Diez años después del referéndum que abrió la puerta al Brexit, la relación comercial entre Castellón y Reino Unido ya no tiene la intensidad de antes. La salida británica de la Unión Europea (UE) no ha conseguido romper los vínculos económicos con la provincia, pero sí ha dejado un escenario más complejo para las empresas exportadoras, obligadas a operar con más trámites, mayores controles fronterizos y unos costes superiores que cuando Reino Unido formaba parte del espacio comunitario.
El cambio no fue inmediato. Aunque el Brexit se aprobó en verano del 2016 y Reino Unido abandonó formalmente la UE el 31 de enero de 2020, el periodo transitorio retrasó sus efectos comerciales hasta 2021. A partir de entonces, las empresas empezaron a notar con más claridad las consecuencias de trabajar con un país ya fuera del mercado único.
En Castellón, el golpe se percibe sobre todo al comparar las cifras actuales con los máximos alcanzados antes de que se consolidara la ruptura. En 2025, la provincia exportó a Reino Unido productos por valor de 412,48 millones de euros, una cantidad que supone una leve mejoría respecto al año anterior (en 2024 los envíos alcanzaron los 406,20 millones), pero que sigue muy por debajo de los 630,1 millones registrados en 2019, el mejor ejercicio de la serie.
Si se comparan los datos de ahora con los de hace seis años, la diferencia resulta significativa: Castellón vende al mercado británico productos por valor de 218 millones de euros menos que en aquel ejercicio récord. En términos relativos, el retroceso ronda el 34,6%. No obstante, el Brexit no es la única explicación. La evolución del comercio exterior con Reino Unido también se ha visto condicionada por la inflación, el alza de los costes, la debilidad de la construcción y el menor dinamismo económico británico.
El caso de la cerámica resume bien esta nueva etapa. El azulejo continúa siendo la gran referencia exportadora de Castellón hacia Reino Unido, pero este mercado ha perdido fuerza. La ralentización de la construcción en aquel país y el nuevo marco comercial han reducido el ritmo de las ventas. Aun así, Reino Unido sigue siendo uno de los principales destinos para Tile of Spain, aunque ya no actúa como el motor expansivo que fue en los años anteriores al Brexit.
En 2025, las exportaciones españolas de azulejos al mercado británico se situaron en 199,60 millones de euros, una cifra ligeramente superior a la del ejercicio anterior pero por debajo de la registrada en 2022, cuando el valor de los envíos rozó los 246 millones.
La naranja pierde cuota
Con las naranjas ocurre algo muy similar. El año pasado, empresas y cooperativas de la provincia exportaron a Reino Unidos cítricos por valor de 51,18 millones de euros, 2,5 millones más que en 2024. El problema es que esa cantidad está a años luz de la registrada en 2020, el año de la pandemia, cuando los británicos consumieron mandarinas de Castellón por valor de 90,95 millones. Antes del covid, los cítricos que Castellón vendía a este país alcanzaba cada años los 73 millones de euros, un negocio que todavía no se ha conseguido recuperar.
Reino Unido supone el tercer mercado para el azulejo, pero en el global de las exportaciones de Castellón este país ocupa el sexto puesto, por detrás de Francia, Alemania, Italia, Estados Unidos y Portugal. Y aunque las últimas cifras de Comercio Exterior muestran que sigue siendo un mercado relevante, la realidad es que ha bajado posiciones: en 2022 era el quinto destino.
La compra de viviendas en la costa no se recupera
Al mercado inmobiliario le pasa lo mismo que a las empresas exportadoras. Las familias de Reino Unido sigue comprando viviendas en Castellón, pero las cifras no son las mismas que antes de la pandemia. El año pasado, y según cifras del Colegio Notarial de Valencia, los ciudadanos británicos adquirieron 72 chalets y apartamentos en la provincia (principalmente en Alcossebre y Peñíscola), un 22% menos que en 2024. Además, las operaciones están muy lejos de las registradas antes de la pandemia, cuando las familias inglesas compraban una media de 80 inmuebles cada año.
Aunque detrás de este descenso puede haber varias causas, una de las principales es que Reino Unido continúa arrastrando una crisis económica de fondo marcada por el estancamiento, la pérdida de dinamismo tras el Brexit y el deterioro de los servicios públicos.
La salida de la Unión Europea ha encarecido y complicado las relaciones comerciales, mientras los sucesivos gobiernos han elevado la presión fiscal de las familias y empresas hasta niveles históricos sin lograr resolver los problemas de sanidad, educación, transporte o servicios sociales. A ello se suma una deuda pública elevada, unos márgenes presupuestarios muy limitados y la desconfianza de los mercados, reflejada en el repunte de los bonos y la debilidad de la libra.
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