el tenis refleja las heridas de una guerra abierta

Cuatro bolas de partido necesitó Marta Kostyuk para convertirse en la nueva reina del Mutua Madrid Open (6-3, 7-5). La pelota de la rusa Andreeva se marchó larga y ahí Kostyuk se desvaneció sobre la tierra batida de la Caja Mágica envuelta en lágrimas. Pura emoción.

La ucraniana se quedó unos segundos tendida sobre la arcilla, se levantó, lo celebró… y se fue directamente a tenderle la mano al juez de silla. Ni una mirada cruzada con su rival, ni hablar de darle la enhorabuena por su torneo o fundirse en un apretón. Después, un salto mortal hacia atrás y a seguir la celebración.

No es nada nuevo. Kostyuk, natural de Kiev, es desde hace tiempo quien enarbola la bandera de la rebelión de las tenistas ucranianas contra las rusas y las bielorrusas. Es el reflejo de una guerra que sigue viva cuatro años después.

Desde que estalló el conflicto bélico por la invasión de Rusia sobre territorio ucraniano, la número 23 del mundo se convirtió en una de las voces más reivindicativas del circuito. Las rusas y las bielorrusas siguen compitiendo sin bandera, pero eso no es suficiente para ella.

Para Kostyuk toda aquella que no se posicione clara y abiertamente contra la guerra y sus consecuencias es cómplice y, por lo tanto, no merece su respeto. Dos veces lo ha escenificado en este Mutua, la última y más sonada, precisamente tras ‘plantar’ a Andreeva en la gran final.

Una postura muy clara

Han pasado ya tres años desde la primera vez que Kostyuk evidenció su malestar al enfrentarse a una rival de nacionalidad rusa o bielorrusa.

Sucedió en uno de los mayores escaparates del mundo, Roland Garros, cuando precisamente se negó a saludar a Aryna Sabalenka, bielorrusa y actual número 1 del mundo. Por entonces, en 2023, el público parisino no entendió bien la situación e incluso abucheó a la propia Kostyuk pensando que se trataba de una conducta de mala educación.


La ucraniana Marta Kostyuk, campeona del Mutua Madrid Open 2026.

REUTERS

La ucraniana lo aclaró posteriormente todo. «Que diga con quién va. Yo nunca he dicho que la odie, pero evidentemente no la respeto. Han pasado 15 meses desde que empezó todo y ningún ruso o bielorruso se ha interesado por mi situación», comentó.

Previamente, en el US Open de 2022, protagonizó un anticipo de lo que estaba por venir cuando tan sólo chocó su raqueta con la también bielorrusa Victoria Azarenka.

Kostyuk da un salto mortal durante su celebración en Madrid.


Kostyuk da un salto mortal durante su celebración en Madrid.

EFE

Kostyuk siempre ha dejado claro que no se trata de una postura personal contra sus contrincantes rusas o bielorrusas. Es su mayor forma de dar altavoz a las penurias que está pasando su pueblo desde la invasión, su manera de denunciar que el conflicto sigue vivo.

Si una tenista de estos dos países no se posiciona abiertamente y con la claridad necesaria contra la guerra, Kostyuk siempre se negará a saludarla.

Desde París hasta Madrid

El episodio de la final de Madrid no es ni mucho menos algo nuevo. La secuencia de Kostyuk marchándose de la pista sin saludar a una rival rusa o bielorrusa se ha convertido, de hecho, en algo más o menos frecuente durante los últimos años.

En París 2023 comenzó todo, pero con tantas tenistas en el circuito procedentes de Rusia o de Bielorrusia es complicado que Kostyuk no se cruce con alguna de vez en cuando. Y la mayoría, para ellas, no han condenado la guerra con suficiente energía.

El año pasado, durante la gira de tierra batida Kostyuk se vio en dos ocasiones las caras con Aryna Sabalenka. Una de ellas, precisamente, en Madrid. La otra, en Roma.

Kostyuk celebra su triunfo en Madrid.


Kostyuk celebra su triunfo en Madrid.

REUTERS

En ambas ocasiones la ucraniana le negó el saludo a la bielorrusa, algo que ya no cogió de nuevas a la número 1 del mundo.

Más rivales rusas han experimentado la misma situación en los últimos tiempos, pero siempre los cruces más ‘sonados’ han sido con Sabalenka. Como el de inicio de este año en la final de Brisbane.

Allí, en el discurso oficial, Kostyuk volvió a endurecer su discurso: «Juego cada día con dolor en el corazón. Miles de personas en Ucrania ahora mismo no tienen luz ni agua caliente, y afuera hay -20 grados. Es muy doloroso vivir esta realidad cada día. Mi hermana duerme bajo tres mantas porque hace mucho frío en casa».

Madrid ha vivido en primera persona los dos últimos ‘no saludos’ de Kostyuk. El primero a Potapova en las semifinales, rusa nacionalizada austríaca, el segundo a Andreeva en la gran final. Kostyuk seguirá con su postura hasta que no se termine la guerra.



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