ESTRATEGIA POLÍTICA | La fortuna de los políticos

Dentro de los cálculos electorales de Pedro Sánchez figura en primer lugar la campaña turística. La economía –¡siempre la economía!–, aunque la política posmoderna se rige más bien por eslóganes ideológicos claros y directos. La economía, claro está, en un país que llega con dificultades a final de mes, con una población envejecida y, a la vez, con una sociología marcadamente distinta a la España de finales del siglo pasado. Resulta muy difícil saber cuál será a largo plazo el impacto electoral de los flujos migratorios masivos, que han disparado la demografía y el crecimiento del PIB, si bien no la renta per cápita. La falta de vivienda –se habla de la necesidad de unas 700.000–, los salarios tensionados, el incremento del consumo –y también de los precios–, la insuficiencia de las infraestructuras, la aparición de nuevas oportunidades para algunos y de una competencia creciente para otros: nada de esto es anecdótico y sólo podrá seguir sosteniéndose mientras el crecimiento económico empuje al alza y permita más y mejores recursos. Una eventual crisis intensificaría los procesos de reorganización social ya en marcha y aumentaría los signos de fractura evidentes a simple vista. La aceleración en los cambios –tecnológicos, demográficos, industriales, salariales– que ha caracterizado estas dos últimas décadas tendrá implicaciones enormes a medio y largo plazo.

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