El Bernabéu en diciembre y el Metropolitano en mayo. El Celta logró ayer un histórico triunfo ante el Atlético de Madrid que le ancla en la sexta posición con 50 puntos para aumentar sus opciones de repetir en las competiciones europeas por segundo año consecutivo. El espectacular gol de Borja Iglesias, tras una asistencia de Williot Swedberg, permitió a los célticos sumar la primera victoria en el nuevo estadio rojiblanco, en un partido en el que se apoyó en una gran actuación de Andrei Radu y supo aprovechar la baja forma del equipo de Diego Simeone. Esta victoria hay que valorarla también porque hacía casi dos décadas que los celestes no sorprendían a los rojiblancos en su campo en la máxima categoría. De hecho, desde su último regreso a Primera, solo había obtenido cuatro empates ante este rival en Madrid. Pero con Claudio Giráldez al mando todo parece más sencillo. De hecho, el porriñés había firmado dos igualadas y un par de derrotas por la mínima en los cuatro duelos ante su homólogo argentino. Ayer, por fin logró la victoria ante un Atlético de Madrid que careció de contundencia en el área de un Radu que fue el más destacado de su equipo, firmando una gran intervención ante un excelente remate de tacón de Sorloth.
Cuando restan nueve puntos por disputarse, el Celta afronta la recta final del campeonato con más opciones de jugar otro año seguido en Europa, algo que no se producía desde hace dos décadas, con Fernando Vázquez. El actual vuelve a cosechar excelentes resultados en la capital madrileña, donde no ha perdido en las cuatro visitas que realizó este curso y donde cerró el anterior con una victoria en Getafe que le valió la plaza para la Liga Europa.
Para sumar la victoria de ayer, los célticos solo necesitaron un remate entre los tres palos. Efectividad plena ante un rival que fue incapaz de superar a Radu pese a realizar diecinueve disparos, aunque apenas unos cuantos llevaron peligro. Y entonces aparecía engrandecida la figura de un Radu que pudo celebrar también una nueva portería a cero, que no se producía desde la victoria en Vigo ante el Mallorca, a finales de febrero, con Starfelt como comandante de la línea de defensiva. Ayer, Yoel Lago, Javi Rodríguez y Marcos Alonso realizaron un gran trabajo para neutralizar a rematadores tan consumados como Griezmann, Sorloth o Lookman. Y a la hora de juego, el Celta encontró a sus tres delanteros para dar un golpe mortal a los de Simeone. Williot recogió un pase de Pablo Durán para filtrar una asistencia entre dos rivales para Borja Iglesias. El compostelano, escorado a la izquierda, se encontró con la salida de Oblak y con un delicado y fino toque elevó el balón por encima del portero esloveno para firmar una obra de arte, su decimocuarto gol en la Liga que le mete de lleno en la pelea por el Trofeo Zarra en competencia con Lamine Yamal, Ferran Torres y Mikel Oyarzabal. Todos ellos serán, muy probablemente, compañeros en la selección española que participará en el Mundial a partir de mediados de junio.
A la cita del Metropolitano, en una tarde lluviosa, el Celta se presentó con parsimonia, como imaginando que le esperaba un partido largo, que se resolvería en los minutos finales. Tampoco ayudaba a los futbolistas el estado del terreno de juego, que dificultaba los controles y la circulación del balón. Así, los de Giráldez se pusieron a jugar a velocidad de crucero, esa que penaliza tanto en Europa cuando te encuentras con equipos tan físicos y veloces como el Friburgo. En el Metropolitano, al menos, a los célticos le dio para pasar el primer tiempo sin grandes apuros, a pesar de la demoledora estadística que contabilizaba diez tiros del Atlético de Madrid por ninguno de los celestes. Aunque la realidad matizaba esos datos, pues solo un disparo de Lookman sin apenas ángulo se estrelló en la cruceta de la portería de Radu cuando el rumano no había dejado ningún resquicio para que el balón traspasase la línea de gol. Los dos lanzamientos entre los tres palos, de Griezmann y de Sorloth, los detuvo sin problemas el guardameta del Celta, que en la reanudación firmó la intervención de la tarde. Baena centró desde la derecha y Sorloth remató de tacón a menos de dos metros del guardameta céltico, que reaccionó al instante para estirarse y mandar el balón a saque de esquina.
En el otro área, Oblak solo había tenido que seguir con la mirada un remate alto de Moriba, después de que el árbitro se dignase a señalar la primera falta a favor de Borja Iglesias en el minuto 48. No tiene suerte el compostelano con los colegiados, que suelen pasar por alto los continuos agarrones y empujones que recibe el máximo goleador del Celta.
En el minuto 61, Borja Iglesias aprovechó el gran pase de Williot –el sueco suma ocho asistencias y nueve goles este curso– para silenciar un Metropolitano que se mostró resignado pese a que su equipo cerrará otra temporada sin ganar nada y que tendrá que defender el cuarto puesto en lo que resta de competición. Pero el ‘cholismo’ apenas se discute. Ayer, el argentino allanó el camino del Celta hacia la victoria. Tras el tanto de Borja Iglesias, sacó del campo a Baena, el más destacado de su equipo y que había puesto en serio peligro a los célticos apareciendo por el costado derecho o poniendo buenos centros al área. Es más, obligó a Giráldez a recurrir a Carreira para cerrar el carril izquierdo de su equipo. Dos minutos después de la aparición del vigués en el partido, Simeone mandaba al banquillo a Baena y el Atlético comenzaba a renunciar a impedir que el Celta sumase su primera victoria en el Metropolitano.
El joven Miguel Cubo fue, junto a Sorloth, el único que puso en aprietos a la zaga celeste, que se defendió con orden y contundencia en los momentos de mayor acoso de un Atlético de Madrid que dominó la posesión pero le faltó acierto para evitar la derrota. Cubo remató cruzado y el balón pasó rozando el palo de Radu, que despejó un remate de cabeza del joven futbolista rojiblanco. El Celta, sin embargo, supo defender en bloque bajo y conservar durante media hora la ventaja del gol de Borja Iglesias, que vale un récord de puntos como visitante: 30 cuando aún resta la visita a San Mamés para cerrar otro excelente curso.













