La imagen llama la atención por insólita. En pleno sendero costero de la Cantera, en Alicante, una tienda de campaña ha aparecido instalada a escasos metros del mar, ocupando un enclave privilegiado, con vistas abiertas al Mediterráneo y en un punto de paso habitual para viandantes y deportistas.
No se trata de una zona de acampada ni de un espacio habilitado para pernoctar, de ahí la sorpresa de quienes se han encontrado esta escena durante la mañana de este jueves, Día del Padre, una jornada de sol y mar en calma. La estampa, más propia de un camping o de una cala remota, rompe por completo con la imagen habitual de este recorrido litoral, uno de los más transitados y reconocibles de la ciudad.
La escena deja además una fotografía difícil de ignorar: alojamiento improvisado, gratis y en primerísima línea de mar, en uno de los balcones naturales más codiciados de Alicante. Un «todo incluido» de fortuna, con amanecer a escasos metros del agua, ruido de olas y vistas privilegiadas, pero levantado en un lugar que no está pensado para ese uso.
Más allá de la anécdota o de la sorpresa visual, la presencia de esta tienda de campaña reabre el debate sobre la ocupación irregular del espacio público y sobre situaciones cada vez más visibles en distintos puntos de la ciudad, como ocurre con las autocaravanas.
Porque lo que para algunos puede parecer una imagen pintoresca o casi surrealista, para otros refleja un problema de fondo que va mucho más allá de una simple acampada improvisada junto al mar, como cuando se coló hasta un Ferrari por esa misma vía verde.
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