Laura y la última víctima

«Violencia machista dentro de nuestra propia casa». Con esa frase, que es sobre todo una constatación, un sindicato policial reaccionaba al asesinato de Laura, agente de la Guardia Civil, tiroteada hasta la muerte por su expareja y padre de sus hijos. El asesino, también miembro de la Guardia Civil, fue abatido por compañeros del cuartel que presenciaron los hechos. Apenas han pasado unas horas desde el crimen, pero ya sabemos que existía una orden de alejamiento que había enviado al maltratador al otro extremo de España; sabemos también que la víctima estaba bajo la protección del sistema VioGén, que evalúa los riesgos a los que se enfrentan las mujeres y asigna recursos y vigilancia policial en función del nivel de peligro.

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