Acompañadas por un clima inmejorable, decenas de personas coronaron este domingo la ermita del Puig de Xàtiva en la 31ª romería cívica organizada por la plataforma Salvem el Puig, integrada por las asociaciones culturales Amics de la Costera; 9 d’Octubre, de El Genovés y La Sénia, de Llocnou d’En Fenollet. En la ascensión también participaron el alcalde de Xàtiva, Roger Cerdà, y diversos regidores del equipo de gobierno.
Una vez la comitiva llegó a lo alto del cerro, se bailaron unas danzas acompañadas por miembros de La Socarrà y Pep Gimeno ‘Botifarra’ improvisó un ‘cant de batre’ del Genovés.
La lectura del manifiesto de este año corrió a cargo de Alfred Pastor Torregrosa, que, en representación de Salvem el Puig, se dirigió a las autoridades con un mensaje «claro y contundente».
En primer lugar, Pastor reclamó «la finalización inmediata de las obras de restauración y conservación», una «deuda histórica con nuestra cultura». «La ermita del Puig no puede continuar siendo un proyecto postergado. Cada día que pasa sin que se actúe es un día en que arriesgamos perder por siempre jamás un bien invaluable que ni nosotros ni las generaciones venideras merecen perder».
Pep Gimeno ‘Botifarra’ improvisando un cant de batre. / A.C.
El manifiesto puso el foco en que la protección y promoción del patrimonio histórico «no es un gasto superfluo, sino una inversión estratégica en identidad, turismo cultural y educación». «La ermita es un símbolo vivo de la historia de Xàtiva y de toda la Corona Aragonesa, un lugar de encuentro entre pasado y presente, la recuperación del cual fortalecerá la cohesión social y la conciencia colectiva».
A través del texto, Salvem el Puig llamó a «implicar a todos los sectores sociales y culturales para garantizar un proyecto de restauración integral, sostenible y respetuoso con la autenticidad histórica del monumento». «La participación ciudadana tiene que ser el motor que impulse una gestión transparente y eficaz, que asegure la conservación duradera del Puig y su entorno».
Pastor reivindicó la necesidad de «establecer un plan de mantenimiento continuo y un programa de difusión cultural que permita a la ciudadanía redescubrir la ermita como espacio vivo de memoria, espiritualidad y patrimonio». «Solo así podremos evitar que vuelva a caer en el olvido y conservarla como un legado que inspire respeto y orgullo», señaló.

Danzas en el ermitorio del Puig. / A.C.
El autor de la proclama recordó que la ermita del Puig «es mucho más que un conjunto de piedras antiguas; es la voz silente de nuestros antepasados, el relato de una comunidad que ha sabido mantener viva la llama de su fe y tradición a pesar del tiempo y las adversidades».
«Hoy, Salvem el Puig levanta su voz con humildad pero con firme convicción: llamamos a cumplir con su responsabilidad histórica y cultural, a unirse a esta causa noble que nos une a todos los que queremos Xàtiva y su legado. No permitamos que la ermita se desvanezca en el silencio del abandono. Luchemos juntos para que brille nuevamente, testimonio eterno de nuestra historia y esperanza para el futuro. Porque preservar el pasado es construir nuestro futuro. Porque respetar el patrimonio es respetar nuestra propia identidad. Porque salvar el Puig es salvarnos a todos», sentenció.
De la ruina a la recuperación
El manifiesto comenzó trazando un repaso por la historia, recordando que «desde tiempos inmemoriales, la tradición de peregrinar a ermitas para honrar a la Virgen ha sido un acto de profunda devoción y un símbolo vivo de la identidad cultural en nuestra tierra». «Esta costumbre, atravesó fronteras gracias a las estrechas relaciones de la Corona Aragonesa y arraigó con fuerza en València, llegando a encontrar un hogar especial en Xàtiva. Allí, en un paisaje escarpado y de difícil acceso, se levantó en 1474 la ermita del Puig, testimonio imponente de nuestra herencia arquitectónica. Esta ermita no es únicamente un edificio: es un faro de historia y tradición que ha iluminado generaciones desde aquellas primeras romerías celebradas a finales de marzo».
«Sin embargo, la historia reciente de la ermita comporta un drama que no podamos ni debemos de ignorar», remarcó Alfred Pastor. «Con la desaparición de los ermitaños a principios del siglo XX, el monumento empezó un veloz y silencioso declive. En la década de los 50, todavía persistieron las últimas romerías, pero ya apuntaba la sombra del abandono y la ruina sobre este singular símbolo. La falta de atención oficial llevó al hecho que esta joya histórica quedara prácticamente olvidada, amenazada por el olvido y el deterioro irreversible».

Asistentes a la romería, entre ellos el lector del manifiesto, tercero a la derecha. / A.C.
Ante esta alarmante realidad, en 1995 nació la plataforma Salvamos el Puig, impulsada por colectivos «conscientes de que un pueblo que respeta su pasado es un pueblo con futuro». «Nuestro compromiso ha sido claro desde el principio: estudiar, conservar y hacer accesible este patrimonio histórico-arquitectónico único que representa la ermita del Puig para la ciudad de Xàtiva y para toda la comunidad», incidió el lector del manifiesto. «El año 1996 marcó un punto de inflexión, cuando retomamos las romerías, aunque ahora con un carácter civil y reivindicativo. Estas peregrinaciones modernas persiguen un propósito esencial: llamar la atención de las autoridades competentes para que atiendan, con urgencia y responsabilidad, la necesaria conservación y restauración de la ermita. Sin embargo, después de más de dos décadas de lucha y visibilización, los avances continúan siendo insuficientes. La ermita permanece inconclusa, su estructura frágil, amenazada por el paso implacable del tiempo, el clima y la falta de recursos adecuados para culminar las obras que garanticen su pervivencia», ahondó.














