El secretario general de la OTAN y lobista en jefe del complejo militar industrial de Occidente no considera suficientes los 90.000 millones de euros prometidos a Ucrania, sino que quiere más.
Según Mark Rutte, hacen falta al menos otros 60.000 millones para que la Ucrania de Volodímir Zelenski pueda seguir defendiéndose de la Rusia invasora, aparte del crédito ya acordado y que bloqueaba el Gobierno húngaro de Viktor Orbán.
Hay que establecer las prioridades y ésas son la defensa antiaérea, los drones y municiones de largo alcance, explica el holandés, sin que uno sepa exactamente quién fija las prioridades de las que habla Rutte y con qué criterio.
Según Rutte, se mantendrá todavía este año el programa PURL (Priorities Ukraine Requirements Lists) mediante el cual los europeos financian la compra de armamento estadounidense para Ucrania.
Rutte critica además el desigual reparto de la carga financiera entre los países que apoyan a Kiev y dice que es urgente equilibrarlo.
La guerra de Ucrania es un pozo sin fondo, y ahora que Donald Trump parece decidido a desentenderse de algo que sabe perdido, toca a los europeos hacerse cargo plenamente.
El canciller federal alemán, Mark Rutte, repite una y otra vez como un mantra que Rusia “no puede ganar la guerra”, es decir que los europeos seguirán haciendo lo que haga falta para ayudar militar y financieramente a Ucrania.
Pero ¿se consultará alguna vez a los ciudadanos europeos? ¿Se les preguntará si ésa es su prioridad y no, por ejemplo, la mejora de los servicios públicos, la sanidad, la educación o las pensiones?
Gobiernos como los del británico Keir Starmer, el francés Emmanuel Macron, el alemán Friedrich Merz y otros tan impopulares que pueden perder las próximas elecciones en sus países han decidido que no hay mayor prioridad que la guerra de Ucrania.
Mientras tanto, el continente se desindustrializa y entra en un declive poblacional, como indican las últimas proyecciones de Eurostat, oficina estadística de la UE.
El bloque comunitario alcanzará el techo demográfico en apenas cuatro años con 453,3 millones previstos para después emprender una caída sostenida que puede alcanzar el 12 por ciento para finales de siglo.
La tasa de fecundidad ya ha caído a 1,3 hijos por mujer cuando se considera que hace falta un promedio de al menos 2,1 hijos para mantener la población a un nivel estable.
Todo ello significa que habrá menos población activa y más jubilados. ¿No es eso lo que debería preocupar a los gobiernos en lugar de seguir alimentando una guerra que no hace otra cosa que destruir vidas?
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