Tal día como hoy hace 479 años, el 24 de abril de 1547, se libró la famosa Batalla de Mühlberg, uno de los enfrentamientos más decisivos del siglo XVI europeo. La contienda enfrentó a las tropas del Sacro Imperio Germánico contra las fuerzas protestantes agrupadas en la Liga de Esmalcalda.
Tal día como hoy hace 479 años, la tensión política y religiosa llevaba tiempo creciendo dentro del Imperio. Los príncipes protestantes habían desafiado la autoridad imperial y organizado una poderosa alianza militar. Sin embargo, en Mühlberg se produjo un giro inesperado que cambió el conflicto.
Una batalla decidida por la sorpresa
Las tropas protestantes se encontraban acantonadas cerca de la ciudad de Mühlberg, convencidas de que el río Elba les ofrecía una barrera natural suficiente. La posición parecía segura y daba margen para reorganizar la defensa.
Pero las fuerzas imperiales ejecutaron una maniobra audaz. Un reducido grupo de arcabuceros logró cruzar el río y aseguró el paso. Poco después, la caballería encontró un vado que permitió atravesar el cauce con rapidez. Aquella acción dejó descolocado al enemigo.
Una vez superado el obstáculo natural, el ejército de Carlos I lanzó un ataque coordinado. La caballería ligera, los arcabuceros a caballo y la caballería pesada avanzaron con eficacia sobre unas tropas sorprendidas y en retirada.
La huida hacia el bosque
Muchos soldados protestantes intentaron alcanzar una zona boscosa cercana para reorganizar la defensa. Sin embargo, fueron perseguidos duramente por la caballería imperial. La retirada se convirtió en derrota total.
El resultado fue demoledor: las fuerzas de la Liga de Esmalcalda quedaron desarticuladas y sus principales líderes fueron capturados. Entre ellos estaban Juan Federico I de Sajonia y Felipe I de Hesse.
Los Tercios españoles y el peso militar de la Monarquía Hispánica
El ejército vencedor estaba compuesto por contingentes de distintas procedencias: alemanes, italianos, flamencos y valones. Entre todos ellos destacaban dos cuerpos especialmente temidos en Europa.
Por un lado combatían unos 16.000 lansquenetes alemanes. Por otro, alrededor de 8.000 veteranos españoles integrados en los Tercios de Hungría, Lombardía y Nápoles. Estas unidades estaban bajo el mando de Fernando Álvarez de Toledo, más conocido como el Duque de Alba.
Disciplina y experiencia en combate
Los Tercios acumulaban experiencia en campañas europeas y gozaban de gran reputación por su disciplina. En Mühlberg volvieron a demostrar su capacidad táctica dentro de un ejército multinacional.
La victoria consolidó temporalmente la autoridad de Carlos I y proyectó una imagen de enorme poder militar para la Monarquía Hispánica en toda Europa.
Un triunfo importante, pero no definitivo
Pese al impacto de la victoria, la paz no llegó de inmediato. La Liga de Esmalcalda quedó disuelta, pero el conflicto político y religioso continuó abierto. Varios príncipes alemanes volvieron a movilizarse poco después.
Además, Mauricio de Sajonia, que había apoyado inicialmente al emperador, terminó cambiando de posición. A ello se sumó la alianza de varios estados alemanes con Enrique II de Francia y la presión otomana en el Mediterráneo.
Todo ello condujo finalmente a la Paz de Augsburgo de 1555, acuerdo que reconoció la libertad religiosa en los territorios de los príncipes alemanes bajo el principio de que cada gobernante decidiría la confesión de sus dominios.
El recuerdo inmortalizado por Tiziano
La relevancia simbólica de la victoria fue tan grande que Carlos I encargó al pintor Tiziano una obra conmemorativa. El resultado fue uno de los retratos ecuestres más famosos de la historia europea.
En el cuadro, conservado hoy en el Museo del Prado, el emperador aparece armado y montado a caballo tras la victoria. La imagen proyecta autoridad, serenidad y poder dinástico.
También se conservan en la Real Armería de Madrid varias piezas vinculadas a aquella jornada, incluidas armas y defensas atribuidas al elector de Sajonia capturado tras la batalla.
Tal día como hoy hace 479 años, en una llanura junto al Elba, una sola batalla alteró el equilibrio de Europa, reforzó la leyenda militar de Carlos I y dejó una imagen eterna que todavía hoy sigue admirándose en Madrid.













