Un solitario gol de penalti-córner de Nico Laplaza, a once minutos del final, otorgó al Real Club de Polo de Barcelona su trigésimo tercer título de la Copa del Rey tras imponerse por 0-1 al Atlètic Terrassa en la final disputada en las instalaciones del Junior FC.
En la reedición de la última final liguera, el gran dominador histórico del torneo decano del hockey hierba volvió a imponer su jerarquía. Le bastó una acción de estrategia para decantar un duelo cerrado y recuperar el cetro copero dos años después.
Como se preveía, la final fue un ejercicio de equilibrio y tensión táctica. Dos equipos que se conocen al detalle minimizaron riesgos y concedieron muy poco, con ocasiones contadas y un peso creciente de los porteros, que sostenían el pulso y parecían empujar el desenlace hacia los ‘shoot-out’.
Acción del encuentro en Sant Cugat / David Ramirez
Pero el partido encontró su punto de inflexión en el minuto 49. En un penalti-córner, el Polo confió en la ejecución de Laplaza, que no falló y transformó la acción para firmar el 0-1 y encarrilar el título.
A partir de ahí, el conjunto barcelonés tiró de oficio, temple y control para enfriar el ritmo y proteger su ventaja. Líder invicto en la liga, el Polo gestionó las posesiones con inteligencia ante un Atlètic Terrassa voluntarioso, que buscó el empate con más ímpetu que claridad, pero sin éxito.
El pitido final confirmó el triunfo del Polo, que releva en el palmarés al Club de Campo y amplía su leyenda en la competición.
En el partido por el tercer puesto, el propio Club de Campo, apeado en semifinales por el Atlètic Terrassa (2-1), se rehízo para asegurar la tercera plaza tras imponerse al Sanse Complutense con goles de Álvaro Iglesias y Daniel Schellinger (2-0).














