Las casi 15.000 almas que abarrotaron Vallecas ni los futbolistas del Rayo Vallecano olvidarán nunca la noche mágica que les acercó a la primera final europea de su historia. El Rayo, el equipo del «barrio más grande de Europa», se llevó el primer asalto de las semifinales de la Conference League tras superar por la mínima al Estrasburgo (1-0).
Alemão fue el héroe de los madrileños. El brasileño, con un testarazo inapelable en los primeros minutos de la segunda parte, asestó el primer golpe de la eliminatoria a un cuadro francés que como en los cuartos de final tendrá que remontar ante su gente.
No será tarea fácil para el Rayo. Sin embargo, la mitad del trabajo está hecho. Muchas de las opciones de alcanzar la final pasaban por sacar ventaja de Vallecas y así lo hicieron en un encuentro muy parejo que se acabó decantando por el gran trabajo colectivo de los de Iñigo Pérez en los segundos 45 minutos.
Ratiu, durante el partido contra el Estrasburgo.
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Y es que fue ahí el momento en el que el Rayo Vallecano recuperó su seña de identidad. Después de un primer acto algo timorato, imprimieron un extra de energía tras el paso por los vestuarios e incluso acabaron perdonando al Estrasburgo. El 1-0 fue justo, pero no hubiera sido descabellado una diferencia mayor.
Máximo respeto
Ninguno de los dos equipos se había visto antes en estas lides. Unas semifinales europeas que invitaban a no arriesgar y cometer errores en una eliminatoria a ida y vuelta. Y así es como discurrió la primera parte en Vallecas. El Rayo y el Estrasburgo parecieron firmar un armisticio, no hacerse daño y dejar que fuera el pasar de los minutos lo que fuera decantando la balanza de un lado a otro.
Y eso que los de Iñigo Pérez salieron con el cuchillo entre los dientes con el pitido inicial, pero cuya intensidad fue disminuyendo con el transcurso del juego. Los franceses, dotados de futbolistas con mucha calidad individual, tomaron el control ante un cuadro vallecano que no logró apenas transitar con peligro en los primeros 45 minutos.

Pathe Ciss pugna un balón con Martial Godo.
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Robaban, pero lo hacían muy lejos de su portería y sin capacidad de sumar hombres a la causa en los contragolpes. Los mejores minutos llegaron cuando Ratiu y Chavarría, piezas claves del sistema del Rayo, cogían altura y amenazaban en campo contrario. Algo que ocurrió en pocas ocasiones.
El ritmo de juego no fue alto. Muchos parones y poco fútbol que llevó a que ninguno de los dos guardametas tuviera trabajo en la primera mitad. Únicamente un disparo lejano de Chilwell y otro de Chavarría, ambos desviados, fueron lo único rescatable de un primer acto donde el respeto se impuso a todo lo demás.
Cambio de guion
Debía cambiar cosas el Rayo tras el descanso y eso fue precisamente lo que hizo. Ahora sí se vio a un equipo reconocible que encerró al Estrasburgo en su área y, llevados en volandas por su afición, comenzaron inquietando a la portería defendida por el gigante belga Penders.
De hecho, a las primeras de cambio llegó el tanto de los de Iñigo Pérez. Un córner botado con sutileza por Isi directo al primer palo donde apareció la figura de Alemão quien, con un escorzo y un cabezazo prácticamente de espaldas, envió el cuero al palo largo acabando en el fondo de las mallas.
Alemao celebra su gol contra el Estrasburgo.
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Estalló de alegría Vallecas y eso espoleó a un Rayo que no contemporizó y fue directo a por el segundo gol. Y cerca estuvo de hacerlo en el 54′. De nuevo a la salida de un córner, pero esta vez con un cabezazo de Lejeune que se topó con una mano prodigiosa de Penders.
No cesó el Rayo. Ilias disparó cerca del poste desde la frontal y Lejeune tuvo de nuevo el gol en su testa en una acción clarísima. Isi botó un saque de esquina al punto de penalti y allí apareció el francés totalmente solo, pero remató al medio topándose con las manos del portero belga del Estrasburgo.
Los madrileños le perdonaron la vida al Estrasburgo en la segunda parte. Pudieron irse a Francia con un botín mucho mayor, pero sus malas decisiones en la finalización lo impidieron. Todo está abierto, pero el Rayo está más cerca que nunca de la primera final europea de su historia.











