El crucero MV Hondius con un brote de hantavirus atracará el próximo sábado en el puerto tinerfeño de Granadilla de Abona y los pasajeros extranjeros serán evacuados a sus países de origen y los 14 españoles a Madrid. El doctor Luis Franco, inmunólogo y profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, responde a este periódico las cinco claves sobre cómo se aplicará el protocolo sanitaria a la llegada del crucero a nuestro país.
¿Cómo se decide quién debe ser aislado y quién debe entrar en cuarentena?
Ante un brote de esta magnitud en un espacio confinado como el MV Hondius, la primera gran decisión de las autoridades sanitarias es trazar la línea de contención:
Por un lado, el aislamiento es la medida de choque. Se aplica de forma estricta y exclusiva a aquellas personas que ya muestran síntomas clínicos compatibles con el hantavirus, o bien a aquellos pacientes cuyo diagnóstico por infección activa ya ha sido confirmado. Es decir, se aísla la amenaza comprobada para tratarla de forma segura y evitar que se transmita a las personas sanas.
Por otro lado, la cuarentena actúa como un escudo preventivo y se aplica a los contactos. Se utiliza para monitorizar a aquellas personas que no presentan síntomas, pero que podrían estar en pleno periodo de incubación del virus tras una exposición de riesgo. Al mantener a este grupo bajo vigilancia y separado del resto, los epidemiólogos se aseguran de que, si desarrollan la enfermedad días después, el brote quede encapsulado. Esta barrera es absolutamente vital: es la única forma de evitar que la infección se propague de forma silenciosa a través de personas asintomáticas o pacientes con síntomas iniciales muy leves que aún no han hecho saltar las alarmas médicas.
¿Cuál debería ser el protocolo a la llegada del crucero a Canarias?
Antes de autorizar cualquier movimiento de desembarco, la medida más urgente es trazar la cadena de contagios. El plan de actuación cambia radicalmente dependiendo de cómo se esté propagando el patógeno. Básicamente, se manejan dos grandes hipótesis:
El escenario del «paciente cero» (que por el momento parece la hipótesis principal): Todos los indicios apuntan actualmente a que una persona se infectó en tierra firme antes de embarcar. Dada la excepcionalidad de la variante Andes, este paciente habría desencadenado la transmisión del virus de persona a persona dentro del buque. Bajo este escenario, si se confirma que la transmisión es exclusivamente humana, la prioridad absoluta es aislar clínicamente a todos los contactos cercanos y a los sintomáticos.
Para el resto de la tripulación y el pasaje, los protocolos dictaminan mantener una cuarentena y una vigilancia estricta durante el periodo máximo de incubación —que puede prolongarse algo más de un mes— para detectar si el virus finalmente se manifiesta. La vital importancia de acatar estos plazos preventivos ha quedado en evidencia en los últimos días: ya han aflorado casos secundarios fuera del propio barco, protagonizados por pasajeros que desembarcaron previamente y regresaron a sus países de origen, como demuestra el reciente positivo confirmado en Suiza.
El escenario del vector a bordo: La segunda posibilidad es que el contagio provenga directamente del reservorio natural del virus; es decir, que haya roedores infectados circulando por las bodegas, cocinas o conductos del barco. Si este fuera el caso, el abordaje requiere una erradicación inmediata de la plaga antes de reanudar cualquier actividad.
Al margen de cuál sea el origen exacto del brote, hay un denominador común innegociable en el protocolo: la desinfección exhaustiva. Limpiar y esterilizar a fondo todas las superficies del barco, prestando especial atención a los camarotes y áreas comunes que hayan estado en contacto con los infectados, es el paso primordial para garantizar que el MV Hondius vuelva a ser un espacio seguro.
¿Hay riesgo para los trabajadores del puerto y la población de Canarias?
Para responder con rigor, hay que entender que el riesgo depende directamente de la cepa. Históricamente, el hantavirus no se transmite entre humanos, pero la ruta del MV Hondius nos da una pista crucial. Dado que el foco original se sitúa en la región de la Patagonia, todas las sospechas epidemiológicas apuntan hacia el virus de los Andes. Esta variante, cuyo vector natural es el ratón colilargo, es la única en el mundo que ha documentado transmisión de persona a persona a través de gotas respiratorias y el contacto directo con fluidos.
Actualmente, los laboratorios están secuenciando el patógeno y aún no hay confirmación oficial. Sin embargo, en salud pública no podemos especular; este escenario nos obliga a hacer las cosas bien desde el minuto cero y asumir que estamos ante la cepa Andes.
Esto nos dibuja un mapa de riesgos muy acotado. El virus tiene capacidad de contagio, sí, pero exclusivamente para los contactos más estrechos. Esto significa que existe un riesgo real para los propios turistas del barco, para el personal sanitario que los atienda, para los trabajadores del puerto y, con especial criticidad, para los equipos que entren a desinfectar el buque. Todos ellos deberán trabajar bajo protocolos de protección biológica máxima.
No obstante, es vital lanzar un mensaje contundente contra el alarmismo: este virus tiene muy poco o nulo potencial pandémico. No se transmite como un resfriado común caminando por la calle. Por tanto, mientras que los profesionales que operan en primera línea estén protegidos y actúen siguiendo protocolos estrictos, la población de Canarias y la ciudadanía en general pueden estar completamente tranquilas. No hay riesgo para la salud pública fuera de ese cordón sanitario.
¿Qué procedimientos de desinfección se aplican antes de permitir su actividad?
Para que el MV Hondius pueda recuperar su actividad normal, el proceso de descontaminación debe ser minucioso. La ventaja con la que contamos en este punto es la propia biología del patógeno: el hantavirus posee una envoltura lipídica. Esto significa que, aunque puede llegar a resistir varios días activo sobre distintas superficies, tiene un claro talón de Aquiles frente a la química básica, siendo afortunadamente muy sensible a desinfectantes comunes como la lejía.
El protocolo de limpieza y aseguramiento del buque se articula en tres fases:
- Ventilación exhaustiva: Antes de que los equipos de limpieza pongan un pie en el interior para sanear a fondo, es obligatorio ventilar todas las cabinas y espacios cerrados. Dado que el hantavirus tiene capacidad de transmisión por aerosoles (partículas víricas que quedan suspendidas en el aire), forzar una ventilación cruzada y renovar el ambiente a través de sistemas de filtrado HEPA es el primer paso vital para despejar la carga viral ambiental.
- Desratización y certificación: Atendiendo al origen zoonótico del virus, Sanidad Exterior exigirá una inspección exhaustiva para descartar cualquier presencia de roedores a bordo. Se colocarán trampas estratégicas y se sellarán las posibles vías de entrada hasta que las autoridades puedan declarar el barco como «libre de vectores». Es importante subrayar que este paso no requiere un despliegue extraordinario y debe llevarse a cabo por estricta precaución, incluso si finalmente se confirma que el paciente cero contrajo la infección fuera del barco.
- Limpieza «en húmedo»: Esta es la regla de oro del operativo. Debe estar terminantemente prohibido barrer o aspirar en seco en el interior del crucero. Hacerlo supondría un riesgo, ya que levantaría al aire el polvo potencialmente contaminado con restos microscópicos de heces u orina de ratón. Por ello, los operarios acceden equipados con trajes de protección biológica integral y mascarillas FFP3 (que filtran el 99% de las partículas respiradas). Su labor consiste en empapar las superficies con soluciones de hipoclorito sódico (lejía al 10%) o desinfectantes de grado hospitalario, dejar que el químico actúe el tiempo necesario y, finalmente, recoger la humedad con material desechable.
¿Cuánto tiempo puede quedar inmovilizado el barco?
A la hora de calcular cuándo podrá volver a navegar el MV Hondius, es fundamental separar los tiempos logísticos de los tiempos médicos. Desde un punto de vista estrictamente técnico, el buque podría estar completamente limpio y desinfectado en cuestión de un par de semanas. Sin embargo, el reloj epidemiológico de la cuarentena no lo marcan los productos químicos, sino el último contacto de riesgo. Y en este sentido, el hantavirus tiene un periodo de incubación francamente traicionero.
El periodo de incubación habitual del hantavirus oscila entre una y cinco semanas, aunque la literatura médica recoge casos excepcionales donde se ha extendido hasta casi ocho semanas. La complejidad de este brote radica en la posible presencia de la variante Andes. Si se confirma la transmisión de persona a persona, las reglas del juego son muy estrictas: el contador de la cuarentena para la tripulación o los pasajeros que permanezcan aislados se reiniciará a cero cada vez que aparezca un nuevo positivo.
Por su parte, los trabajos puramente operativos (la desinfección física integral, la desratización preventiva y las exhaustivas inspecciones por parte de Sanidad Exterior y la OMS) requerirán probablemente entre dos y cuatro semanas, a contar desde el momento en que los pasajeros de riesgo sean evacuados.
Por lo tanto todo apunta a que el MV Hondius no volverá a recibir turistas a corto plazo. La embarcación permanecerá inmovilizada hasta que se logre superar el periodo máximo de incubación sin que afloren nuevos casos entre la tripulación. Solo entonces se podrá emitir un certificado oficial de libre circulación internacional y tanto las autoridades sanitarias como las compañías aseguradoras darán luz verde. En términos comerciales, esto significa un varapalo para la compañía: el crucero quedará fuera del circuito turístico durante, como mínimo, un par de meses.












