El presidente estadounidense, Donald Trump, no está satisfecho, según fuentes estadounidenses, con la última propuesta realizada por Irán para terminar con la guerra en Oriente Medio, que empezó hace justo dos meses, el 28 de febrero, cuando Israel consiguió asesinar por sorpresa al entonces líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí.
Este plan de paz, presentado el sábado durante la visita del ministro de Exteriores iraní, Abbás Araghchi, a Pakistán, prevé tres fases. Primero, firmar un final definitivo de las hostilidades para después, en segunda instancia, garantizar el levantamiento del bloqueo impuesto por ambos países en el estrecho de Ormuz, por donde pasaba antes del conflicto el 20% del total mundial del comercio de crudo y gas. Solo después de todo esto Irán y EEUU entrarían a negociar sobre el programa nuclear iraní y el futuro de los 440 kilos de uranio altamente enriquecido que posee la República Islámica. Washington reclama que Teherán entregue este material, ya a un nivel muy cercano al necesario para desarrollar la bomba atómica. Según las estimaciones de la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA), Irán posee uranio suficiente como para armar 10 bombas.
«No negociaremos a través de la prensa. Hemos sido muy claros desde el inicio sobre cuáles son nuestras líneas rojas«, dijo la madrugada de este martes la portavoz de la Casa Blanca, Olivia Wales. Estas líneas rojas han sido puestas constantemente por Trump: Irán no puede tener el arma nuclear, ni puede enriquecer a niveles cercanos a los necesarios para hacerla. El país persa, en el último año, llegó a desarrollar uranio a un 60% de pureza. Para la energía nuclear de uso civil, apenas se necesita un 3%.
Negociaciones encalladas
Desde el fin de semana, cuando Trump canceló el viaje de su jefe negociador, Steven Witkoff, y su yerno, Jared Kushner, a Islamabad, las negociaciones han pasado a una fase de limbo en el que no está claro si habrá otra ronda de conversaciones cara a cara.
Pakistán, sin embargo, asegura que el intercambio de mensajes entre Washington y Teherán continúa, aunque las perspectivas son agrias. La guerra, dos meses después de su inicio, ha quedado suspendida, sin bombardeos ni ataques pero tampoco solución a la vista.
Ormuz sigue cerrado —muy a pesar de la salud de la economía mundial—, y EEUU e Irán mantienen sus enormes distancias sobre todo en el estatus futuro del estrecho, compartido por Teherán con Omán, y el programa nuclear. La República Islámica asegura que su uranio enriquecido es su «patrimonio nacional», y que el enriquecimiento es su «derecho soberano». Aun con todo, ni Trump ni el liderazgo iraní ha mostrado en los últimos días demasiado apetito para volver a las hostilidades.
«Trump pidió negociaciones porque EEUU no consiguió ninguno de sus objetivos durante la guerra. Estamos estudiando la petición», dijo este lunes Araghchi desde San Petersburgo, donde se encontró con el presidente ruso, Vladímir Putin.
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