Italia ha amanecido este domingo con ocho heridos, cuatro de ellos graves, y las riñas sobre la inmigración, que llevaban un tiempo aletargadas, de nuevo sobre la mesa. Antes incluso de que los médicos terminaran de operar, Matteo Salvini había encontrado el titular. «Un criminal de segunda generación», dijo el vicepresidente del Gobierno y líder de la Liga sobre S. E. K., el joven de 31 años que el sábado por la tarde arrolló con su coche a transeúntes en el centro de Módena y luego intentó huir acuchillando a quien se le pusiera por delante. El atacante, según lo difundido, nació en Italia de padres marroquíes, dato que Salvini consideró suficiente para sacar conclusiones.
En el polo opuesto, el alcalde progresista de Módena, Massimo Mezzetti, ha pedido que no se haga el agosto con la tragedia. Es importante evitar «lo sciacallaggio«, el carroñeo, ha argumentado Mezzetti, entrevistado por Il Corriere della Sera. Con ello, el alcalde también ha señalado que entre los ciudadanos que ayudaron a reducir al atacante hubo al menos dos de nacionalidad egipcia, y que otros vecinos se sumaron desde tiendas regentadas por extranjeros. «Lo digo ahora porque no quiero que caigamos en esa trampa. No todos los extranjeros delinquen. Necesitamos lucidez y solidaridad, no avivar un resentimiento infundado», ha afirmado.
Un joven que no encajaba
El cuadro que está emergiendo del atacante es el de un joven que no encajaba en ningún sitio. Tenía una licenciatura en Economía y no encontraba trabajo. Había recibido atención psicológica y le habían diagnosticado un trastorno de personalidad. El referente de la comunidad islámica de Ravarino, el municipio donde residía, también ha declarado al diario Gazzetta di Modena que nunca lo había visto por la asociación. «Al padre, en cambio, lo conozco bien», ha dicho el imán Abdelmajid Abouelala. «Es una buena persona, como el resto de la familia. Un gran trabajador, de los que hacen vida entre la casa y el trabajo. Una persona educada de la que nunca he oído hablar mal», ha añadido.
En una Italia conmocionada por un episodio sin precedentes —nunca antes había ocurrido algo así en el país, el ataque no ha sido calificado de momento como terrorismo. La acusación es de matanza y lesiones. Pero los investigadores no han cerrado ninguna puerta: están revisando sus cuentas bancarias del agresor para ver si recibió dinero de algún grupo, e intentando entender por qué todos sus perfiles en redes sociales habían sido cerrados antes del ataque, algo que aún se desconoce. La razón es también que la tragedia recuerda a anteriores episodios ocurridos en Barcelona, Niza y Berlín.
Tanto el presidente de la República, Sergio Mattarella, como la propia jefa de Gobierno, Giorgia Meloni, han elegido de momento un tono más sobrio. La primera ministra siguió los acontecimientos desde Navarino, Grecia, donde participaba en un foro internacional, y hoy se desplazará al lugar de los hechos. Allí también estará Mattarella. Por su parte, Salvini ha recibido críticas de otros líderes de la clase política italiana. Carlo Calenda, líder de Acción, no se ha andado con rodeos: «Matteo, deja de hablar. Llevas 347 años en el poder y no han hecho nada».
En un gesto llamativo, también el Gobierno de Benjamín Netanyahu ha tomado la palabra. El ministro Gideon Saar publicó un mensaje en italiano en el que expresaba estar «consternado» al conocer «el vil atentado ocurrido en Módena, en el que civiles fueron arrollados y apuñalados», y transmitía su solidaridad al Gobierno italiano y a las familias de las víctimas, deseando una pronta recuperación a todos los afectados.












