Rumen Radev, primer ministro electo de Bulgaria emergido de las elecciones legislativas celebradas el pasado domingo, podrá formar el primer Gobierno en mayoría de los últimos 30 años de historia del Estado balcánico. Y aunque predecir las actuaciones futuras de un dirigente político que simpatiza con el Kremlin equivale a moverse en el terreno de la incertidumbre, la mayoría de los analistas descartan en que, al menos a corto plazo, la Unión Europea (UE) reviva el ejemplo de Viktor Orbán, el primer ministro ultraderechista de Hungría derrotado recientemente en las urnas, que se ha esmerado en los últimos años en bloquear toda iniciativa en favor de Ucrania. No obstante, el panorama podría cambiar si en las sucesivas citas electorales del año que viene en el espacio comunitario va consolidándose una masa crítica de gobiernos populistas prorrusos en diferentes países europeos.
«No creo que, a corto plazo, vaya a bloquear decisiones», asegura desde Sofia para EL PERIÓDICO Maria Simeonova, directora de la oficina para Bulgaria del Consejo Europeo para las Relaciones Exteriores (EFCR, por sus siglas en inglés). «Durante la campaña electoral no se mostró radical (respecto a Rusia y a la guerra de Ucrania) y aseguró que no impediría a la UE adoptar decisiones», continúa. De hecho, la propia UE acaba de levantar el veto a decisiones que se hallaban en la lista de espera debido al obstruccionismo de Budapest, como el préstamo de 90.000 millones de euros a Ucrania o el vigésimo paquete de sanciones contra Moscú.
Simeonova y otros analistas prevén que, al menos en el arranque de su mandato, Radev se concentrará en implementar la agenda interna de su programa político, en particular la reforma de la justicia, la consolidación del Estado de derecho y la lucha contra la corrupción, para lo cual incluso se prevé que una fuerzas con la formación política europeísta Continuemos con el Cambio. Sus energías, reitera la analista búlgara, probablemente se dirigirán «al desmantelamiento del sistema oligárquico corrupto» vinculado al ex primer ministro Boiko Borisov, que gobernó el país balcánico entre 2017 y 2021, y a Delyan Peevski, líder del Movimiento por los Derechos y las Libertades e individuo sancionado en EEUU y el Reino Unido bajo la acusación de desvío de fondos, corrupción y soborno.
Reforma de la justicia
«La implementación del Estado de derecho» será otro de los capítulos a los que el nuevo primer ministro deberá prestar atención, al constituir una parte relevante del programa político que le ha aupado a la presidencia, sostiene Simeonova. Una reforma que ha vivido este miércoles su primer episodio con la dimisión del fiscal general en funciones Boris Salafov, vinculado a los mencionados Borisov y Peevski. «Hace tiempo que debía haber abandonado el cargo», ha opinado la presidenta, Iliana Yotova. Para implementar estas actuaciones, recuerda la publicación Balkan insight, Radev requerirá de una supermayoría parlamentaria, a la cual la coalición centrista Continuemos con el Cambio ya ha expresado su disposición a unirse.
Es la actitud que pueda adoptar en el futuro el Ejecutivo de Radev lo que inquieta más a los analistas, quienes recuerdan que, cuando un líder o formación política goza de una mayoría tan relevante como la de ‘Bulgaria Progresista’, siempre existen tentaciones de intentar capturar al Estado. «2027 que viene es año de elecciones en Europa. Si los populistas ganan en comicios y llegan a controlar una masa crítica de países», entonces Radev podría sentirse tentado de unir fuerzas con ellos, valora la especialista. En cualquier caso, las capacidades de la UE de ejercer presión sobre Bulgaria si las cosas se tuercen son amplias. El pasado octubre, la Comisión Europea decidió posponer el pago de 216 millones de euros procedentes los fondos Next Generation ante la falta de progresos en establecer una comisión independiente de lucha contra la corrupción.
Servitudes hacia el Kremlin
La actitud del prorruso Radev en el actual contexto geopolítico europeo marcado por la guerra de Ucrania dependerá también de eventuales servitudes pasadas en que haya podido incurrir con el Kremlin y con su infraestructura de influencia. En el caso del primer ministro saliente húngaro, se informó en su día que, allá por los años 90, habría recibido dinero de la logia mafiosa rusa Solntsevo, dirigida por Semión Mogilievich. Radev, según ha escrito el especialista búlgaro Ruslán Trad, al frente de la publicación de investigación Kapital, llegó a la presidencia tras las elecciones de noviembre de 2016 gracias una operación de la inteligencia rusa admitida «de forma privada» por sus integrantes.
En un post difundido en la red social X, Trad recuerda que, según un informe del Departamento de Estado de EEUU, un tal Leonid Reshetnikov, un oficial retirado del Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia (SVR) que dirigía también el Instituto Ruso de Estudios Estratégicos (RISI), encargó un «informe» para buscar un candidato presidencial idóneo del Partido Socialista de Bulgaria (BPS) que «incrementaría el apoyo a Rusia y erosionaría el respaldo a EEUU, la OTAN y la UE». Al poco de ser identificado como tal, Radev dimitió como «comandante de la Fuerza Aérea» y «en cuestión de días» el BPS promovía su candidatura.
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