José María Sánchez García (Madrid, 1963) parece, a simple vista, dos cosas. Un hombre con un aire de otra época, con cierto porte valleinclanesco siempre con un puro en ristre, por ejemplo en los recesos de los plenos parlamentarios en el patio del Congreso de los Diputados. Y, al mismo tiempo, alguien poco preocupado de trasladar esa imagen. Juez en excedencia, abogado y catedrático, es desde que Vox desembarcó en las Cortes diputado por Alicante, provincia con la que no tiene lazos familiares pero que conoce en profundidad, como muchas partes de España.
De imponente currículum académico (estudió Derecho en las universidades de Bolonia y Tolouse, catedrático de Derecho Canónico en la Universidad de Sevilla, abogado del Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas) tiene el respeto y el cariño de sus compañeros de partido, empezando por el presidente de Vox, Santiago Abascal, con el que habla con relativa frecuencia, y siguiendo por todos los demás, que no es raro que le consulten a la hora de realizar intervenciones en el hemiciclo.
Sus ademanes y sus formas, sin embargo, no han dejado de convertirle en protagonista en las dos legislaturas en las que ha ejercido. Desde el día que llamó «bruja» a una diputada socialista a la sesión de control al Gobierno en la que le espetó al ministro de Justicia, Félix Bolaños: «Péinese».
Sánchez García, muy fiel a su estilo habitual a la hora de protestar, se levantó este martes de su escaño para denunciar que el diputado de ERC Jordi Salvador le había llamado «criminal y asesino». Al no ser escuchado por la Presidencia del Congreso, primero Francina Armengol y luego Gómez de Celis, que le recordaron que no tenía el turno de palabra, el diputado de Vox decidió tomarse cierta justicia por su mano y, directamente, acudir a la tribuna, no de oradores, sino donde están los miembros de la Mesa del Congreso para increpar a una letrada y al vicepresidente de la Cámara, que ocupa el puesto principal.
Ante los aspavientos y gesticulaciones del diputado de Vox, Gómez de Celis le llamó al orden en un par de ocasiones para terminar expulsándole del hemiciclo. La sanción inicial es no participar en la sesión plenaria de esta semana, no pudiendo votar ni estar presente en el hemiciclo. No le pilla de sorpresa semejante castigo, ya fue expulsado en 2021.
«¡Bruja!», fue lo que le dijo entonces Sánchez García, desde su escaño, a una diputada del PSOE, Laura Berja Vega, que en ese momento estaba defendiendo una iniciativa de su grupo para penalizar el hostigamiento a las mujeres en las clínicas abortivas. Aquel día se convirtió en el tercer diputado expulsado del hemiciclo en democracia, con los precedentes del popular Vicente Martínez-Pujalte y del portavoz de ERC, Gabriel Rufián.
No obstante, en esta ocasión, las consecuencias podrían ser mayores. El propio Gómez de Celis ha anunciado que la Mesa estudiará otras posibles sanciones y así lo confirman otras fuentes parlamentarias. El reglamento del Congreso, en su artículo 106, plantea que a todo aquel que promueva «desorden grave con su conducta de obra o de palabra» podrá ser suspendido en su condición de diputado por un plazo de «hasta un mes».
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