El caos que reina en el Real Madrid se explica con tres llamadas realizadas inmediatamente después de la pelea entre Tchouameni y Valverde el jueves. La primera, al corazón del vestuario. La segunda, a las oficinas del club. La tercera, al entorno de Florentino. Tres respuestas que dimensionan la deriva del club. Desde el vestuario apuntaban: «Valverde se lo buscó y Tchouameni lo mandó a dormir. Más de uno lo ha celebrado». Desde las oficinas el mensaje era otro: «Era lo que faltaba a Florentino para volver a traer a Mourinho». Y desde el entorno presidencial se ponía el foco en los despachos: «José Ángel ha recuperado protagonismo ante Laghrari y Florentino anuncia revolución en verano».
Nadie al volante del club ni del vestuario
El puñetazo de Tchouameni más que en el mentón de Valverde ha impactado en la mandíbula de cristal de un club abandonado a su suerte en la recta final de esta temporada. No hay nadie al volante en el vestuario, donde sus jugadores se autogestionan desde que Xabi perdió la batalla y se plegó a sus exigencias al ver la complicidad de Florentino con Vinícius. Arbeloa nunca fue tomado en serio ni por los jugadores ni por el presidente. Ni siquiera por el madridismo o por la prensa no afín al régimen del ‘Florentinato’.
Este domingo se cumple una vuelta de campeonato desde que Vinícius se fue despotricando de Xabi al ser sustituido por el tolosarra en el clásico del Bernabéu. El Real Madrid era líder con siete puntos de ventaja. Hoy llega sentenciado y dirigido por un Arbeloa servil que va a terminar su estancia en el banquillo blanco como la empezó: bailando el agua a sus futbolistas y a un club que le ha abandonado a su suerte en este desastroso final de curso. Pese a sus calculados elogios en sala de prensa, Arbeloa se siente traicionado por el vestuario y utilizado por el club. Pero han sido las derrotas las que le han despertado del sueño y le han confirmado algo que su impostado madridismo ya debía saber: ‘90 días en el Bernabéu son molto longos’.
Mourinho, a un paso
El Real Madrid acude al Camp Nou con la cabeza puesta en el verano, no en el clásico y mucho menos en el alirón azulgrana. La «revolución» que Florentino ha anunciado estos días a sus allegados tiene nombre y apellidos: José Mario dos Santos Mourinho Félix. Lo ocurrido entre Valverde y Tchouameni le ha reafirmado en su idea de recuperar al rotweiller portugués para instaurar el orden en un vestuario que Xabi calificó como «una guardería». El «ser superior» ha elaborado una lista de bajas entre las que aparecen el entrenador (Arbeloa), capitanes que no han ejercido de tal, como Dani Carvajal, o jugadores que han generado más ruido que fútbol como Raúl Asencio o Ceballos. A ellos se añaden Militao, Mendy y Alaba, amortizados por sus lesiones y la edad, y futbolistas como Mastantuono o Gonzalo, que enfilan su salida con fórmulas de cesión y traspaso con opción de recompra.
A eso se sumarán algunas sorpresas en forma de venta porque Florentino se ha cansado, en palabras del presidente, de «un vestuario que se ha llenado de pavos reales». Jugadores que no están a la altura de la camiseta y por eso planea la venta de futbolistas como Camavinga o Valverde, que está condenado y tras la pelea con Tchouameni solo puede ser salvado por Mourinho. En medio de este panorama emerge un clásico incómodo que Florentino ha obligado jugar a Mbappé, quien ya estaba de vacaciones en Cerdeña pensando en el Mundial. No estará Valverde, cuyo parte médico ha sido el único de la temporada con plazos de recuperación (los justos para no jugar más), pero sí un Tchouameni que se tiene el respeto del vestuario y del madridismo.
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