Domingo, 2 de diciembre de 2018. Santiago Abascal, un joven de apenas 42 años que hace un lustro abandonó la formación de su vida, el Partido Popular (PP), por discrepancias con la gestión de Mariano Rajoy, afronta un día que marcará el resto de su vida y de su carrera política. Vox, la formación que ha impulsado junto a otro ex dirigente popular, Alejo Vidal Quadras, primer presidente del partido y pronto distanciado del mismo, vuelve a presentarse a unas elecciones, como tantas veces en el último lustro, pero esta vez con posibilidades reales de obtener algún tipo de representación. Se trata de las elecciones al Parlamento de Andalucía que la presidenta socialista de la Junta, Susana Díaz, ha decidido adelantar, tras una última legislatura gobernando con el apoyo de Ciudadanos.
El día de reflexión, veinticuatro horas antes, Abascal lo ha pasado en la finca en Sevilla de Morante de la Puebla, una de las celebridades con las que ha consolidado una intensa amistad personal. El torero, la gran figura de su generación y apenas tres años menor que el líder de la extrema derecha, al que siempre ha profesado simpatía en público, le ayuda a relajarse en una jornada campera antes de la cita con las urnas. Al día siguiente Abascal acude a primera hora a un colegio electoral del centro de la capital hispalense junto al candidato de su partido, el juez de familia Francisco Serrano, conocido desde hace años por su discurso contra la ley de violencia de género y célebre por haberle cambiado el régimen de visitas a un hijo de padres separados en detrimento de su madre. A la expedición se suma el por entonces siempre fiel escudero de Abascal y a la sazón secretario general de Vox, Javier Ortega Smith. Han pasado ocho años, pero parece una eternidad, ahora que ni Serrano ni Ortega Smith, recientemente expulsado de Vox, forman parte del proyecto del político de Amurrio (Álava).
En el cuartel general de Vox, entonces una formación aún extraparlamentaria y por tanto con muchos menos recursos de los que posee en la actualidad, tienen claro que hay posibilidades de entrar en la cámara andaluza, pero que será por estrecho margen, y que en caso de no hacerlo la larga travesía del desierto seguirá, nadie sabe por cuánto tiempo.
Finalmente, todo les sale mejor de lo esperado. Mucho mejor. Vox se cuela en el Parlamento de la región más poblada de España con doce parlamentarios, merced a más de medio millón de votos, por encima del 10% del electorado. Y lo que es aún más importante: su concurso será fundamental para que el candidato del PP, un todavía bisoño Juan Manuel Moreno, alcance la Presidencia de la Junta, en coalición con Ciudadanos, poniendo fin a una de las hegemonías más prolongadas de la historia política española, la de un PSOE que ha gobernado Andalucía desde la constitución de la autonomía casi cuarenta años antes.
Un hito inaugural
Nada se entiende en Vox sin ese hito inaugural, incluida su irrupción apenas unos meses después, en las elecciones generales de abril de 2019, las primeras convocadas por Pedro Sánchez, en el Congreso de los Diputados. Por eso para Abascal una campaña en Andalucía siempre tiene algo de especial. En esta ocasión, además, él ha tenido el mando más que nunca. Hace cuatro años, en las autonómicas de 2022, Macarena Olona le dobló un pulso interno que entonces no trascendió, pero que sería clave a la postre para el distanciamiento entre ambos, cuando recurrió a una política de hechos consumados para autoproclamarse candidata. Las cosas no salieron según lo esperado tras una campaña desastrosa.
Ahora, con un dirigente consolidado en el territorio como el candidato Manuel Gavira, y con una estela de crecimiento electoral confirmado en las últimas tres citas con las urnas (Extremadura en diciembre, Aragón en febrero y Castilla y León en marzo) Abascal aspira a seguir cimentado en la cita de este domingo, allí donde empezó todo, su reválida política. Todo ello antes de que el vigente ciclo electoral culmine el año que viene con las municipales y autonómicas de mayo y con las generales, se celebren esos comicios -Sánchez mediante- antes o después de los comicios locales.
Las encuestas, y pese a las previsiones algo peores para Vox desde hace meses, vaticinan que los de Abascal seguirán creciendo, aunque sea levemente. Según el sondeo de GESOP publicado este domingo por EL PERIÓDICO, lo hará con entre tres o seis escaños más que los alcanzados por Olona, ya hace tiempo fuera de Vox, en 2022. Aunque como entonces, si Moreno obtiene o no la mayoría absoluta será clave para saber en qué lugar se sitúa el partido la próxima legislatura. Hay tres opciones. La primera, que todo discurra como los últimos cuatro años, es decir, como un partido en la oposición aunque obviamente antagónico a los de la izquierda andaluza; la segunda que, como pretende Moreno, le otorguen un apoyo desde fuera para su investidura pero sin entrar en su Gabinete, como ya ocurre en Extremadura con María Guardiola y en Aragón con Jorge Azcón, y la tercera y última que Gavira se convierta en el vicepresidente de la Junta, el mismo cargo que ostentó entre 2018 y 2022 el entonces líder andaluz de Ciudadanos, Juan Marín. Lo que no ocurriría sin que el PP vuelva a firmar la «prioridad nacional» en materia migratoria que tanto rechazo ha provocado.
Solo un retroceso electoral, por pequeño que fuera, haría tambalearse algo en Vox, sacudido en los últimos meses por un movimiento de críticos con nulo poder en las estructuras orgánicas pero con mucho peso político y mediático. Un grupo en el que, además del citado Ortega Smith, destaca el ex portavoz parlamentario, Iván Espinosa de los Monteros, o el ex vicepresidente de la Junta de Castilla y León, Juan García-Gallardo, entre otros.
Por el contrario, subir en escaños y en porcentaje de votos sería un nuevo refrendo al camino de Abascal, mucho más si además vuelve a ser clave para la gobernabilidad de otra comunidad autónoma gobernada por la derecha. Un camino que empezó a cimentarse un domingo de diciembre de hace ocho años precisamente en Andalucía.
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