Prevenir el despilfarro de alimentos es tan antiguo como el mismo acto de cocinar. «No estamos inventando la pólvora, lo que hacemos es, en definitiva, recuperar usos de toda la vida, darle una segunda vida a esos productos», reflexiona Juan Ángel Martín, director para España y Portugal de la compañía francesa Comerso, que presta servicios de gestión de productos no vendidos (lo que se define como ‘invendus’ en francés) a empresas alimentarias como Carrefour, Danone o Vicky Foods. Comerso es un ejemplo de negocio que se ha hecho grande bajo el paraguas de las leyes contra el despilfarro alimentario. También lo son plataformas tan populares como Too Good to Go o los nuevos formatos de supermercados que comercializan productos con fecha de consumo preferente cercana, como Sqrups o PrimaPrix, presentes cada vez en más ciudades.
Y aunque los ejemplos no paran de crecer, no son tantos los emprendedores que han enfocado sus proyectos en la misma raíz del problema: el campo. «Nosotros teníamos claro que había que encontrar una solución para toda aquella fruta y toda aquella verdura que se descarta simplemente porque es fea, porque no reúne los requisitos estéticos de la gran industria, pese a que sigue siendo de primera calidad», explica Marc Ibós, cofundador de TalKual, una compañía con sede en Bellpuig (Lleida), que el año pasado facturó cinco millones de euros vendiendo a través del canal ‘on line’ cajas con alimentos que no cumplen los estándares estéticos. «Nuestros clientes pueden elegir, a través de la web, el tamaño de la caja que quiere que le enviemos a casa y, llegado el caso, descartar alguno de los productos que se le ofrecen», detalla Marc Aldomà, el otro cofundador de la empresa.
Una mujer muestra unas naranjas descartadas para la industria alimentaria convencional, pero que pueden ser aprovechadas. / MANU MITRU / EPC
La empresa, en la que actualmente trabajan 42 personas, compra los sobrantes de productores agrarios de Lleida, de Almería, de Murcia, de Zaragoza y de Sevilla, entre otras provincias, y con ellos confecciona una oferta de frutas y verduras de temporada a la que recientemente han añadido también zumos, salsas de tomate, miel o almendras tostadas, en estos casos siempre de proximidad. «Lo que se vende en nuestras cajas son productos sanos, aptos para el consumo y, además, de muy buen sabor… La única pega que tienen es que no son ‘bonitos’ a la vista«, subraya Ibós, que se animó a poner en marcha el negocio mientras trabajaba con su padre, un fruticultor con fincas en Barbens (Lleida).
La empresa empezó a funcionar en el verano de 2019, «justo a las puertas de la pandemia de covid-19, pero eso, en contra de lo que se pueda pensar, incluso nos favoreció, porque la gente se animó a comprar por internet y a hacer pedidos ‘on line’, que es justamente a lo que nos dedicamos», destaca Aldomà. En estos momentos, TalKual cuenta con una lista de suscriptores formada por más de 7.800 hogares y más de 250 empresas, a las que suministra fruta fresca para que la consuman sus empleados en el lugar de trabajo. «Tenemos como clientes, por ejemplo, a Décathlon y Media Markt», señalan los dos empresarios, que esperan terminar este 2026 con unas ventas por encima de los 6,5 millones de euros.
Mermeladas y compotas
En el obrador de És Im-perfect, ubicado en una nave recién estrenada en El Prat de Llobregat (Barcelona), se preparan compotas de manzana o de pera, mermeladas de naranja con calabaza, de limón y de cebolla, patés de alcachofa y cremas de verduras a partir de excedentes que los agricultores no venden a la industria alimentaria convencional. «Trabajamos normalmente con productores locales, que nos venden frutas y hortalizas que para ellos supondrían una merma, sobre todo las que no tienen el tamaño o la forma estándar para ser puestas a la venta», explicaba hace unos meses Agustina Martínez-Vivot, educadora social del proyecto, en una visita a las instalaciones.

Una trabajadora de És Im-Perfect envasa un bote de compota de manzana, en las antiguas instalaciones de la empresa en El Prat de Llobregat. / MANU MITRU / EPC
En 2024, la firma trató con 158 toneladas de productos frescos y los transformó en 664.933 botes de mermeladas, patés, salsas y cremas que comercializó bajo su propia marca. «Como somos también una empresa guiada por la justicia alimentaria, tenemos los precios congelados desde hace tiempo», subrayaba Martínez-Vivot. Más de 303.000 de sus compotas se destinaron a entidades sociales que atienden a personas vulnerables.
És Im-perfect, igual que su empresa madre, la Fundació Espigoladors, no hace más que, en el fondo, recuperar antiguos usos, recuperando y dando una segunda vida a los alimentos. Su relación con los consumidores finales se basa en «buscar complicidades, de ayudarles a decidir qué compran y cómo lo compran».
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