han dado, me lo he ganado».
Exigió un trono y en un trono se sienta. Dijo que no quería un saloncito, como le ponen a los programas de mujeres, sino que entrevista a sus invitados como lo han hecho hasta ahora los hombres: desde Pepe Navarro hasta Andreu Buenafuente.
No defraudó y empezó fuerte, atacando a las voces contrarias al movimiento MeToo: «No sé si habéis leído un artículo en el que se dice que hay miedo de que ahora las chavalitas no sepamos diferenciar entre mal sexo y una agresión. O sea, como que hay gente ahora que tiene miedo de que les denunciemos porque nos van a comer mal el coño. No hay cárceles para tanta gente».
«Os animo a que, en vez del síndrome de la impostora, abracéis el síndrome de la flipada, que es lo que hacen ellos, que no valen, lo saben y ahí siguen los tíos», dijo unas semanas después. Esta es la tónica general de un programa de una mujer que no se muerde la lengua, para mujeres y también para hombres, siempre y cuando sean capaces de reconocer que han vivido en el privilegio toda su vida.
El varón más trasnochado, el hombre de Cromañón, seguro que tiene otros canales donde pongan algo más de su agrado. Henar Álvarez es para deconstruidos o, más bien, señores en proceso de deconstrucción. Quitarse de encima toda una infancia y adolescencia de machismos interiorizados puede llevar toda una vida.
La gran noticia para esta madrileña llegó este año, cuando el no menos divertido Marc Giró anunció su fichaje por Atresmedia. Ahora, Al cielo con ella pasaba a ocupar su espacio en La 1. Y no defraudó, puesto que comenzó su nueva andadura entrevistando a la mujer que ya no llora y que ahora factura: Shakira.
Desde el canal principal de TVE sigue haciendo reír, pero sin olvidarse de meter el dedo en la llaga. «Resulta que en España hay más de 800.000 hombres que han decidido que pagar la pensión alimenticia de sus hijos es opcional. ¿Sabes lo que no es una opción? Que el niño no tenga pañales porque, si no, se va a tener que cagar en tus putísimos muertos».
Ya es hora de olvidarse del chiste del perro Mistetas, ¿no creen?











