Después de un parón de varias semanas, entre otras por el cuarto viaje del presidente del Gobierno a China que convirtió en descafeinada la última sesión de control con siete ministros ausentes, Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo se han vuelto a ver las caras en el Congreso.
El líder del PP centró su intervención en el contraste entre el aumento de la deuda y la situación de los servicios públicos. «¿Dónde están los 500 mil millones de deuda si el AVE no funciona y los servicios fallan?”, planteó. Pero fue en la réplica donde elevó el tono hasta marcar el eje político de la sesión.
Feijóo llevó el debate de la gestión cotidiana: autovías y carreteras deterioradas, Cercanías y Rodalies con retrasos y recordó el accidente de Adamuz para acusar al Gobierno de mentir a las víctimas.
Con los ecos de las declaraciones del juicio de Koldo García y José Luis Ábalos, que se está produciendo en el Supremo, el líder de la oposición le preguntó a Sánchez: “¿De verdad cree que los españoles tienen que pagar a las amigas del anterior ministro?”
Fue ahí cuando le recordó que ya ha ido más veces a Pekín, cuatro, frente a la única vez que ha estado en el epicentro de la Dana o del accidente del Alvia con el Iryo. “Lo único que es más vergonzoso que su corrupción es su falta de humanidad. Es implacable recaudando, es insensible a los problemas de la gente. No puede salir a la calle y por eso va más a China que a Adamuz o a Paiporta”.
Sánchez optó por desactivar el golpe apoyándose en datos macroeconómicos y respaldo internacional.
“Se lo he dicho durante años, pero le entra por un oído y le sale por el otro”, respondió. Citó al FMI para asegurar que España tendrá por primera vez en 16 años una deuda inferior a la media mundial y recurrió al Financial Times —“España es un modelo a seguir- para reforzar su posición. “Confunden sus deseos con la realidad”, añadió sobre la oposición.
El presidente no evitó el choque personal. “¿Eso se lo escribe usted o se lo escriben? Si le cuesta hasta leer”, ironizó, antes de atacar con el pacto en Extremadura.
Un acuerdo que, según Sánchez, muestra la hipocresía del PP. «Tantas lecciones que dan de constitucionalismo y lo primero que hacen es darle una patada a la Constitución», terció sobre el principio de «prioridad nacional» incluido en el pacto entre PP y Vox para investir a María Guardiola.
El líder socialista añadió que «viola» el «principio de igualdad» recogido en la Carta Magna. Más tarde les acusó de frenar «la desindustrialización» de Extremadura por el «frenazo a las energías renovables» que augura Sánchez que parará muchas inversiones en la comunidad. Por último afirmó que los partidos de la derecha apuestan por el “desmantelamiento de lo público”.
Para cerrar optó por recordar el juicio del caso Kitchen: “Ustedes se financian en B y tienen trabajadores en B”.
Junts pide elecciones
La tensión se trasladó después al bloque territorial con la intervención de la portavoz de Junts, Míriam Nogueras, que acusó a Sánchez de utilizar Cataluña “para hacer propaganda”, tras la cumbre progresista de este fin de semana en Barcelona.
La portavoz de Carles Puigdemont dibujó una comunidad con peores servicios públicos deteriorados, algo en lo que coincidió con Feijóo, para luego añadir que Cataluña «paga la fiesta al resto de España”, con servicios públicos deteriorados y presión fiscal al alza, y cuestionó la legitimidad del Ejecutivo.
Por primera vez le espetó a Sánchez una idea con la que llevaban coqueteando desde hace tiempo: “¿Qué argumento democrático le queda para no convocar elecciones?”.
Sánchez esquivó el fondo de la crítica y trató de enmarcarla en una ofensiva más amplia contra lo que denominó “la horda reaccionaria”, defendiendo la coordinación entre gobiernos progresistas y asegurando que en Cataluña “hay muchas más realidades” que las descritas por la dirigente independentista.













