Circular sobre una calzada mojada es uno de los escenarios más críticos a los que se puede enfrentar cualquier conductor. Cuando las precipitaciones son intensas, aparece el riesgo de sufrir aquaplaning, un fenómeno físico que en cuestión de segundos puede hacer que se pierda por completo el control del vehículo.
Para evitar este peligro, el neumático juega un papel decisivo, ya que es el único elemento encargado de evacuar el agua acumulada entre la cubierta y el asfalto a través de su banda de rodadura.
Una cuestión de milímetros
La banda de rodadura es la zona de la rueda que permanece en contacto directo con la carretera. Su diseño y sus canales están específicamente desarrollados para expulsar el agua hacia los lados, garantizando la adherencia. Dependiendo del dibujo y del compuesto, el rendimiento varía: por ejemplo, las cubiertas All Season (todo tiempo) o las de invierno muestran una mayor eficacia bajo la lluvia o la nieve.
El problema principal surge con el desgaste. A medida que la profundidad del dibujo disminuye, la capacidad de evacuar el agua se reduce drásticamente. Cuando la rueda no da abasto, el vehículo comienza a «flotar» sobre una fina película líquida, perdiendo de golpe la tracción, la dirección y la capacidad de frenado. No obstante, conviene recordar que el aquaplaning también puede aparecer con neumáticos nuevos si la velocidad es excesiva o si se atraviesa una balsa de agua demasiado profunda.
Circular sobre una calzada mojada es uno de los escenarios más críticos a los que se puede enfrentar cualquier conductor / Bridgestone
Claves esenciales para prevenir el problema
Aunque no siempre se pueden predecir las condiciones de la vía, existen una serie de hábitos de mantenimiento y conducción que minimizan el riesgo significativamente:
- Vigilancia del dibujo: Comprobar regularmente la profundidad de la goma y que el desgaste sea uniforme utilizando los testigos de la propia cubierta.
- Presión correcta: Llevar las ruedas con las presiones recomendadas por el fabricante, ya que rodar desinflado reduce la capacidad de evacuación.
- Moderar la velocidad: Adaptar el ritmo a la cantidad de agua presente en la calzada, especialmente al cruzar zonas propensas a acumular balsas.
- Distancia de seguridad: Aumentar el espacio con el vehículo precedente para tener mayor capacidad de reacción y evitar maniobras bruscas como volantazos o frenazos.
- Desactivar el control de crucero: En superficies deslizantes es fundamental que el conductor gestione el acelerador de forma directa con el pie.
Protocolo de actuación si el vehículo pierde el control
Si a pesar de las precauciones el coche entra en aquaplaning, lo más importante es mantener la calma y evitar las reacciones de pánico. Los expertos señalan que bajo ningún concepto se debe dar un frenazo seco ni mover el volante de forma violenta.
La recomendación técnica es sujetar el volante con firmeza, mantener la dirección lo más recta posible y levantar el pie del acelerador con suavidad para que el coche pierda velocidad por la propia resistencia del agua. Una vez que las ruedas recuperen el contacto con el asfalto seco, el vehículo puede reaccionar con un pequeño latigazo, por lo que resulta fundamental continuar maniobrando de forma progresiva hasta recuperar la normalidad.













