El cambio climático ya ha trasformado radicalmente el mundo en el que vivimos y sus impactos, cada vez más graves, ya pueden observarse en todos los rincones del planeta. Es por eso que, ante el auge de estos escenarios, Naciones Unidas pide acelerar las medidas de adaptación para hacer frente los daños causados por fenómenos como los extremos de calor que, según indica un nuevo informe elaborado por la Organización Meteorológica Mundial y la FAO, ya pone en riesgo a cultivos de todo el mundo y, así, amenaza los medios de vida y la salud de más de mil millones de personas. En un nuevo análisis publicado este miércoles, la entidad subraya la necesidad de apostar por «cultivos adaptados a la nueva realidad climática» y técnicas como la mejora genética selectiva y el ajuste de los calendarios de siembra para proteger los cultivos y las actividades agrícolas del calor extremo.
La ciencia ha demostrado que en la mayoría de los cultivos agrícolas, el rendimiento de las plantas empieza a reducirse cuando se superan los 30 grados
El estudio constata que en estos momentos no solo vivimos los efectos del aumento de la temperatura media global sino que, además, también registramos más episodios de olas de calor extremo y con más frecuencia. Este fenómeno, afirman los expertos, reduce el «margen de seguridad térmica» del que dependen las especies para procesos biológicos como la fotosíntesis, la regeneración celular, la reproducción y, en última instancia, la supervivencia. La ciencia ha demostrado que en la mayoría de los principales cultivos agrícolas, el rendimiento de las plantas empieza a reducirse cuando los termómetros superan los 30 grados. Esto no solo afecta al crecimiento de las plantas sino que también aumenta la producción de polen estéril y de compuestos oxidativos tóxicos.
Multiplicador de riesgos climáticos
El análisis hace hincapié en cómo el calor también funciona como «multiplicador de riesgos climáticos» ya que, en la práctica, se ha demostrado que durante los episodios de altas temperaturas también se amplifica el estrés hídrico, aumenta el riesgo de sequías repentinas, favorece la propagación de plagas y enfermedades en los campos e incrementa el peligro de incendios. Y todo ello, acaba repercutiendo de forma directa en la producción de los cultivos y en el sustento de millones de personas de todo el mundo. El informe, de hecho, afirma que el rendimiento de los campos de soja, unos de los más populares a nivel mundial tanto para la producción alimentaria humana como para alimentar el ganado, han caído hasta un 20 % en aquellas zonas donde las temperaturas superan entre 5 y 10 grados sus valores habituales durante periodos prolongados. Algo que, desgraciadamente, ocurre cada vez más.
El rendimiento de los campos de soja cae hasta un 20% en aquellas zonas donde se registran temperaturas entre 5 y 10 grados por encima de lo normal durante periodos prolongados
Un ejemplo muy gráfico de este fenómeno ocurrió hace justo un año, en la primavera de 2025, cuando una parte de la cordillera de Ferganá en Kirguistán sufrió una ola de calor inédita para estas fechas y registró temperaturas por encima de los 30 grados durante un periodo prolongado de tiempo. Esta anomalía térmica, con temperaturas hasta 10 grados por encima de lo habitual para la época, provocó un choque térmico en los cultivos de frutas y trigo, contribuyó a una plaga de langostas y finalmente causó una disminución del 25 % en la cosecha de cereales en la zona. «El calor extremo es un importante multiplicador de riesgos ya que ejerce una presión creciente sobre los cultivos, el ganado, la pesca y los bosques, así como sobre las comunidades y economías que dependen de ellos», afirma el director general de la FAO, QU Dongyu.
Medidas de adaptación y resiliencia
La situación, afirman los expertos, obliga a redoblar esfuerzos para adaptar los cultivos a lo que ya ha sido denominado como «la nueva realidad climática». Es decir, un mundo en el que el calor es cada vez más severo y frecuente y que, tal y como hemos visto en los últimos años, puede desencadenar otros fenómenos adversos como sequías. Es por eso que, a través de este informe, Naciones Unidas lanza un llamamiento a fortalecer los sistemas de alerta temprana para ayudar a los agricultores a responder ante este episodio. También se reclama mejorar el acceso a servicios financieros como seguros, sistemas de pago, mecanismos de protección social sensibles a crisis y otras ayudas para que los agricultores puedan hacer frente a las transformaciones técnicas necesarias para adaptar sus cultivos a estos fenómenos. Sobre todo en zonas del sur global, donde estos fenómenos son aún más graves.
El informe sugiere apostar por variedades de plantas que toleren mejor el estrés térmico y la falta de agua
Entre las medidas propuestas destaca la genética selectiva de las plantas cultivadas, la elección de cultivos más resistentes al calor extremo, el ajuste de los calendarios de siembra y la modificación de las prácticas de manejo para proteger los cultivos y las actividades agrícolas de escenarios de altas temperaturas. Esto implicaría, por ejemplo, desarrollar variedades de cultivos que toleren mejor el estrés térmico y la falta de agua, sustituir plantaciones sensibles por otros más adaptadas a climas cálidos, adelantar o retrasar las fechas de siembra para evitar los picos de calor en fases críticas del crecimiento e implementar prácticas como el uso de sombreado, riego más eficiente o cobertura del suelo para reducir la evaporación. De este modo, sostiene el informe, no solo podremos minimizar las pérdidas agrícolas sino también aumentar la resiliencia de los cultivos frente a un clima cada vez más extremo.
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