A sus 56 años, Miller acumula tres condenas por asesinato cometidos en los años 90 y varios atracos violentos. Tras pasar 22 años en prisión, salió en 2020, pero en apenas cuatro meses volvió a delinquir: dos robos con violencia en una semana. Su rápida reincidencia confirmó los peores pronósticos.
Sin reinserción ni cambios
Informes penitenciarios ya advertían de su peligrosidad. Miller no ha participado en programas de reinserción, ni ha realizado cursos ni trabajos dentro de prisión. Las autoridades lo consideran un perfil violento, reincidente y no rehabilitado.
Vigilancia… pero con límites
La Fiscalía ha ordenado un seguimiento «no invasivo». Esto implica que los Mossos d’Esquadra no podrán geolocalizarle, intervenir sus llamadas, ni colocar dispositivos de seguimiento. Tampoco podrán exigirle información sobre su domicilio o trabajo sin respaldo judicial.
Falta de medios para un control total
Fuentes sindicales alertan de que la falta de efectivos impide una vigilancia constante. Un control 24 horas sobre Miller es, a día de hoy, inviable, lo que reduce la capacidad preventiva ante posibles nuevos delitos.
La preocupación se ha instalado en Lleida. El recuerdo de su reincidencia en 2020 sigue muy presente, y muchos temen que la historia pueda repetirse. Mientras tanto, los Mossos afrontan un seguimiento complejo, condicionado por la ley… y por la falta de recursos.
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